Falseamiento de la vida y de las enseñanzas de San Josemaría

Alberto Moncada Lorenzo
Plaza & Janés. Octubre 1987. 175 pp.

1. Frases falsas

Se le describe al Fundador del Opus Dei como un oportunista que acomodó el mensaje del Opus Dei a las circunstancias cambiantes de los momentos que le tocó vivir. Esa valoración es totalmente contraria a lo que muestran los diversos estudios históricos, bien documentados, que han aparecido sobre el Opus Dei. Se deduce de ellos que hay un rasgo decisivo y fundamental en el actuar de Mons. Escrivá de Balaguer: su continua fidelidad al carisma fundacional.

Además, sin esa fidelidad no se entendería ni su oración ni su trabajo constante a lo largo de varias décadas para lograr la fórmula jurídica que respondiese plenamente a ese carisma fundacional. La perfecta sintonía entre sus escritos a lo largo de los años (desde los 30 a los 70) son un testimonio irrecusable de esa fidelidad.

Para dar una aparente fundamentación a su personal interpretación, tanto el autor como algunos de sus declarantes ponen en labios del Fundador numerosas frases que jamás pronunció, y cuentan hechos que no sucedieron nunca.

Es falso que el Fundador "hubiera dejado en penumbra siempre las conocidas dificultades económicas de sus padres" (p. 127). Mons. Escrivá había hablado repetidas veces a lo largo de su vida de esa circunstancia que le hizo conocer la penuria económica, y agradecía a Dios la dignidad y sentido sobrenatural con las que sus padres la sobrellevaron.

Nunca dijo: "somos ese resto de Israel, elegido por Dios para iniciar la conversión" (p. 29). Y tampoco afirmó que había que situar a una "nueva aristocracia de la inteligencia en la cúspide de todas las actividades humanas" (p. 92). El autor confunde dos frases en una. La idea que Mons. Escrivá repetía es que había que poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas, y que había que promover entre personas de toda condición social, y especialmente entre los intelectuales, una efectiva vida cristiana en medio de las realidades ordinarias de su vida, para la santificación de su trabajo profesional. Las confusiones de este tipo son frecuentes a lo largo del libro.

Estas afirmaciones resultan, en ocasiones, calumniosas. El Fundador del Opus Dei jamás hizo promesas de influencia política o comercial a cambio de favores, como afirma el autor sin aportar ninguna prueba en la p. 53 §2 y 3. Se conservan, por el contrario, numerosísimas cartas en las que Mons. Escrivá de Balaguer se niega a hacer las recomendaciones que le piden; lo dice de forma delicada, pero muy clara (por ejemplo, la que escribió el 23.II.43 a D. Epifanio Lorda; el 29.III.57 al doctor D. César Serrano; el 20.IV.61 a D. Domingo Fumanal; en diciembre de 1969 a Mauricio Albás, etc.).

Tampoco dijo nunca (p. 37) que "el fin justifica los medios". Por el contrario, predicó constantemente la rectitud y la honradez en todas las actuaciones humanas y subrayó, de acuerdo con las normas de la moral, que el fin no justifica los medios.

Es falsa también la frase, y el sentido que le da el autor, puesta en labios del Fundador del Opus Dei, acerca de fundaciones de frailes y monjas "que nacen para hacer cosas evangélicas y terminan dedicándose a educar niños ricos" (p. 15). Mons. Escrivá manifestó constantemente, con palabras y con obras, su amor al estado religioso, como atestiguan numerosas comunidades de religiosos, y una entrega constante a todos.

Son falsas las palabras que pone en labios del Fundador del Opus Dei contra el Papa Pablo VI (p. 27). Su actitud fue muy distinta a la que describe en el §3. El nombre del nuevo Papa se supo, aproximadamente, a las 12 de la mañana del 21 de junio; y las primeras palabras que un grupo numeroso de miembros de la Obra oyó de su Fundador fueron, casi textualmente: "no puedo olvidar que la primera mano amiga que encontré en Roma fue la de Mons. Montini". Y añadió, lleno de fe, que estaba seguro que durante ese pontificado se darían los primeros pasos para la solución jurídica del Opus Dei. Eran las dos de la tarde.

Y es falso también el juicio sobre Pablo VI: "Montini no apreciaba la fogosidad y el talante de Escrivá" (p. 26). Este juicio de intenciones contradice los testimonios que constan documentalmente, que incluyen palabras de estímulo y aliento de Pablo VI hacia el Fundador. El 1 de octubre de 1964 dirigió un quirógrafo a Mons. Escrivá de Balaguer en el que le manifestaba: "consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea".

Dice un declarante: "Yo le oí muchas veces decir lo que él luego escribió en la Instrucción de San Gabriel y es que nosotros no tendríamos nunca Universidades" (p. 78). En realidad, esa Instrucción no afirma tal cosa. La única referencia que incluye a la Universidad aparece en una relación de los ámbitos en los que los fieles del Opus Dei pueden prestar su servicio a la sociedad y a la Iglesia. Por el contrario, lo que el Fundador del Opus Dei declaró en repetidas ocasiones es que llevaba rezando muchos años por la creación de lo que luego sería la Universidad de Navarra.

2. Frases desfiguradas

Inducen también a error las frases que son ciertas en sí mismas, pero que quedan desfiguradas en el contexto, de tal forma que adquieren un sentido distinto al que el Fundador quiso darle.

Al referirse a los comienzos, se afirma que el Fundador del Opus Dei hablaba de la "obediencia ciega", en un sentido distinto al que le daba cuando empleaba esta expresión. Si en algún momento escribió (Camino, n. 941) que había que obedecer ciegamente, es preciso entender este término que indica la disponibilidad plena que requiere la obediencia cristiana en el contexto de sus constantes enseñanzas sobre esta virtud. En otro escrito de esa época afirma: "Obedecer dócilmente. Pero con inteligencia, con amor y sentido de responsabilidad, que nada tiene que ver con juzgar a quien gobierna" (Surco, p. 372). Desde el principio, especificó concretamente que la obediencia en la Obra no debe ser perinde ac cadaver, como si se tratara de una obediencia irresponsable. El ejercicio de esta virtud supone una perfecta comprensión del fin, y una amplísima iniciativa en la disposición de los medios. La obediencia se enseña a vivir en el Opus Dei, a diferencia de como la presenta el autor (sumisión ciega, gregarismo fanatizado, etc.), como una virtud propia del espíritu cristiano, virtud necesaria para los que quieren reproducir en su vida los sentimientos de Jesucristo, que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de Cruz. Por otra parte, el objeto de esa obediencia, dentro del Opus Dei, cae siempre en el ámbito de los fines específicos de la Prelatura: la santidad personal y el apostolado.

En otro momento, el autor afirma que, cuando el Fundador indicaba que había que tener fe en la Iglesia "a pesar de los pesares", aludía en tono acusatorio "al pontificado autoritario de Pío XII" (p. 22). El mismo Fundador explicaba el sentido de esa frase: se refería a todas las miserias humanas, pese a las cuales la Iglesia es santa; solía decir a su interlocutor como consta en numerosos testimonios , si le preguntaba a qué se refería: "a mis pecados personales y a los tuyos" (Cfr. Es Cristo que pasa, 131).

Se dice que "Escrivá no tuvo la menor duda, a la hora de estallar la guerra civil, de que su lugar y el de su apostolado, estaba en la zona nacional a la que se pasó cuando pudo" (p. 60). La realidad histórica es que dudó antes de pasar; y que lo hizo guiado por razones apostólicas, y porque por su condición de sacerdote se encontraba en constante peligro de muerte. No es correcta la interpretación de esa actitud como una manifestación de "fervor nacionalista". Mons. Escrivá alentó en su predicación a la virtud cristiana del patriotismo, pero nunca al nacionalismo en su sentido excluyente.

Carece de fundamento la afirmación de que en Camino "pueden rastrearse notorias referencias a lo que el mundo católico español llamaría la Cruzada" (p. 60 §6), cuando es notorio que gran parte de los puntos de Camino se contienen en Consideraciones Espirituales, publicado antes de la guerra civil, en 1934. Dice el autor que el Fundador del Opus Dei "respiraba un clima de nacionalcatolicismo" (p. 150). Sin embargo, basta comparar los primeros escritos del Fundador del Opus Dei (Camino, Surco, Forja) con otras publicaciones posteriores (por ejemplo, Es Cristo que pasa, Amigos de Dios) para observar que contienen una doctrina homogénea y que no hay en ellas el menor rastro de lo que algunos llaman nacionalcatolicismo.

3. Reduccionismos e interpretaciones parciales

Son numerosas además las injurias directas contra el Fundador y los errores en la interpretación de su actuación y sus enseñanzas: (pp. 13, 15, 19, 22, 24 27, 36 37, 47, 53, 61, 63, etc., etc.).

Las referencias que intentan presentar al Fundador del Opus Dei alentando empresas con finalidad económica son particularmente insidiosas. Cuando los miembros de la Obra han promovido este tipo de empresas lo han hecho siempre en el ejercicio de su libertad y bajo su exclusiva responsabilidad personal. La institución no tiene nada que ver con ellas. Por eso, uno de los declarantes, que ejercía en el momento en que sitúa su relato un cargo de gobierno en el Opus Dei, tuvo que oír de labios del Fundador esta respuesta al hablar de "nuestras empresas" refiriéndose a las que libremente promovían los miembros del Opus Dei: "¿qué empresas tienes tú, si ninguno de los Directores nos hemos metido en eso?" Y Mons. Escrivá hizo que se escribiera una nota para corregir ese error.

El autor interpreta en sentido puramente temporal la actitud del Fundador cuando afirma que insistía "en la necesidad de conseguir puestos docentes" (p. 142), como manifestando una apetencia de poder. Todos los testimonios orales y escritos que se poseen muestran con unanimidad que Mons. Escrivá de Balaguer recordó la necesidad de convertir todas las profesiones en instrumento de servicio a los demás, de santificación y de apostolado.

El autor fuerza el sentido de las palabras cuando interpreta el "apostolado de la mala lengua" (que está claramente explicado en Camino, p. 580) como "la adopción de actitudes machistas" (p. 143). Añade: "También muchos postulantes fueron introducidos allí en el uso del tabaco asociado a la normalidad masculina" (p. 143).

Afirma en otro momento que Mons. Escrivá formó parte "del grupo de sacerdotes que daba ejercicios espirituales al General" Franco, y que "mantenía largas conversaciones con él acerca de la unión entre la Iglesia y el Estado, que luego sus críticos vendrían en llamar nacionalcatolicismo" (p. 62). En realidad, el Fundador del Opus Dei no formó parte de ningún grupo, y entre los numerosísimos ejercicios espirituales que predicó en esa época, sólo uno estaba dirigido al general Franco. Peter Berglar cuenta en su libro (o.c., p. 327) una anécdota mucho mejor documentada: "Cuando Mons. Escrivá de Balaguer, en los años cuarenta, dirigió unos días de retiro espiritual al Jefe del Estado y a su familia, consideró que no le vendría mal una meditación sobre la muerte. El Jefe del Estado escuchó con atención sus consideraciones espirituales sobre este punto y dijo que, desde luego, había pensado alguna vez en este asunto y que tenía tomadas las medidas oportunas. Se ve que en aquel momento la muerte para él significaba fundamentalmente un problema político... Más tarde, cuando el Obispo de Madrid tuvo conocimiento del hecho, le comentó en la primera ocasión en que coincidieron: «Después de ésta en España nunca será Obispo...». «Me basta contestó el Fundador del Opus Dei ser sacerdote». También en Franco veía, antes que nada, un alma".

4. Amor a la libertad

En varios momentos se relata la actuación de miembros de la Obra en actividades temporales y se pone en entredicho la libertad con la que desarrollaban esas actividades. Cuando el Fundador estimulaba a estar presentes en todo el tejido social, lo hacía con respeto a la libertad personal. En esos ámbitos, los miembros del Opus Dei, como cualquier fiel cristiano, gozan de la más completa libertad para formar su criterio: no tiene más límite que la ley de Dios y la fidelidad a la Iglesia santa. Para comprobar esto basta acudir a la realidad histórica. Por ejemplo, en el caso concreto de España, los miembros de esta institución de la Iglesia han mantenido posturas muy diversas, y en muchos casos contrapuestas, durante el régimen franquista y el periodo democrático. Se trata de una realidad tan patente que incluso aparece en alguna de las declaraciones recogidas en el libro: "era muy difícil presionar en aquellos hombres" (p. 73).

Se habla de una supuesta "maniobra del Padre Escrivá que movía los hilos desde Roma y pretendía aparentar una confrontación de ideas" (p. 47). Las personas del Opus Dei que actuaron en la vida pública durante esos años han testimoniado públicamente su libertad de actuación, sin presiones de ningún tipo. Por el contrario, siempre que tenía ocasión el Fundador del Opus Dei recordaba la libertad política de la que gozan todos los miembros e insistía en la necesidad de respetar la libertad y la opinión de los demás: cada uno hace lo que quiere en lo temporal, siempre que no se aparte de la fe católica; pueden defender todas las opiniones compatibles con la fe católica.

Se afirma también que "la gente de la Obra se siente particularmente incómoda en la sociedad pluralista" (p. 170). Esta afirmación gratuita contradice un hecho históricamente innegable: algunos miembros del Opus Dei han participado, con plena autonomía y responsabilidad personal, en la vida pública de la democracia.

Se califican como "disensiones" a las consecuencias lógicas del pluralismo de opciones políticas entre los miembros de la Obra, cuando es, precisamente, una muestra de la libertad de la que gozan en asuntos temporales. Una anécdota elocuente en este sentido: en 1953 el Secretario General del Opus Dei y el Consiliario de España estaban preocupados por la campaña de prensa falangista contra algunos miembros de la Obra Florentino Pérez Embid, Rafael Calvo, etc. , que habían comenzado a actuar en política. Aprovechando el paso por España de Mons. Escrivá de Balaguer, fueron a verle los dos a Molinoviejo, una casa de retiros en la provincia de Segovia. Estando presente D. Álvaro del Portillo, preguntaron al Fundador del Opus Dei si sería oportuno para acallar esa campaña indicar a esos miembros del Opus Dei que abandonaran durante algún tiempo su libérrima actuación política. Mons. Escrivá de Balaguer les contestó muy claramente, de acuerdo con lo que había vivido siempre, que no tenían ningún derecho a dar esa indicación; que su deber como directores era respetar la libertad de actuación de cada uno de los miembros de la Obra. Y, para expresar gráficamente ese criterio que conocían bien, porque lo habían oído y se había practicado siempre en la Obra y porque lo habían transmitido a los demás , les dijo que, cuando canonizaran a algunos fieles del Opus Dei, los representarían en los retablos con unas rosas en las manos que se abrían solas; y añadió: "pero no hay rosas sin espinas, lo que sucede es que, de ordinario las espinas me tocan a mí". Entendieron que, para respetar la libertad, para defender los derechos de cada persona, tenían que soportar con paciencia esa contradicción de la campaña de prensa.

José Miguel Cejas

 

El libro: ¿historia o alegato?

Metodología y fuentes

Algunas falsedades significativas

Falseamiento de la vida y de las enseñanzas de San Josemaría

Falseamiento de la realidad del Opus Dei

El autor