ESPAÑA. Amplitud de espíritu

En Vallecas, un suburbio de Madrid, donde el Fundador del Opus Dei trabajó cuando era un joven sacerdote, hay un instituto que se llama Tajamar. Para llegar a él hay que pasar junto a una serie de casas modestísimas y edificios llenos de contrastes, que muestran la vitalidad y la pobreza de un barrio popular. Muchas de ellas existían ya hace treinta años, cuando los miembros del Opus Dei se instalaron allí. A mí me recordaron las de un barrio pobre de Sydney que solía visitar con mis padres, hace años, para ver a una tía gravemente enferma. La pobreza que en ellas se incubaba se revelaba a veces en las inmundicias que se vertían en las calles, y en las peleas callejeras.

Cuando empezó Tajamar, a finales de los años cincuenta, las gentes de Vallecas miraban con recelo a los que venían de fuera, pues pensaban que querían aprovecharse de ellos. Los políticos les habían hecho tantas vanas promesas que acogieron a los recién llegados con desprecio, llegando a insultarles y a apedrearles. Les llevó su tiempo, pero los del Opus Dei lograron la confianza de los vallecanos, e instalaron una escuela en una antigua vaquería.

Pero los chicos no acudían, así que los profesores recogieron algunos golfillos en el arroyo y fueron con ellos a su casa para explicarles a sus padres que convenía que fuesen a la escuela.

En Tajamar, como en otras instituciones docentes dirigidas por miembros del Opus Dei, reina el convencimiento de que los padres deben ser los primeros educadores de sus hijos. Cada alumno tiene un preceptor con el que puede hablar de sus estudios y al que puede exponer sus problemas personales, pero los preceptores hablan también periódicamente con los padres de los alumnos, con objeto de ayudar mejor a los chicos, no sólo en los estudios, sino también en el orden espiritual y moral.

En 1963, Tajamar inició cursos de gramática y aritmética para los padres de los alumnos. Algunos de ellos trabajaban desde las primeras horas de la mañana hasta las seis de la tarde, por lo que las clases eran nocturnas y terminaban a las 10 de la noche. Cuando el problema del desempleo se hizo muy agudo, Tajamar inició cursos de formación profesional en mecánica, electrónica, artes gráficas, diseño y administración. Actualmente cuenta con 2.500 alumnos -de enseñanza primaria, secundaria y formación profesional. Con frecuencia el Instituto recibe visitas oficiales del extranjero, enviadas por diversos ministerios, interesadas en conocer este singular centro educativo.

Durante mi estancia en España pude visitar Madrid (la capital), Barcelona (ciudad industrial y puerto situado al nordeste), Pamplona (ciudad del norte inmortalizada por Hemingway) y Torreciudad, un santuario dedicado a la Virgen María, próximo a los Pirineos y a Francia. El Opus Dei está presente en muchos más lugares de España, pero, incluso en éstos, la variedad de sus actividades ilustra claramente la diversidad de gentes y de proyectos. En España, más que en ningún otro país, se aprecia que los miembros del Opus Dei pertenecen a toda clase de profesiones e impulsan las iniciativas más variadas.

Uno de los signos más visibles de la presencia del Opus Dei en España es el gran número de centros docentes creados por iniciativa de padres de familia, miembros del Opus Dei, junto con otros que no lo son. Uno de estos centros es Pineda, un colegio situado en el cinturón industrial de Barcelona, al norte de Hospitalet de Llobregat, una zona en la que la gente no se puede permitir llevar a sus hijos a colegios caros, pues los padres suelen ser trabajadores de condición humilde.

Pineda comenzó como un simple colegio, pero ahora realiza otras tareas de tipo social. En la zona hay problemas de delincuencia, prostitución y alcoholismo, algo que afecta especialmente a las familias que proceden de áreas rurales. Por eso, en Pineda se ayuda y aconseja a los padres para que sepan cómo encarar esos peligros. Las profesoras me dijeron que, de ordinario, aconsejan a los padres a no reaccionar de manera airada o imponiendo a los hijos terribles castigos, sino enseñándoles a ser libres y al mismo tiempo responsables. Monseñor Escrivá aconsejaba a los padres: "No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable. Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo que el descanso. En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad -o la verdad entera- que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y, al mismo tiempo, ayudarles a encauzar rectamente sus afanes e ilusiones, enseñarles a considerar las cosas y a razonar; no imponerles una conducta, sino mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la aconsejan. En una palabra, respetar su libertad, ya que no hay verdadera educación sin responsabilidad personal, ni responsabilidad sin libertad."

Un escritor

Una tarde, en la histórica Plaza Mayor de Madrid, el escritor y periodista Miguel Álvarez Morales me habló, después de haber almorzado juntos, de la influencia que el Opus Dei había ejercido en su vida. Miguel, hombre vibrante, con un bigote amarillento por la nicotina, es autor de una novela histórica sobre Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el descubridor y explorador de nuevas tierras en América. Ha escrito también un relato de los viajes del Papa Juan Pablo II, una obra de historia titulada Las guerras de la posguerra y un libro de poesía, La flauta de caña.

"Todos los años escribo un artículo para explicar cómo me siento en el Opus Dei. Siempre supe que tendría vocación -me dice Miguel-, que Dios quería algo de mí; pero no como religioso. Sabía que no había sido llamado a ninguna Orden. Amaba mucho al mundo... Hasta que un día alguien me habló del Opus Dei. "¡Un momento!", le interrumpí. "Qué estás diciendo?... Que puedo casarme y seguir cultivando la poesía y. .. ¡Un momento!". Yo sentía que Dios me decía: Ven... Ven... Pero no sabía lo que quería. Y resulta que lo que quería es que fuese del Opus Dei: permanecer en el mundo y, al mismo tiempo, pertenecer por completo a Dios. Continuar 'escribiendo y querer mucho a mi mujer y a mis hijos, y además servir a Dios en todo."

Así fue como Miguel se convirtió en miembro del Opus Dei, permaneciendo en el mundo y siendo padre de ocho hijos. "Necesitaba tener muchos hijos para expresarme a mí mismo -me dijo, riendo Cada uno tiene algo, ¿sabes?, y yo necesitaba tener ocho para expresarme.... Algo parecido le pasa a Dios: chinos, africanos, españoles... Se expresa de muchas maneras. Una de las cosas que me entusiasman de la familia es que, como dice el Papa, es el único lugar en el que se puede ser el que se es. En familia uno es Miguel, o Pepi, o' como se llame. Fuera del hogar es poeta, o periodista, o lo que sea. Pero en casa uno es simplemente Miguel."

Un taxista

Una de las personas que entró en contacto con el Opus Dei a través de Tajamar, donde estudiaban sus hijos, es Joaquín Puerto Gracia, un taxista de mediana edad y complexión robusta que, con la llaneza con que suele hablar, me contó cómo una vez "hizo Opus Dei" en su taxi: "Un día, subió al taxi un individuo que me dijo que llevaba cuatro días bebiendo, sin pisar su casa ni ver a su mujer y sus hijos. Se había gastado su paga casi entera y cuando me dijo que si quería tomar algo con él, le dije que sí, pero en lugar de entrar en un bar le llevé a una chocolatería. Cuando se dio cuenta de que allí no podía tomar alcohol, empezó a decir, entre palabrotas, que le sacara de allí. No podía comprender por qué me interesaba por él, pero cuando se calmó un poco empezó a contarme su vida. Cuando terminó, le mostré una iglesia que había muy cerca, le dije que yo iba a entrar en ella, y le pedí que me acompañase. "¿Por qué demonios he de ir yo a esa iglesia cuando hace años que no piso ninguna?", me respondió. Pero vino conmigo, a pesar de todo, y al cabo de unos minutos, dijo : "¿Sabes? Me encuentro muy bien aquí". Minutos más tarde, se acercó a un confesionario y, después de confesarse, se quedó a oír Misa. Al día siguiente me telefoneó para decirme que iba a bautizar a su último hijo. Desde entonces somos muy buenos amigos. Dejó de beber y se convirtió en un buen padre de familia".

Una empleada de hogar

María Teresa Sánchez ha intervenido en algunos programas de televisión para hablar de temas relacionados con el servicio doméstico. Es miembro del Opus Dei desde hace 36 años y sigue estando entusiasmada con su profesión. "Trato de convertir mi trabajo -planchar, cocinar, hacer las camas, servir la mesa en oración, realizando esas tareas lo mejor que puedo y ofreciéndolas a Dios. Procuro encontrar cada día algo que puedo hacer mejor. Estoy convencida de lo que decía Monseñor Escrivá: que el trabajo bien hecho beneficia rápidamente a los demás. Y servir a los demás es servir a Dios."

María Teresa, de joven, era muy buena estudiante y sus profesoras le aconsejaron que hiciese alguna carrera. Cuando les dijo que estaba encantada con la profesión que tenía, no salían de su asombro. "Como Monseñor Escrivá solía decir -señaló-, es lo que hizo durante toda su vida la Madre de Dios, que es la criatura más excelsa de cuantas existen."

Si muchas amas de casa se consideran infelices haciendo lo que hacen es porque no piensan en los demás, opina María Teresa. "Verdad es que las tareas domésticas son engorrosas, pero también es cierto que tienen buenos e inmediatos resultados."

Un soplador de vidrio

Enric Hernández Sánchez tiene 53 años y es un hombre tranquilo, de voz apacible, que ha consumido la mitad de su vida inclinado sobre un ancho banco de madera dando forma al vidrio encima de un quemador. A primera vista parece una vida agradable. Es su propio patrón y sus creaciones -rosas delicadas, copas de filigrana, graciosas jaulas de cristal- le dejan a uno pasmado cuando el sol que entra en su taller incide sobre ellas y las hace resplandecer. Enric llevaba ya casi medio siglo soplando cristal cuando conoció el Opus Dei, y su soplo ya no era tan vivo, ni sus creaciones tan resplandecientes, pero el Opus Dei le hizo descubrir otra dimensión de su trabajo.

"Antes de conocer el Opus Dei, me estaba haciendo viejo, no sólo por la edad, sino también profesionalmente -me dijo-. Me faltaba ambición, entusiasmo por lo que hacía. El Opus Dei me rejuveneció. Me hizo ver que trabajar es otra forma de rezar. Empecé a experimentar, a diseñar nuevas formas, y no tardé en volver a encontrar satisfacción en mi trabajo, haciendo cosas bonitas. En ese proceso de renovación comprendí por qué era soplador de vidrio y no otra cosa. Había una conexión clara entre mi vocación humana y mi vocación sobrenatural: Antes me sentía frustrado, como si me hubiese equivocado de profesión. En un libro que recoge algunas de sus homilías, Es Cristo que pasa, Monseñor Escrivá habla de la parábola del sembrador. Los granos de trigo se desparraman por el suelo y allí donde caen, Dios quiere que den fruto. Donde caen, donde cada uno estamos, donde está nuestra lucha diaria... Yo sobrenaturalizo mi trabajo, en primer lugar, ofreciéndoselo a Dios. Trato de hacerlo lo mejor que puedo. Trabajo siempre con cosas materiales y hay un montón de cosas que se pueden aprender de la materia, pero hay que dominarla. Así que lo que pido a Dios es que sea capaz de hacer bien las cosas, lo mejor que pueda, para que le den más gloria."

Además de colegios de primera y de segunda enseñanza, los miembros del Opus Dei en España han tenido iniciativas educativas de muy diversa índole. Tal vez las más difundidas sean las Escuelas Familiares Agrarias (EFA), dirigidas a impulsar la formación de los campesinos, sector de la población más pobre y menos favorecido. Hay en España unas 36 EFA, que forman al 80 por 100 de la población joven campesina.

Durante mi viaje, visité una EFA llamada La Casa de Quintanes, situada en los altos de Llucanes, a unos 60 kilómetros de Barcelona, e instalada en un viejo edificio del siglo XVII, remodelado, donde se alojan 156 estudiantes. Cuando llegué disfrutaban de un rato de tiempo libre y, en chándal o ropa de deporte, se dedicaban a los más diversos menesteres: barrer, fregar, hacer reparaciones, conducir un tractor, etc. Se veía que disfrutaban. Todo tenía un aspecto de hogar, de familia. En el césped, un par de estudiantes jugaban con un perro, mientras el cocinero, que vive allí con su familia, cuidaba del huerto.

En las EFA se alterna la enseñanza teórica con las prácticas de la tierra. También se ayuda a los campesinos a organizar cooperativas, a estar al día en técnicas agrícolas, a comercializar los productos del campo y a proteger sus bienes y su trabajo.

Otro centro de enseñanza de muy especiales características en Brafa, que ha adquirido fama en España y especialmente en Cataluña como escuela de deportes. Comenzó en 1949, cuando varios miembros del Opus Dei empezaron a organizar partidos de fútbol con los chavales de un barrio obrero de Barcelona. Al principio jugaban en cualquier sitio -en un solar, en medio de la calle y se reunían en un garaje prestado. Luego empezaron a construir diversas instalaciones, hasta constituir un respetable conjunto de edificios y campos de deportes que se terminó en 1971. Actualmente se adiestran en Brafa 1.700 jóvenes y 500 adultos. Aunque de la escuela han salido campeones en diversas ramas del deporte, el objetivo fundamental de Brafa es que el mayor número posible de personas practique algún deporte dentro de sus posibilidades. Por eso, ofrece becas a quienes carecen de recursos para sufragar los gastos. Junto a la formación y al entrenamiento deportivos, Brafa ofrece formación espiritual y cultural, haciendo especial hincapié en la práctica de las virtudes humanas.

Otro centro de formación especial, en este caso para subnormales, es La Veguilla. Se trata de una tarea educativa que realizan varios miembros de la Obra en colaboración con otras personas que no pertenecen al Opus Dei. Está situado en los alrededores de Madrid, cuenta con un colegio que imparte enseñanza primaria y secundaria, y con unos talleres que permiten ganarse la vida a quienes trabajan en ellos con la venta de lo que fabrican, fundamentalmente piezas de cerámica, muebles, tapicería, etc. El centro cuenta también con un vivero. Quienes dirigen y administran La Veguilla dicen que los que trabajan en los talleres se sienten satisfechos y felices sabiendo que son capaces de crear objetos útiles y artísticos, que encuentran fácil salida en el mercado. Entre sus clientes se encuentran el alcalde de Madrid y la reina doña Sofá.

Seguramente la empresa educativa más conocida de los miembros del Opus Dei en España es la Universidad de Navarra. En Trabajos de amor perdidos, Shakespeare escribió: "Navarra será el asombro del mundo. Nuestra corte será una pequeña academia tranquila y contemplativa en el arte de vivir".

Pamplona tuvo que esperar mucho tiempo para tener su "pequeña academia". La Universidad de Navarra, fundada en 1952, vino a hacer realidad un sueño de siglos. Surgió en un momento en que la necesidad de nuevas instituciones de enseñanza superior era acuciante, y así vino a llenar, como todas las obras corporativas del Opus Dei, una necesidad social.

La Universidad de Navarra atrajo enseguida profesores destacados de otras universidades españolas -Madrid, Barcelona, Sevilla, Santiago, Granada...- y extranjeras. Mucha gente, sin embargo, consideraba que la empresa era una locura y las autoridades regionales la miraban con recelo, por lo que mandaron hacer una investigación, cuyo dictamen fue negativo. Cuando Monseñor Escrivá lo supo, se echó a reír y dijo: "¡Claro que es imposible! Por eso lo haremos!".

El profesor Ismael Sánchez Bella, que luego sería el primer rector de la Universidad de Navarra y primer presidente de la Asociación de Amigos de la misma, renunció a una cátedra de Historia en la Argentina y regresó a España para ponerse al frente del proyecto. Nada más bajar del barco, ilusionado, preguntó a los amigos que habían acudido a recibirle cuánto dinero habían conseguido. La respuesta le dejó anonadado: "¿Cuánto llevas tú en los bolsillos?".

"Empezamos sin una peseta -me dijo-, pero con la moral altísima, lo cual es mucho más importante que el dinero."

Actualmente, el campus de la Universidad, de 160 hectáreas, cuenta con nueve facultades, más de 10.000 estudiantes (500 de ellos no españoles) y 1.000 profesores. El sistema de tutoría personal y el énfasis que se pone en la formación ética de los estudiantes caracterizan la enseñanza en la Universidad, que facilita también clases de teología. El Gobierno español empezó a homologar los títulos de la Universidad de Navarra a comienzos de la década de los sesenta. Actualmente, mantiene contactos con las demás universidades españolas, con frecuentes intercambios, visitas y congresos.

La Universidad de Navarra procura poner la enseñanza superior al alcance de todos cuantos tienen aptitudes, con independencia de sus recursos económicos. A pesar de todo, las subvenciones y ayudas estatales son mínimas. La financiación, en gran parte, corre a cargo de miles de colaboradores españoles y extranjeros -muchos de ellos modestos- agrupados en la Asociación de Amigos de la Universidad de Navarra.

En cierto sentido, el corazón de la Universidad es su Facultad de Medicina, que cuenta con su propio hospital, la Clínica Universitaria. En ella se efectuaron algunos de los primeros trasplantes de corazón realizados en España. Pero en la Clínica Universitaria no sólo se cuida el estudio y análisis de la patología del paciente, sino también sus circunstancias espirituales y familiares. Médicos y enfermeras procuran cuidar estos aspectos. Durante los dos días que permanecí allí observé cómo en las salas de visitas, médicos y enfermeras charlaban con los visitantes, los animaban y les daban explicaciones.

Otra Facultad que me interesó mucho durante mi visita a la Universidad fue la de Periodismo, la cuarta en crearse, pues por entonces, la enseñanza del periodismo, no tenía rango universitario en España y muchos consideraban que era "una locura" dársela. Actualmente, la facultad, floreciente, forma cientos de periodistas que encuentran empleo en medios de comunicación de toda España.

En una entrevista que concedió a un joven periodista, el fundador del Opus Dei explica por qué estaba tan interesado por el periodismo. "Es una gran cosa el periodismo, también el periodismo universitario. Podéis contribuir mucho a promover entre vuestros compañeros el amor a los ideales nobles, el afán de superación del egoísmo personal, la sensibilidad ante los quehaceres colectivos, la fraternidad. Y ahora, una vez más, no puedo dejar de invitaros a amar la verdad.

No os oculto que me repugna el sensacionalismo de algunos periodistas, que dicen la verdad a medias. Informar no es quedarse a mitad de camino entre la verdad y la mentira. Eso ni se puede llamar información, ni es moral, ni se puede llamar periodistas a los que mezclan, con pocas verdades a medias, no pocos errores y aun calumnias premeditadas: no se pueden llamar periodistas, porque no son más que el engranaje -más o menos lubrificado- de cualquier organización propagadora de falsedades, que sabe que serán repetidas hasta la saciedad sin mala fe, por la ignorancia y la estupidez de no pocos.

Os he de confesar que, por lo que a mí toca, esos falsos periodistas salen ganando: porque no hay día en el que no rece cariñosamente por ellos, pidiendo al Señor que les aclare la conciencia."

En un libro como éste es imposible hacer justicia a la magnífica labor que llevan a cabo en Navarra un puñado de hombres y mujeres con escasos recursos. El profesionalismo de la institución se revela en el hecho de que mantiene relaciones de intercambio y colación de grados con universidades tan prestigiosas como La Sorbona, Harward, Coimbra, Munich o Lovaina.

Las distintas labores educativas que llevan a cabo los miembros del Opus Dei son de dos clases: labores "personales", de las que la Obra en cuanto tal no se responsabiliza, y "obras corporativas", de cuya formación espiritual responde el Opus Dei. Mientras La Veguilla o las Escuelas Familiares Agrarias son iniciativas personales de algunos miembros del Opus Dei y de otras personas que no lo son, la Universidad de Navarra, Tajamar y Brafa son obras corporativas, y el Opus Dei se responsabiliza de la' formación espiritual y doctrinal que se imparte en ellas.

Un campesino

Antonio Durán tiene el rostro terroso y agrietado, las manos ásperas y callosas, los ojos empequeñecidos de tanto mirar al sol, pero bajo toda esa rudeza se adivina que es feliz. A través de un laberinto de estrechas callejuelas, me condujo hasta su casa, vieja y en desnivel, con olor a carne en el horno y a mieses recién segadas. Mientras su esposa termina de preparar la cena, él me explica cómo transcurre su jornada. Sus hijos le rodean, sin perder detalle:

"Me levanto a las siete y media de la mañana y trabajo hasta las nueve de la noche. En mis tierras siembro trigo y otros cereales. Tengo también algunos almendros y olivos, así como una pequeña viña que me permite cosechar un poco de vino. Cultivar todo eso supone mucho trabajo y sacrificio. Tengo que andar corriendo todo el día de un sitio para otro, pero procuro cuidar de todo. Dios me ayuda. En mi tractor llevo un crucifijo junto al volante, para no olvidarme de Él."

Hace una pausa para ofrecerme unas almendras y un vaso de vino de su cosecha. Luego prosigue: "Conocí el Opus Dei a través de un arquitecto que estuvo trabajando cerca de mis tierras. Nos hicimos buenos amigos y me invitó a un curso de retiro. Mi mujer no es del Opus Dei, pero colabora en sus actividades. La vida de un miembro de la Obra que vive en el campo y tiene que sacar una familia adelante no es fácil, pero tampoco demasiado difícil. No hay nada imposible".

Una juez

Doña Concha del Carmen pertenece al Opus Dei desde hace veinte años. Es una mujer atractiva, muy bien arreglada, alegre, sin esa especie de seriedad un tanto hosca que se suele atribuir a los jueces. Cómodamente sentada en un sillón y rodeada de libros apiñados en una librería me explicó que lo que más le atrajo del Opus Dei fue "su humanidad, el ambiente de familia, la alegría". "Para un juez es muy importante estar cerca de la gente y compenetrarse con sus problemas. Algo que Monseñor Escrivá pone de relieve en una de sus homilías de Es Cristo que pasa. Jesucristo hizo cosas maravillosas por los pobres. Yo como juez, entro en contacto con los más desgraciados: los pobres, los enfermos, los marginados, los delincuentes... Primero hay que aplicar las medidas que establece la ley y a veces es difícil hacer nada más, porque cuesta ver el aspecto humano de los problemas. Pero el Opus Dei me ha enseñado a amar a la gente con hechos, a querer y respetar a todo el mundo... Lo fácil es quitarse de encima a quienes te puedan crear problemas. Lo difícil, tratar de ayudarles y de enderezar sus vidas.

Pero no sólo cuentan las cosas grandes, importantes. También las pequeñas. Esta tarde, por ejemplo, tuve que redactar una sentencia, y cuando terminé de hacerlo me di cuenta de que la mecanógrafa iba a tener dificultades para pasarla a máquina, así que volví a escribirla de nuevo con letra más clara. Éste es el tipo de cosas que Monseñor Escrivá consideraba importantes: hacer las cosas pequeñas con perfección para estar más cerca de Dios y ayudar a los demás."

Una familia numerosa

Los Pich son una familia barcelonesa. Los padres son co-fundadores de unos grupos de educación familiar extendidos por el mundo entero. Han creado también colegios y clubs juveniles. Dicen que su "hobby" es la educación de sus 16 hijos.

Algunas personas se estremecerán de horror ante la idea de tener tantos hijos. La mayoría de los padres, actualmente, prefieren tener pocos niños, pero muchos empiezan a preguntarse si eso es bueno. Hace poco, la Comunidad Económica Europea y el Comité Social hicieron público un informe que mostraba cómo la tasa de nacimientos había descendido de manera alarmante en los países de la Comunidad y estaba muy por debajo del nivel de crecimiento, algo que se ha dado en llamar euroesclerosis. "El desequilibrio demográfico está adquiriendo proporciones sin precedentes -dice el informe Cubrir el déficit de nacimientos en Europa requeriría una inmigración masiva, nunca vista hasta ahora." Algunos gobiernos, como los de Francia y Alemania, ya han reaccionado, ofreciendo incentivos económicos considerables a las familias con varios hijos.

La señora Pich estaba en una reunión escolar cuando llegué a su casa. Mientras regresaba estuve hablando con su marido. "Lo que suele pasar con las familias numerosas es que la gente piensa que todos los hijos llegan al mismo tiempo -me dice-, pero no es eso. Llegan uno tras otro, con un año de diferencia aproximadamente. Lo cual es diferente. La naturaleza es muy sabia. Todo lo tiene previsto. ¿Cuál es la diferencia entre tener seis o siete hijos? Entre el décimo y el undécimo es sólo del 10 por 100 y entre el decimoquinto y el decimosexto menor todavía. Así que cuando se miran las cosas objetivamente, no hay problema." El señor Pich comenta que hasta que llegó el hijo duodécimo vivían en un piso relativamente pequeño, con sólo tres dormitorios para los chicos, pero eran felices allí; y me dice que escribió un artículo explicando cómo era posible que catorce personas cupieran en un sitio así. Ahora, que viven en una casa espaciosa, los hijos se van yendo...

"Una de las ventajas de tener una gran familia es que, a medida que los hijos crecen, uno cuenta con pequeños ayudantes. Si se sabe delegar en ellos, los padres de una familia numerosa trabajan menos. Cuesta organizarse, por supuesto, pero hay que tomárselo como un hobby. Le aseguro -me dijo- que es más entretenido, más divertido, que ir al cine. Es algo fantástico, que te absorbe."

¿Cómo es posible hacerse cargo de las necesidades de tantas personas de tan distintas edades y caracteres en constante evolución?, le preguntó.

"En primer lugar, hay que enseñar a los mayores a actuar como modelo de los más pequeños. ¿Quién es el héroe de un chaval? Siempre su hermano mayor, que es más fuerte, más valiente y más listo. Y con las chicas sucede lo mismo. Las hermanas pequeñas imitan a las mayores en la manera de hablar, de vestir, de comportarse. Una familia en la que hay un ambiente recio educa a cada miembro, lo cual quiere decir que todos participan en la educación de los otros. Todos se ayudan.

Hasta los más pequeños-pueden ser útiles siendo amables, encantadores, haciendo pequeños servicios. Se puede aprender mucho de los niños si colocamos nuestras antenas para sintonizar con ellos, si les escuchamos, si intuimos lo que quieren. Hay algo que no se debe olvidar: creemos que somos indispensables en la educación de nuestros hijos, lo cual es cierto sólo hasta cierto punto, menos de lo que imaginamos."

La conversación quedó interrumpida por la cena, servida en una gran mesa redonda con un círculo central móvil para colocar los cacharros. La señora Pich -sorprendentemente joven y serena- llegó cuando ya estábamos cenando, siendo acogida por los gritos de júbilo de los ocho hijos que todavía viven con ellos. Todos participan en la conversación. Todos tienen algo que contar. Cuando les pregunto qué les gusta más de ser una familia numerosa, todos se echan a reír. Rosa, la mayor, responde: "Lo que más nos gusta es lo mucho que nos reímos. No paramos de contarnos cosas divertidas". Y volvieron a reír dándose palmadas y empujándose, por lo que yo comencé a sentirme como en una de esas pobres pero enormemente felices familias descritas por Charles Dickens.

"Una gran familia es como una ecuación -apunta el señor Pich, reflexivo-. Las alegrías se multiplican y las penas se dividen..."

Después de cenar y de rezar el Rosario en familia, le pregunto a la señora Pich si no le hubiese gustado una carrera, trabajar fuera del hogar. Se quedó perpleja. "¡Pero si yo disfruto muchísimo de los niños!", protestó. Y le pidió a su marido que me contase la historia de una señora que conoció en Chicago. "Era una madre de ocho hijos -empezó él-, y un periodista que la entrevistaba le preguntó si se sentía realizada. "Mire usted, señor periodista -repuso ella, con viveza-, soy abogado. Trabajé como abogado con mi marido, pero cuando empezaron a llegar los hijos decidí quedarme en casa con ellos. Respeto a las mujeres que trabajan en una oficina, pero, ¿quién cree que se realiza más, ellas o yo? ¿Ellas escribiendo a máquina ocho horas seguidas o yo, rodeada por mis chavales, cada uno con su propia personalidad?."

La señora Pich me dijo que ser del Opus Dei le ha ayudado mucho a superar tiempos difíciles, en especial la práctica diaria. de un rato de oración mental. Eso le permite "cargar las baterías, algo imprescindible para un ama de casa". También le ha ayudado mucho ver en todo lo que sucede en la familia la presencia de Dios. "Eso, más que nada, hace que las cosas que la gente encuentra difíciles marchen sobre ruedas."

Saliendo de Barbastro por carretera, en dirección nordeste, no tarda en divisarse la silueta de un gran edificio situado sobre un promontorio rocoso que se recorta contra el cielo. Cuando la carretera, serpentea, se pierde de vista el santuario, de ladrillo rojo, con su alto campanario, pero cuando vuelve a divisarse resulta cada vez más bello. Se trata de Torreciudad, santuario dedicado a la Madre de Dios, que, como en otros muchos que existen en diversos lugares del mundo, sólo tiene una razón de ser: ayudar a quienes acuden a ellos a enderezar sus vidas desde el punto de vista espiritual.

Torreciudad, en la provincia de Huesca, a menos de 100 kilómetros de la frontera francesa, está en una zona reconquistada por los cristianos a los invasores musulmanes a finales del siglo XI. Para celebrar el triunfo, se construyó una ermita en honor de la Virgen. Un historiador del siglo XV, Faci, cuenta así la historia de la imagen: "Tiene la Santa Imagen su nombre por el sitio en que está su iglesia situada: su antigüedad es de los tiempos de la conquista de aquel Partido, que fue por los años 1083 o siguientes, por Nuestro Rey Don Sancho Ramírez. Expelidos por los Cristianos los Moros que presidían y habitaban el castillo y pueblo de Torre Ciudad, dedicaron los vencedores su Mezquita a una Santa Imagen de Nuestra Señora, que no lejos de aquélla hallaron, y es la misma que hoy se venera".

Como miles de personas durante siglos, la madre de Monseñor Escrivá hizo una peregrinación a un santuario de la Virgen, precisamente a éste. Fue en el año 1904 y viajó a Torreciudad a lomos de una mula, llevando en brazos a su hijo, de dos años de edad. Iba a dar gracias por la curación de Josemaría, a quien los médicos habían desahuciado. En aquellos tiempos no había carreteras, y el camino era muy áspero, sobre todo los últimos kilómetros, que había que recorrer a pie. Muchas madres, y también hombres robustos, iban a dar gracias a la Virgen por favores similares.

Torreciudad, dominando el embalse de El Grado, con el telón de fondo de los Pirineos, ha cambiado mucho en los últimos años. Gracias a las aportaciones de miles de personas de todo el mundo, fue posible inaugurar un nuevo santuario, el 7 de julio de 1975. En el interior del templo, el centro de atracción es el retablo, de más de catorce metros de altura, esculpido en catorce toneladas de alabastro, que enmarca la imagen de Nuestra Señora de Torreciudad. En él pueden verse diversas escenas de la vida de la Madre de Dios: los desposorios, la anunciación, la visitación, la natividad, la huida a Egipto... Pero quizá la más significativa para los miembros del Opus Dei sea la escena que muestra el taller de Nazaret, con Jesús ayudando a San José a alisar la madera con una azuela, mientras la Virgen María, también ocupada, mira a' su Hijo.

Debajo de la iglesia hay una cripta con tres capillas dedicadas a Nuestra Señora bajo las advocaciones de Guadalupe, Loreto y el Pilar, con cuarenta confesonarios. Monseñor Escrivá, promotor del nuevo santuario, esperaba que meditar allí conduciría a muchos visitantes a renovar y purificar sus relaciones con Dios. "Espero frutos espirituales -decía-: gracias que el Señor querrá dar a quienes acuden a venerar a su Madre Bendita en su Santuario. Éstos son los milagros que deseo: la conversión y la paz para muchas almas."

El fundador del Opus Dei creía que Torreciudad demostraría que la devoción a la Madre de Dios no era algo del pasado, que los cristianos seguían amándola "más que a nadie en la tierra, después de Dios; pues por encima de ella, sólo Dios". Tal era el espíritu del Concilio Vaticano II, que recordó a todos los católicos que "el culto, especialmente el litúrgico, a la Santísima Virgen debe ser generosamente fomentado".

Torreciudad se ha convertido así en un lugar lleno de paz, propicio a la oración. La quietud, el silencio, sólo se ven rotos por el vibrar del carrillón de las campanas. Los automóviles y los autobuses quedan aparcados lejos y diversos carteles ayudan a los visitantes a crear una atmósfera de piedad cristiana. Allí no hay tenderetes donde se vendan baratijas ni imágenes de plástico. Los domingos y las fiestas señaladas, así como en los meses de mayo y octubre, tradicionalmente dedicados a la Virgen, miles de personas, algunas de ellas no practicantes, acuden a Torreciudad. Pero el santuario ha sido construido para estar al servicio de todo el mundo, por lo que, a diario, acuden numerosos peregrinos de las más variadas procedencias.

En el antiguo santuario hay un libro de firmas que recoge los sentimientos de los peregrinos. Algunos vienen para pedir a la Señora un favor: "Que la Virgen dé trabajo a mi padre... para que mi familia sea como tú... para que mi novio me quiera". Algunos ponen de manifiesto sus dotes poéticas: "Más hermosa que el sol, así es mi madre...". O su gratitud: "Gracias por los días que hemos pasado junto a ti. Ayúdanos para que seamos cada día más Opus Dei". Y un hombre escribió simplemente: "Santísima Virgen, te quiero".

Se dice que en algunas ciudades españolas hay un centro del Opus Dei casi en cada esquina. Aunque en este capítulo sólo he ofrecido una pequeña introducción a las actividades de los miembros del Opus Dei en España, creo que da una idea de algunos de los aspectos que abarcan. Muestra también la capacidad el Opus Dei para movilizar gente de todas clases. Como el grano de mostaza del Evangelio, ha crecido hasta convertirse en un árbol frondoso, donde anidan toda clase de pájaros. En España empecé a pensar más a fondo sobre la amplitud de las labores de los miembros del Opus Dei, pero hasta el final de mi viaje no comprendí claramente su significado.