Falseamiento de la realidad del Opus Dei

Alberto Moncada Lorenzo
Plaza & Janés. Octubre 1987. 175 pp.

Como consecuencia de todo lo anterior, la realidad del Opus Dei queda fuertemente desfigurada. Se citan sólo algunos ejemplos indicativos.

1. El director "típico"

El autor utiliza numerosos clichés para describir distintas situaciones en el Opus Dei, como el cliché del director "típico" de obras corporativas: "un supernumerario mayor, poco intelectual" o un militar, porque "se muestran mucho más fiables" (p. 156). La realidad de las cosas desmiente esta afirmación. Ignora, además, la condición secular de los miembros del Opus Dei que es su situación de hecho y de derecho cuando afirma que algunos numerarios llevan "un estilo de vida casi conventual", que apenas se rozan con "la realidad exterior" (p. 157).

2. Problemas con la madurez

Se lee que "aquellos estudiantes de los años treinta (...) se dedicaban al estudio y al apostolado. Sería después de la guerra, con la madurez profesional, cuando empezarán los verdaderos problemas" (p. 141). El declarante manipula un caso particular (una crisis de vocación, que se pretende hacer coincidir con el desarrollo de la vida profesional) y lo convierte en un rasgo histórico de toda una generación. ¿Qué sucede entonces con los numerosos miembros del Opus Dei que han sido fieles a su vocación y que han alcanzado un sólido prestigio profesional, sin pasar necesariamente por los "verdaderos problemas"?

3. Poca gente con inquietudes intelectuales

"Conocí a muy poca gente con inquietudes intelectuales se afirma- interesada en leer otras cosas que no estuvieran relacionadas con los estudios y la profesión: igualmente, pocos con preocupaciones artísticas". En otro momento se asegura que "la poca gente que se dedicaba en serio a ello abandonó la institución o sus preocupaciones intelectuales" (p. 94). Estos presupuestos que se presentan rígidos y concluyentes no se sostienen ante unos hechos evidente: con el ambiente que se describe no se hubieran podido formar los numerosos intelectuales españoles, periodistas, profesores universitarios, etc., como el futuro creador del Consejo de Investigaciones Científicas, un Director General de Bellas Artes, catedráticos, académicos prestigiosos o pintores como Delapuente, a los que el autor no ha considerado como "excepciones" (como en el caso de Calvo Serer), sino representantes arquetípicos del Opus Dei. Frente a estas simplificaciones, se encuentra el ejemplo de numerosos miembros del Opus Dei (tanto Numerarios y Agregados, como Supernumerarios) que se dedican activamente a tareas intelectuales y que han alcanzado gran prestigio en el marco universitario y científico.

4. Jóvenes con poco interés por la teología y la mística

Se puede hacer una valoración semejante de las afirmaciones siguientes sobre los jóvenes del Opus Dei de los primeros tiempos: "Tampoco había mucho interés por la religión, en su sentido teológico o místico" (p. 144). Esta afirmación, que olvida de paso los estudios institucionales de teología y filosofía que desde el primer momento comienzan a realizar los numerarios del Opus Dei, refuerza los rasgos de normalidad y de espíritu laical de los primeros miembros del Opus Dei. El interés por la mística no era ni es habitual en el ambiente cotidiano de un joven de primeros cursos de universidad. Lo que interesa habitualmente en esa edad es vivir las virtudes propias de un buen cristiano y poseer la formación doctrinal adecuada.

5. Los Obispos y los demás

En el Opus Dei los sacerdotes numerarios que son nombrados Obispos viven con normalidad en el ambiente familiar de la Obra, sin ceremonias de ningún tipo; por tanto no se les besa la mano, ni hay ceremonias especiales con ellos, entre otras razones porque están en su casa, con sus hermanos, y cada uno procura no singularizarse. El trato con todos es sencillo, espontáneo y natural, sin solemnidades ni protocolos.

En la p. 29 §3 se deforma esta norma de conducta, clara y razonable. Lo que es manifestación espontánea de cariño (besar la mano al Fundador) se presenta como obligación impuesta; lo que responde al comportamiento natural de una persona en su hogar se presenta como servilismo.

6. Desconocimiento de instituciones eclesiásticas

Algunas valoraciones del libro evidencian una ignorancia notable acerca de las realidades de la Iglesia. Por ejemplo, la siguiente afirmación referida al Fundador: "Llegó incluso a introducir en la burocracia curial a dos o tres numerarios que fueron componiendo la tela de araña de la influencia" (p. 25). La ignorancia va unida, en este caso, a la falta de coherencia interna: en la misma página, líneas más abajo, se lee que los Obispos les daban "tareas eclesiásticas de corte tradicional, que generalmente ellos rehusaban". No se entiende que rehusaran si buscaban tener influencia.

Se da a entender que el rectorado del Patronato de Santa Isabel de Atocha era un reducto que encontró tras la guerra civil ("allí se refugia con su gente", dice en la p. 17), cuando ese rectorado se lo había concedido el gobierno de la República. El 31 de enero de 1934, el Director General del Ministerio de la Gobernación para los asuntos de la extinguida Real Casa acordó acceder a que ocupara la casa destinada al Capellán. El 11 de diciembre del mismo año, un Decreto oficial firmado por Niceto Alcalá-Zamora, Presidente de la República, y por Oriol Anguera de Sojo, Ministro de Trabajo, le designaba como Rector del Patronato de Santa Isabel.

7. El Opus Dei, Prelatura personal

Se describe el empeño del Fundador por alcanzar una forma jurídica clara y adecuada a la realidad del Opus Dei como una doble estrategia: "por una parte, lograr un régimen jurídico autónomo, en el sentido de que la jerarquía ordinaria de la Iglesia no tuviera la posibilidad de intervenir en la gestión del Opus y por otra, constituirse en entidad individual, que no hubiera más que un solo ejemplar, el suyo, de la nueva modalidad canónica a establecer" (p. 19). Esta afirmación supone el desconocimiento de esta nueva institución de la Iglesia en la que la potestad del Prelado ordinaria de régimen o de jurisdicción se refiere exclusivamente al fin específico de la Prelatura, dejando siempre a salvo los derechos del Ordinario del lugar. Numerosos obispos han expresado públicamente su reconocimiento ante los frutos de esta realidad, garantizada además por los documentos jurídicos correspondientes. La Declaración de la Congregación para los obispos, publicada en la edición semanal en lengua española de L'Osservatore Romano el 5.XII.82, establece las normas para "la coordinación pastoral con los Ordinarios del lugar y la fructuosa inserción de la Prelatura Opus Dei en las Iglesias locales". Entre otras cosas, dispone que "para la erección de cada Centro de la Prelatura se requiere siempre la venia previa del Obispo diocesano competente, que tiene además derecho de visitar ad normam iuris esos centros, sobre la actividad de los cuales es informado con regularidad".

Las Prelaturas personales son estructuras jurisdiccionales de carácter personal y secular, erigidas por la Santa Sede para la realización de actividades pastorales peculiares; en el caso concreto del Opus Dei, la atención espiritual de sus miembros y la difusión de una profunda toma de conciencia de la llamada universal a la santidad y al apostolado en el trabajo profesional y en la vida ordinaria. Está integrada por laicos y sacerdotes, bajo la jurisdicción de un Prelado que es su ordinario propio. Esta figura jurídica responde a los deseos del Fundador, que quería para la Obra una estructura secular de jurisdicción personal.

Por otra parte, esta configuración jurídica de la Prelatura Opus Dei no se establece en el marco de una ley privilegiada, sino del derecho común de la Iglesia (cfr. Código de Derecho Canónico, cánones 294 297).

José Miguel Cejas

 

El libro: ¿historia o alegato?

Metodología y fuentes

Algunas falsedades significativas

Falseamiento de la vida y de las enseñanzas de San Josemaría

Falseamiento de la realidad del Opus Dei

El autor