Algunos errores e inexactitudes

 

1. Un equivocado “argumento de autoridad”

En la pág. 1 de la Parents’ Guide to Opus Dei, el autor afirma que se basa, para sus acusaciones, en un documento oficial de la Santa Sede que proporciona lo que él llama “características de las sectas destructivas, específicamente sus procedimientos de reclutamiento, entrenamiento e indoctrinación”. Este documento vaticano, titulado “Desafíos pastorales / Sectas y nuevos movimientos religiosos”, fue publicado por la Santa Sede en mayo de 1986, y es reproducido íntegramente en las págs. 51-73 de la versión castellana de la Parents’ Guide. En ese documento se señalan una serie de características de las llamadas “sectas”; el autor considera que todas esas características podrían aplicarse al Opus Dei (págs. 12-28). Toda la primera parte de la Parents’ Guide está dedicada a este fin.

 

Sin embargo, esta autorizada posición de la Jerarquía eclesiástica sobre las sectas no es aplicable, bajo ningún aspecto, a la naturaleza, medios y actividades de la Prelatura del Opus Dei: cuando se lee este documento del Vaticano sin dejarse llevar por las manipulaciones de la Parents’ Guide, se ve con claridad que, desde sus primeros párrafos, se refiere exclusivamente a movimientos ajenos a la Iglesia Católica. Desde luego, es obvio que el Vaticano no ha pretendido en ningún caso incluir a ninguna institución católica en su análisis. La Santa Sede conoce perfectamente todos los aspectos de las actividades del Opus Dei y ha concedido en su momento todas las aprobaciones y autorizaciones para la realización de sus apostolados. Establecer cualquier relación entre el Opus Dei y el documento del Vaticano sobre las llamadas “sectas”, por tanto, obedece sólo a una decisión gratuita del autor de la Parents’ Guide.

 

En segundo lugar, el autor imputa al Opus Dei una pretendida praxis fraudulenta y engañosa para “captar adeptos”. Pero si los fieles del Opus Dei, que viven y trabajan en la sociedad junto con sus semejantes, detectaran esas prácticas en las actividades del Opus Dei o en sus declaraciones públicas, se marcharían inmediatamente. Por el contrario, es conocido que algunos fieles de la Prelatura tienen profesiones públicas: abogados, médicos, enfermeros, psicólogos, psiquiatras, jueces, autoridades locales y nacionales... No se ve de qué manera todos estos profesionales podrían desconocer la verdad acerca de la Prelatura, o conocerla y no denunciarla. Saben perfectamente lo que dice el Opus Dei, las actividades que realiza, y dan fe de que en todas sus actuaciones trabaja completamente de acuerdo con las leyes, y con un profundo sentido ético.

En tercer lugar, si el documento del Vaticano describe grosso modo distintas conductas antiéticas de las denominadas “sectas”, como el llamado “lavado de cerebro” (basado en la privación de alimentos o de sueño de los adeptos, entre otras aberraciones), las mentiras deliberadas, las detenciones por la fuerza, el adoctrinamiento herético, y otras transgresiones de distintos derechos individuales, religiosos y civiles, ninguna de estas actuaciones puede aplicarse al Opus Dei, ni cualquier otra que lejanamente se les parezca. Sin embargo, el autor lo afirma usando falsos testimonios y tergiversaciones. Cualquiera que conozca a miembros del Opus Dei es capaz de verificar que sus características psicológicas no tienen nada que ver con el tipo de personas que, según el mismo documento del Vaticano, son normalmente captadas por las llamadas “sectas” (págs. 55-56 de la Parents’ Guide).

La única parte de ese documento de la Santa Sede que tiene alguna relación con el Opus Dei se encuentra en la conclusión (págs. 71-73), cuando la Santa Sede hace un llamamiento a la reevangelización en todos los niveles sociales. Esta es, de hecho, la misión del Opus Dei en la Iglesia, una misión explícitamente dada por la misma Santa Sede.

2. Una documentación errónea

En la pág. 13, el autor indica que “los artículos 190 y 191 de las Constituciones [sic] del Opus Dei, requieren que los socios no revelen su pertenencia, ni la de otros, a extraños”. Una supuesta traducción de estos artículos aparece en el pie de esa misma página. Se trata, sin embargo, de una grave tergiversación.

En efecto, la transcripción de estos artículos al inglés fue tomada de una publicación no oficial castellana, que supuestamente se había traducido del original que estaba en latín. Al margen de que el texto real de la Constitución de 1950 era un documento oficial de la Santa Sede, no un documento “secreto” del Opus Dei, que, por otra parte, dejó de estar vigente hace ya muchos años, esos artículos 190 y 191 se referían al exclusivo derecho de cada miembro —derivado de su derecho a la privacidad que tienen todas las personas—, de hablar de su pertenencia a la Obra según su personal criterio (9) .

En resumen, lo que el autor presenta ahora como una revelación es una reconstrucción tergiversada y probablemnte malévola, pasando por tres idiomas, de un antiguo documento de la Santa Sede relativo al Opus Dei. En cualquier caso, como se ha dicho ya, ese documento de 1950 fue enteramente reemplazado por los Estatutos de la Prelatura de 1982, y no tiene sentido referirse como algo actual a una Constitución derogada. Además, como se ha dicho, el artículo 89 de los Estatutos reales, y actuales, del Opus Dei, prohibe explícitamente el secreto o cualquier otra forma de comportamiento clandestino.

Además, es obvio para cualquiera que conoce a fieles del Opus Dei, que hablan libremente con quien quieren de su pertenencia a la Prelatura. Y que el Opus Dei ofrece datos acerca de sus fieles (10) y sobre sus centros.

3. Un ejemplo fabricado

En la pág. 14, el autor presenta lo que llama “un pequeño ejemplo” de la supuesta praxis engañosa del Opus Dei. Dice que Mr. Russell Shaw, autor de diversos estudios sobre el Opus Dei en EE UU, no se identificaba como miembro del Opus Dei en un artículo concreto que escribió en 1987 sobre Mons. Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei.

Sobre este “pequeño ejemplo” conviene aclarar, en primer lugar, que Mr. Shaw ha hablado siempre abiertamente de su pertenencia al Opus Dei con las personas que le conocen, y nunca ha hecho un secreto de su pertenencia a la Prelatura, como tampoco lo ha hecho de diferentes aspectos de su carrera profesional. Precisamente por ello el autor de la Parents’ Guide sabe con certeza que él pertenece al Opus Dei. Pero además, no es razonable que el autor afirme que Mr. Shaw está obligado a revelar su pertenencia al Opus Dei siempre que firme un artículo. Cualquier persona normal reconocerá que nadie tiene tal obligación.

4. Identificación de centros y actividades

Es sencillamente falso lo que el autor asegura en la pág. 14: que “los colegios del Opus Dei, escuelas de hostelería, clubes...” y otra serie de entidades, son “raramente identificados abiertamente con el Opus Dei”.

Por el contrario, todas las instituciones educativas y asistenciales vinculadas con el Opus Dei lo hacen notar en sus publicaciones promocionales y explicativas: es otro hecho fácilmente comprobable. Además, todas estas actividades han sido creadas por motivos apostólicos —un servicio humano y de evangelización plenamente autorizado y aprobado por la Santa Sede—, por lo que resultaría ridículo tratar de esconder su relación con el Opus Dei.

5. Actividades para jóvenes

El propósito del apostolado del Opus Dei con la juventud es ayudar a los jóvenes a amar a Dios y a servir a la Iglesia a través del cumplimiento fiel de sus responsabilidades en la sociedad. Este apostolado específico ha sido alabado por la Santa Sede en varios documentos oficiales. Por el contrario, en las págs. 14-16, el autor hace una serie de acusaciones denigratorias sobre el trabajo del Opus Dei con la juventud. Todas son absolutamente falsas y engañosas.

Es un hecho que sólo un pequeño porcentaje de las personas jóvenes que participan en las actividades apostólicas organizadas por el Opus Dei, llegan a incorporarse más adelante a la Prelatura. La gran mayoría seguirán siendo amigos de los miembros del Opus Dei a los que han conocido y con frecuencia mantendrán esa amistad durante toda su vida. Muchos de ellos alientan pasado el tiempo a sus propios hijos a que participen en esas mismas o parecidas actividades apostólicas y de formación espiritual para jóvenes, para que les aprovechen como a ellos les ayudaron en su juventud. Algunos de estos jóvenes llegan a descubrir que tienen vocación a la vida religiosa, o al sacerdocio. Son muchísimos los testimonios personales que avalan esta experiencia.

Las acusaciones del autor de la Parents’ Guide, especialmente insidiosas en este punto, utilizan medias verdades, citas parciales, testimonios contrapuestos. Según él, no hay posibilidad alguna de que las personas que frecuentan los centros juveniles del Opus Dei actúen de buena fe, sean naturalmente alegres y pasen inocentemente la tarde con sus amigos, en la calle, en el cine... o en un centro del Opus Dei. Toda su actuación debe verse bajo el prisma sospechoso de lo que el autor, con terminología sectaria, llama “un bombardeo de amor”, “tertulias orquestadas para los visitantes”, una “atmósfera cuidadosamente preparada [que] proporciona a los socios una oportunidad para conversar con los posibles reclutas [sic], quienes ignoran que están siendo seleccionados”, siempre “cuidadosamente organizados con un plan oculto” (págs. 14-15). Con esa actitud de sospecha el autor condenaría sin duda cualquier ambiente juvenil de chicos o chicas. Son miles los jóvenes que han participado en estas actividades y que de ningún modo están de acuerdo con esas afirmaciones, porque son sencillamente falsas (11) .

6. Finanzas

Resulta ridículo (estamos hablando de laicos que viven en medio del mundo) lo que el autor asegura en la pág. 18: que “la distribución del dinero” y “los gastos médicos y dentales” constituyen un mecanismo de “control” ejercido por los directores sobre los miembros del Opus Dei.

Los numerarios y agregados del Opus Dei ponen generosamente a disposición de las necesidades de la Prelatura y de sus iniciativas apostólicas los resultados que obtienen de su trabajo, una vez han cubiertas sus necesidades y la de sus padres o hermanos cuando dependen de ellos. Desde luego, como ocurre en todas las familias, con ayuda también de las prestaciones públicas de ninguna manera quedan con ello privados en ninguna necesidad económica futura que requieran, y mucho menos si se trata de un gasto médico. A la condición plenamente secular de los fieles del Opus Dei corresponde una verdadera y propia mentalidad laical que les lleva a no distinguirse de sus colegas del mismo nivel social y a actuar con naturalidad, aunque procuren estar plenamente desprendidos de todos los bienes que usan.

Por lo que se refiere a la cuestión médica, el Opus Dei urge activamente a los fieles de la Prelatura a que cuiden su salud física: y, concretamente en el caso de los Numerarios y Agregados, no se ahorran gastos para conseguirlo. Se insta a todos a que acudan a un chequeo médico anual, a hacer ejercicio físico regularmente, como también a tener una dieta equilibrada, y a cuidar las horas dedicadas al sueño y los días y temporadas de descanso. Cuando es necesario, desde luego, reciben la atención médica inmediata que requieran, sin importar el costo. Todo esto es fácil de probar.

Por tanto, la manera de actuar del Opus Dei en éste y en los demás terrenos contrasta también frontalmente con las técnicas de las organizaciones sectarias que describe el documento del Vaticano: privación del sueño y de la comida, trabajo excesivo, presión psicológica, etc. Ninguna de estas aberraciones se dan, por supuesto, en la Prelatura.

7. Consentimiento personal

En la pág. 19, el autor afirma que “para tener mérito, la obediencia cristiana debe ser consciente, humilde, un acto responsable de la voluntad informada”. En este caso, su descripción coincide exactamente con la manera de vivir la obediencia los fieles de la Prelatura.

En la misma página el autor alega que “el canon 630 del Codex Iuris Canonici expresamente prohibe que cualquier persona que no sea un sacerdote, ni siquiera los superiores religiosos, puedan inmiscuirse en asuntos de conciencia...”. Esa frase no se encuentra en el actual Código de Derecho Canónico, ni en el canon mencionado ni en ningún otro. El autor, que escribe en 1989, debe referirse seguramente al antiguo Código, promulgado en 1917 y abrogado en 1983. Pero tampoco recoge íntegramente la cita de ese antiguo Código (se refiere al canon 530, y no 630, del CIC de 1917) y, curiosamente, “olvida” además la continuación de ese antiguo canon 530. Decía así: “Pero a los súbditos no se les prohibe que puedan, libre y espontáneamente abrir su alma a los superiores; más aún conviene que acudan a ellos con filial confianza, manifestándoles, si son sacerdotes, las dudas y congojas de su conciencia”. Es decir, “a los súbditos no se les prohibe [...] abrir su alma a los superiores”, y sólo se hacía referencia a los sacerdotes cuando se trataba de hablar de “las dudas y congojas de su conciencia”. Además, ese canon en concreto fue derogado no ya en 1983, con el conjunto del antiguo Código, sino en 1970, con el Decreto Dum canonicarum legum (8/12/1970): ese decreto alegaba precisamente que había que dar una mayor libertad a los miembros de los institutos religiosos y seculares (12) .

Por tanto, el autor no sólo ha interpretado mal este antiguo canon, sino que ha omitido —no sabemos si conscientemente— esa referencia explícita a la libertad personal de hablar de asuntos espirituales con cualquier persona cualificada para este fin.

Debería ser obvio para todos, por otra parte, que la Santa Sede, al aprobar explícitamente el modo en que el Opus Dei imparte la dirección espiritual a los fieles de la Prelatura, no autorizaría violaciones flagrantes al Derecho Canónico de la Iglesia. Las afirmaciones del autor en este punto, una vez más, no responden a la realidad.

8. Educación en la fe y en la piedad

A propósito del gran número de afirmaciones falsas que se hacen en las págs. 19-25 en relación con la educación cristiana que reciben los fieles del Opus Dei y sobre las prácticas de piedad que procuran vivir, nos parece importante aclarar que:

 

  • Toda la instrucción doctrinal está en estricta conformidad con el Magisterio de la Iglesia, y el Opus Dei usa textos y libros editados con aprobación eclesiástica, los mismos que utilizan otras instituciones de la Iglesia. No existe, por tanto, una “apariencia de instrucción católica” (págs. 19-20). Cuando se enseñan detalles del espíritu del Opus Dei nunca se pretende afirmar que es “la única versión correcta del catolicismo” (pág. 20). Tanto las clases de doctrina católica que se imparten en el Opus Dei como las sesiones sobre la práctica de la vida cristiana forman parte, de hecho, de la misión apostólica confiada por la Santa Sede.
  • La gran mayoría de las personas que buscan un asesoramiento religioso, individual o colectivo, de parte del Opus Dei son estudiantes universitarios o adultos, todos ellos mayores de edad, y en cualquier caso todos lo hacen por su propia voluntad. Hay también adolescentes, ciertamente, que solicitan también voluntariamente esa atención espiritual, y el Opus Dei, como cualquier otra institución de la Iglesia, les presta gustosamente ese servicio, al que tienen perfecto derecho. Por lo tanto, el segundo párrafo de la pág. 20 (“Desde el principio se separa a los reclutados [sic] de sus familias y se les inserta en grupos homogéneos...”) presenta una grosera caricatura de la formación que se da en el Opus Dei. Desde luego, entre los que el autor llama despectivamente “reclutados”, no hay “niños de escuela primaria”.
  • Es absolutamente falso, además de ridículo, lo que se afirma en la misma pág. 20: que el “plan de vida” (es decir, el sencillo horario personal de cada uno, que incluye algunas costumbres piadosas: Eucaristía, rosario, oración, actos de devoción tradicionales en la Iglesia) “nunca se comparte con los padres o con sacerdotes confesores de fuera”. En realidad, un gran número de padres animan a sus hijos e hijas a practicar esas devociones y a participar en las que son colectivas, como parte de la formación y desarrollo de su vida cristiana, y una inmensa mayoría de las familias expresan su gratitud al Opus Dei por la gran ayuda que reciben sus hijos en estos aspectos.
  • Hay, por otra parte, una gran cantidad de personas que reciben este impulso de vida cristiana en centros del Opus Dei pero que prefieren recibir el sacramento de la reconciliación de sacerdotes que no son de la Prelatura, por tradición familiar, por la lógica confianza que tienen con su párroco o con otros sacerdotes; o por los motivos que sean. La Prelatura no hace nada, por supuesto, para cambiar esas costumbres. Y, paralelamente, un gran número de párrocos, en todo el mundo, han remitido estudiantes y profesionales a los centros de la Prelatura para que se les diera orientación espiritual por parte de sacerdotes del Opus Dei —como en otros casos los orientarán hacia el seminario, o hacia algún instituto religioso—, al advertir en el interesado posibles condiciones para poder vivir una vocación cristiana en medio del mundo.
  • La cita núm. 34 (pág. 22) formula una gravísima acusación: la de que los sacerdotes del Opus Dei violan el secreto de confesión. Esta grotesca y calumniosa afirmación se ampara supuestamente en “un testimonio frecuente de ex socios”, de los cuales no se nombra a ninguno. Una acusación de esta clase, de ser cierta, supondría una gravísima violación de la moral cristiana y de las leyes canónicas, obligaría a hacer una denuncia formal ante las autoridades correspondientes de la Iglesia, y desde luego requeriría pruebas: personas concretas y testigos que se hagan responsables de sus afirmaciones. El autor, sin embargo, formula esta insólita acusación de un modo totalmente irresponsable, con la excusa del anonimato de los supuestos denunciantes, recurso siempre injusto e irresponsable sea cual sea el objeto de la acusación.

 

9. Plena libertad intelectual

A propósito de las falsas acusaciones y sospechas que se formulan a partir de la pág. 23 en relación con la libertad intelectual o de acción de los fieles del Opus Dei, debemos decir lo siguiente:

 

  • Los miembros del Opus Dei son libres para leer cualquier libro, revista o publicación, y no hay ningún tipo de censura. Lógicamente, en el marco de la orientación espiritual, se advertirá a las personas que lo solicitan (no sólo a los fieles del Opus Dei) de lo que constituye un principio general de la moral cristiana: que hay que ser prudentes en relación con el contenido moral de las publicaciones que cada uno decide leer.
  • De la misma forma, el Opus Dei no interfiere las relaciones de sus miembros con las familias y amigos, con quienes se comunican como las demás personas: por teléfono, por carta, personalmente... Los numerarios del Opus Dei participan con normalidad en las actividades familiares, contrariamente a lo que sostiene el autor en la pág. 25. Ahora bien, como sus padres y hermanos, son personas normales y a menudo se encuentran ocupadas —como todo el mundo—, o viven en ciudades o países distintos, y no les es posible en algunos casos que las visitas sean tan frecuentes como desearían. Esta realidad responde a una ley de vida, común a muchas otras familias, y no puede interpretarse en ningún caso como un rompimiento deliberado con los padres ni como una falta de comunicación.
  • En la pág. 27 se llega a asegurar que “los más jóvenes están obligados a enviar a sus casas todas las fotografías de ellos mismos con sus familias de sangre”. Esto es enteramente falso. El Opus Dei nunca ha dado indicaciones en este sentido, y los fieles de la Prelatura —es lo más común, aunque cada uno hace, en este punto y en tantos otros, lo que le parece oportuno— suelen conservar sus recuerdos familiares con cariño y devoción filial.
  • Como se ha dicho ya anteriormente, los miembros del Opus Dei no se “aíslan” de la sociedad (pág. 20). Lo normal es que, como cualquier otro ciudadano, trabajen o estudien a tiempo completo y tengan ocupaciones diversas. Los numerarios entran y salen de sus lugares de residencia y de trabajo con la misma frecuencia y con la misma libertad que cualquier otra persona de su misma edad y circunstancias laborales. Lejos de estar “aislados”, trabajan y se relacionan con sus colegas y amigos del mismo modo que otras personas, de las que no se distinguen tampoco en este aspecto.
  • Sin que se acompañe de hechos concretos o de testimonios que lo prueben, en la pág. 22, el autor hace otra grave y peligrosa acusación: la de que “se puede ejercer una gran presión psicológica” sobre los fieles del Opus Dei. No aclara, tampoco, en qué consiste esta supuesta “presión psicológica”, ni menciona ningún ejemplo de este tipo de actividades ilegales.
  • En la pág. 37, el autor llega a acusar al Opus Dei de inducir “a los jóvenes a dar falso testimonio a los padres y a la familia” y de “violar el Octavo Mandamiento”. Esta acusación también es absolutamente falsa. Nunca se han dado tales consejos.

 

10. Declaración de intenciones

En la pág. 29 el autor mantiene de modo sorprendente que “a pesar de que los socios del Opus Dei sí muestran [actitudes sectarias], NO caracterizamos a esta institución como una secta o un culto”. Se trata, evidentemente, de una declaración vacía, porque ¿cuál es la finalidad casi exclusiva de la Parents’ Guide, sino intentar probar esa acusación... que el autor asegura no formular? De hecho al menos una vez lo afirma de modo explícito; por ejemplo, en la pág. 49 dice textualmente: “Una secta que se llama OPUS DEI (la Obra de Dios) ha surgido con alguna prominencia e influencia...”.

En cambio, cuando el autor afirma que “dejamos esta evaluación [la de si el Opus Dei es o no una secta] a las autoridades competentes de la Iglesia” (pág. 29), esconde un dato fundamental: la absoluta confianza de la Iglesia en el Opus Dei, manifestada (entre otros muchos gestos públicos que también hemos reseñado) de modo solemne con la erección del Opus Dei en Prelatura personal, con la Constitución apostólica Ut Sit, del 28 de noviembre de 1982.

En las págs. 33 y 34 el autor critica lo que llama “respuestas estereotipadas de los voceros” del Opus Dei, es decir, “las respuestas del Opus Dei a las críticas publicadas”. A este respecto:

 

  • Nadie, por supuesto, está obligado a apreciar o a valorar positivamente lo que hace el Opus Dei. Los católicos, como todos los ciudadanos, tienen derecho a mantener libremente sus opiniones personales, y a expresarlas abiertamente. El Opus Dei no rechaza las críticas justas y constructivas. Pero no es ese el tipo de crítica que presenta la Parents’ Guide. El autor ha escogido el camino de presentar una imagen seriamente distorsionada del Opus Dei, para atacar a continuación ese espejismo que él mismo ha creado. Se trata de un ataque generalizado —con graves acusaciones, como violación de derechos básicos, conductas ilegales y engaños deliberados— que va más allá de la crítica razonable y justa. La Prelatura, ante una situación tan injusta, tiene pleno derecho de defenderse, a sí misma y a sus fieles. Tiene no sólo todo el derecho, sino también la obligación de hacerlo.
  • Como muchas otras instituciones de la Iglesia en sus etapas iniciales, el Opus Dei ha sido con cierta frecuencia objeto de esta clase de falsedades. Y en este contexto, la Prelatura ha respondido a veces utilizando algunos de los argumentos que se mencionan en las págs. 33-34. Teniendo en cuenta los graves ataques formulados contra su honradez e integridad, las respuestas firmes de la Prelatura son razonables. Se trata de defender el buen nombre de una institución, aunque sea repitiendo (en muchos casos no queda otro remedio) que tal acusación es una falsedad, y no como pretende el autor, con “respuestas estereotipadas”. Desde luego, eso sí, el Opus Dei apela a la autoridad de la Iglesia, sin condiciones ni prejuicios.

 

 


 

(9) Dicho de otro modo: una cosa sería (como pretende Mr. Garvey) que se “prohibiera” hablar con “extraños” sobre su vinculación con el Opus Dei, y otra muy distinta (como pretendía realmente el texto) que se protegiera la libertad de los miembros del Opus Dei, al decirles que no estaban obligados a decir a todo el mundo que ellos mismos u otros se habían entregado a Dios en el Opus Dei. Y este ejercicio personal del derecho a la privacidad es lo que los miembros del Opus Dei llamaban en aquel entonces “discreción”, término que fue malinterpretado y que por eso mismo fue suprimido del derecho del Opus Dei.

(10) Algo más de 80.000 en el presente, incluyendo cerca de 1.800 sacerdotes.

(11) La realidad de los hechos es que, como en cualquier otro lugar, en los centros juveniles dirigidos por el Opus Dei la gente suele estar a gusto mientras participa en las actividades que se organizan. Y si no lo estuviera, o intuyera que le están engañando, simplemente no iría, o no volvería.

(12) El autor olvida, además, que ese canon se refería a los institutos religiosos, institutos seculares y otras instituciones asimiladas y que, por disposición explícita de la Santa Sede, era una norma que nunca tuvo vigencia para el Opus Dei.

¿Qué es la Parents’ Guide?

Algunos errores e inexactitudes

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