Algunas falsedades significativas

Alberto Moncada Lorenzo
Plaza & Janés. Octubre 1987. 175 pp.

1. Un muestrario de falsedades

Pero lo que resta decisivamente calidad y rigor científico al libro es su propia construcción interna. El lector imparcial busca en un libro de historia datos que fundamenten los juicios. Sin embargo, en este caso, el autor le ofrece juicios y le escamotea los datos. Y para alcanzar las conclusiones establecidas de antemano se manipulan datos y hechos sobre la vida de una persona y de una institución cuya historia está rigurosamente documentada: Mons. Escrivá de Balaguer y el Opus Dei.

Resulta imposible reflejar en el marco forzosamente breve de una reseña todos los errores, reduccionismos, manipulaciones y confusiones de este libro. Se exponen, a continuación, sólo algunos ejemplos.

2. Inexactitudes e imprecisiones

El autor pone de manifiesto su ignorancia en cuestiones relativas al derecho canónico, como cuando asimila las diócesis personales a las prelaturas personales (p. 20). El texto carece de rigor en numerosos lugares: por ejemplo, se alude a "aquel libro de San Alfonso María de Ligorio que circulaba por los seminarios"; es pródigo en generalizaciones de todo tipo; incluye acusaciones anónimas: "solía obtener exenciones", se dice en la p. 19, refiriéndose al Fundador del Opus Dei. ¿Cuándo? ¿Cuáles?.

Es fácil encontrar numerosas inexactitudes históricas (afirma por ejemplo, en la p. 21, que D. Álvaro del Portillo "a su vuelta a Madrid explicó a Escrivá que era necesaria su presencia personal". Esto es falso: no volvió; se lo comunicó por carta). Dice que calmaba "las inquietudes" que provocaba la construcción del Colegio Romano (que sitúa, en la p. 37, a partir del año 1950) con la batalla para la aprobación de la Obra. No advierte que esa aprobación se dio ya en 1947 y, de modo definitivo, en 1950. Estas confusiones son constantes: sitúa el comienzo de la labor con los sacerdotes diocesanos en 1955 cuando en realidad empezó en 1952, y pasa de una época a otra con gran facilidad (por ejemplo, en la p. 48, de los años 50 a los 70). Aplica criterios de unas épocas a otras: por ejemplo, afirma que, en los comienzos de los años sesenta, la causa por la que las familias enviaban a sus hijos a los colegios del Opus Dei era "el clima español de creciente libertad de costumbres".

3. En el lecho de muerte

Afirma el autor, al hablar del final del expediente jurídico del Opus Dei, que "la última firma de Pío XII se consiguió literalmente en su lecho de muerte. Parece que incluso el documento original conserva las huellas de esa circunstancia" (p. 24). Sin embargo, en el párrafo siguiente aparece la fecha correcta de la aprobación definitiva de la Obra: el 16 de junio de 1950. Y Pío XII murió el 9 de octubre de 1958.

4. Una audiencia con Pío XII

Se lee en la p. 21 el relato de la audiencia de D. Álvaro del Portillo con Pío XII, que se sitúa en el año 1945: "Poco después, Álvaro del Portillo, ya ingeniero de Caminos y vestido con el uniforme de gala del cuerpo, presenta por primera vez a Pío XII un proyecto de Institutos seculares y de Constituciones del Opus Dei". Y continúa diciendo: "el proyecto iba preparado con el mismo formato con que se preparan en España los proyectos de los ingenieros de Caminos y había cierta sensación de que aquello impresionaría allí". Todo por una razón: se esperaba "«que en la Curia romana estuvieran menos adelantados en materia de métodos y sistemas». Un monseñor agregado a la embajada de España en Roma, llamado Ussía, preparó la entrevista y ayudó en ese primer contacto oficial".

Este texto muestra elocuentemente cómo se ha elaborado el libro. En primer lugar, la audiencia no tuvo lugar ese año, sino el 4 de junio de 1943. En segundo lugar, la documentación presentada no incluía ningún proyecto de Instituto Secular. En tercer lugar, resulta pueril asegurar que se pretendía impresionar a la Curia Romana con... una encuadernación o formato. Y en cuarto lugar, D. Marcos Ussía no era Monseñor en aquella época, ni agregado de la Embajada de España, ni siquiera sacerdote se ordenó en 1949 , sino un joven seminarista de Vitoria. Fue nombrado Prelado de honor muchos años más tarde, en 1959.

5. De la Escuela del Debate a la Oficial

Afirma el autor: "Parece que Escrivá fue introducido en la Escuela de periodismo del Debate y allí se familiarizó con las consignas propagandísticas de la Iglesia oficial" (p. 59). En realidad, Mons. Escrivá fue profesor de Ética General y Moral Profesional en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid, fundada y dirigida por D. Pedro Gómez Aparicio, como consta en numerosos perfiles biográficos que se han publicado desde hace décadas.

Por otra parte, en este punto aparece una de las contradicciones internas del libro. Dice en la p. 59 que su primer contacto en los años 30 fue "en los ámbitos de la Acción Católica y en particular de los propagandistas". Afirma luego falsamente como hemos visto que se introdujo en El Debate. ¿Cómo conciliar esta afirmación con lo que se dice en la p. 17, donde se asegura que había "cierta confrontación, desde un primer momento, con la Acción Católica y en particular con la Asociación de Propagandistas?" Si la había, ¿por qué le ofreció Herrera (cosa que no menciona) la dirección de la Casa del Consiliario? ¿Cómo es posible entonces que un sacerdote del Opus Dei fuese, a petición de los interesados, Consiliario de la Juventud Universitaria de Acción Católica desde 1949 a 1951? (Vid. 1000 nombres de la Iglesia de España, p. 643).

6. El título de Licenciado

Se afirma en el libro: "Yo incluso dudo mucho de que hubiera estudiado derecho. Nunca vi su título de Licenciado" (p. 19). Como consta en el expediente académico personal que se conserva en el Archivo de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, Mons. Escrivá de Balaguer inició en 1923 sus estudios de Derecho en la Universidad civil de Zaragoza, donde obtuvo el grado de licenciado el 15 de marzo de 1927. Esa Universidad le expidió el título el 12 de junio de 1934, y fue enviado al Rectorado de la Universidad de Madrid para su entrega al interesado el 22 de agosto de ese mismo año. También se conserva la orla de promoción de Mons. Escrivá de Balaguer en la que aparece con otros alumnos que concluyeron la carrera ese año.

7. Eijo y Garay y el Opus Dei

Se afirma también que a Eijo y Garay "le costó trabajo aceptar la labor de Escrivá" (p. 18). La realidad histórica fue muy distinta. Fue el Patriarca quien animó en varias ocasiones al Fundador del Opus Dei a presentar la documentación pertinente para la aprobación como Pía Unión el 19 de marzo de 1941. Y el 24 de mayo de 1941 escribía al Abad-Coadjutor de Montserrat, Dom Aurelio M. Escarré, refiriéndose al Opus Dei: "Desde que se fundó en 1928 está tan en manos de la Iglesia que el Ordinario diocesano, es decir, o mi Vicario General o yo, sabemos, y cuando es menester dirigimos, todos sus pasos; de suerte que desde sus primeros vagidos hasta sus actuales ayes resuenan en nuestros oídos y... en nuestro corazón. Porque, créame, Rmo. P. Abad, el Opus es verdaderamente Dei, desde su primera idea y en todos sus pasos y trabajos".

Por otra parte, esa afirmación resulta contradictoria con el mismo contenido del libro: en la p. 20 se presenta a Mons. Eijo y Garay como el defensor de Mons. Escrivá de Balaguer frente a las insidias. En este mismo sentido, dice en la p. 23 que todos los Obispos dieron su visto bueno a la aprobación del Opus Dei. Y en la p. 62 se afirma que en ese periodo tenía "confrontaciones con el mundo eclesiástico", salvo con Eijo y Garay.

8. El Opus Dei y el Concilio

Se afirma que Mons. Escrivá de Balaguer se alinea con las "corrientes integristas y anticonciliares de la Iglesia" (p. 156); que durante el tiempo del Concilio "se prohibía internamente la lectura y el comentario de los documentos conciliares" (p. 26), etc. La realidad también difiere notablemente en este caso de la afirmación señalada. En el Concilio intervenían, como Padres Conciliares, varios miembros del Opus Dei. En especial, el actual Prelado, Mons. Álvaro del Portillo: en las etapas previas del Concilio Vaticano II, fue Presidente de la Comisión Antepreparatoria para el Laicado y formó parte de otras Comisiones preparatorias; más tarde fue designado entre los cien primeros peritos del Concilio. En los años de desarrollo del Concilio fue Secretario de la Comisión sobre la Disciplina del Clero y del Pueblo Cristiano y Consultor de otras Comisiones Conciliares: la de Obispos, la de Religiosos, la de la Doctrina de la Fe, etc. Pablo VI le nombró Consultor de la Comisión postconciliar sobre los Obispos y el Régimen de las Diócesis, de la S. C. para la Doctrina de la Fe y de la S. C. para el Clero.

El Fundador del Opus Dei, a raíz de una audiencia con Juan XXIII, escribió una carta a los miembros del Opus Dei el 2 de julio de 1962, para que se le unieran en agradecimiento por haber tenido otra vez "el honor y la alegría" de ver al Papa, y pidiéndoles oraciones "por el feliz éxito de esa gran iniciativa que es el Concilio Ecuménico Vaticano II".

Son numerosos y cualificados, por otra parte, los testimonios de personalidades eclesiásticas en los que se reconoce a la doctrina de Mons. Escrivá de Balaguer como figura precursora del Concilio Vaticano II. Pueden citarse, entre otros: Card. Baggio (Avvenire, Milán, 26-VII 75), Card. Frings, Card. Casariego (L'Osservatore Romano, 14-VII 75), Card. König (Corriere della Sera, Milán, 9-XI 75), etc.

Además, en ese Concilio está el punto de partida para la figura jurídica definitiva del Opus Dei: la Prelatura personal; y fueron los textos del Concilio los que recogieron la llamada universal a la santidad, que había venido recordando desde hacía treinta años el Fundador del Opus Dei. Entre otros muchos ejemplos, cabe recordar que un miembro del Opus Dei publicó la versión castellana de todos los documentos del Vaticano II (Ed. Palabra, 1968).

9. La "batalla campal" del César Carlos

Se elevan anécdotas irrelevantes a la categoría de acontecimientos. Por ejemplo, se deforma la realidad en la p. 63 al contar el pequeño incidente entre estudiantes universitarios del César Carlos y la Moncloa. Cuenta que "un grupo de numerarios fue al «César Carlos» y organizó una batalla campal a puñetazos. Aunque aquello no pasaba de ser un lance estudiantil, reflejaba las tensiones entre hombres, casi todos doctores, que, con el tiempo, llegarían a la cúspide del poder franquista y pelearían entre sí por el mayor control de la situación". Efectivamente, estudiantes que residían en el César Carlos fueron una noche a insultar con cantos al Opus Dei y a su Fundador; y una o dos noches después, cinco o seis residentes de la Moncloa fueron al César Carlos para pedir explicaciones: el único puñetazo fue el que dio Antonio Salgado miembro de la Obra, y conocido falangista y activo miembro del SEU a Pío Cabanillas. Calificar de doctores a casi todos y afirmar que llegarían a la cúspide del poder franquista resulta, cuando menos, una exageración. Difícilmente se podría presentar este suceso como un precedente de posteriores disputas sociales, cuando la afiliación política de ese miembro del Opus Dei contradice el simplista esquema de esas supuestas disputas.

10. La constructora EOSA

Se afirma, en el deseo de vincular al Opus Dei con actividades libres de sus miembros, que tres personas de la Obra crearon una empresa Eosa (Edificios y Obras S.A.) "que pudieran suministrar materiales o servicios a las obras del Consejo" (pp. 33 34).

Sin embargo, la realidad es que la Empresa Eosa, como se puede verificar fácilmente en sus archivos y como consta por los testimonios de Fernando Valenciano, que trabajó en ella durante 30 años, desde 1945, no construyó nunca nada para el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

11. Unos Ministros en Irún...

Afirma el autor que "el Fundador decidió e hizo cumplir que cada vez que él llegara a España lo fueran a esperar, junto a las autoridades de la Obra, todos los ministros de Franco pertenecientes a ella" (p. 72). Y llega a decir que eso hacía que tuvieran que desplazarse a veces desde Madrid hasta Irún. Los hechos descritos en este relato, descalificado por el testimonio de los aludidos, no ocurrieron nunca: ni a ellos, ni a ninguna otra persona, en razón de su cargo público, les pidió semejante cosa.

12. ...y otros en Santiago de Compostela

Con objeto de vincular a Carrero Blanco con el Opus Dei, se afirma que "veraneaba en Galicia y un día le invitaron a una Residencia del Opus Dei en Santiago, «La Estila», donde había un acto académico en el que dio una conferencia López Rodó sobre la reforma administrativa. A Carrero le gustó mucho" (p. 67). Pero ni Carrero veraneaba en Galicia ni asistió jamás a una conferencia de López Rodó en «La Estila». El ministro que presidió el acto al que se refiere el libro fue D. Jesús Rubio García-Mina, Ministro de Educación. Se sigue diciendo que "los años 53, 54, 55 y 56 son años de la consolidación de la influencia política de López Rodó" (p. 68). En realidad, la entrada en política de López Rodó no tuvo lugar ni en el 53, ni en el 54, ni en el 55, y por poco, ni en el 56. El primer nombramiento político de López Rodó, como Secretario General Técnico de la Presidencia del Gobierno, tuvo lugar a finales del 56: concretamente el 14 de diciembre.

13. Empresas y empresarios

Toda la historia que se hilvana en estas páginas sobre Ruiz Mateos, basada en la dependencia económica-religiosa del empresario a Luis Valls, al que coloca, por ser "superior interno con competencias espirituales y temporales", en la "cúpula del poder religioso y temporal", carece de fundamento: Ruiz Mateos no pidió la admisión hasta 1964 y Luis Valls no fue en los años 60 lo que el autor llama "superior interno" (p. 55 §2). Valls cesó en el cargo que ocupaba en la Comisión Regional de España en 1961. Además, durante el tiempo que ocupó ese cargo, no tenía competencias temporales como no las tiene ningún Director.

No es verdad que en las empresas de Ruiz Mateos trabajaran cientos de supernumerarios y cooperadores: trabajarían algunos, los que quisieran, con absoluta libertad, tanto por parte del interesado como por parte de Ruiz Mateos; muchos siguieron a su lado profesionalmente y otros tuvieron las naturales diferencias profesionales con él, con total libertad. Son falsas las afirmaciones sobre supuestas entregas monetarias al Opus Dei (p. 55 §4). La Oficina de Información del Opus Dei en España ha precisado exhaustivamente la realidad.

14. Lucidez madura

Por este camino, todo lo sobrenatural queda relegado a puro interés o necesidad económica, material o coyuntural. Se llega a afirmar que la Sección de mujeres nace por problemas de intendencia (p. 104) y la labor con personas casadas para apoyar el apostolado juvenil (p. 108 109). Aparecen otras afirmaciones que no resisten el más somero análisis: el autor pretende demostrar que todo el Opus Dei vivió prácticamente durante cinco o seis años (los años de construcción del C.S.I.C.) a costa de los honorarios de uno de los declarantes (p. 34 §5). Se lee que "muchas voluntades eran contrariadas hasta el borde del suicidio" (p. 149); que había en Roma, donde vivía el Fundador, docenas de cajas de bombones "por si le apetecía uno" (p. 107); que "en una ocasión pidió la séptima tortilla porque las seis anteriores no estaban a su gusto" (p. 107); que en la posguerra los miembros del Opus Dei jugaban al fútbol, pero "los de mejor origen social, practicaban el montañismo" (p. 99); que existe "el conocido precepto de pedir permiso incluso para beber agua entre comidas" (p. 20); etc., etc.

El autor considera que esto es criticar "el fenómeno Opus Dei desde una lucidez madura" (p. 11).

15. Otras contradicciones

Las contradicciones internas son frecuentes en las obras de este autor contra el Opus Dei. En El Opus Dei, una interpretación ofrecía un buen elenco (pp. 11, 13, 81, 89, 126, etc.). Afirmaba, por ejemplo, que no conocía obreros del Opus Dei y aseguraba a continuación "que se ganan adeptos en el obrero seducido por la sociedad de consumo" (p. 47). En este nuevo libro se descubren con facilidad numerosas contradicciones internas.

Dice que tras el Concilio Vaticano II "se congela la investigación teológica propia" (p. 117), cuando precisamente una de las cosas que hizo el Fundador para activar la investigación teológica tras el Concilio fue... fundar una Facultad de Teología en Navarra.

Se establecen leyes generales que luego desmienten las propias declaraciones. Por ejemplo, refiriéndose a la imaginaria "persecución" que dice padecer uno de sus declarantes, afirma el autor: "La problemática de la salida y posterior persecución del Opus Dei suele seguir, corporativamente, esa línea de obstrucción profesional por los superiores de la Obra" (p. 163). Después de establecer la ley general, no se demuestran casos concretos: uno de sus declarantes afirma que después de abandonar su vocación "me querían traer a su esfera de influencia, proponiéndome unas colaboraciones que nunca llegaron a plasmarse o la participación en una enciclopedia, en la cual aparezco al lado de personas de su grupo" (p. 160). No se entiende cómo esto puede significar una persecución.

En la página 11, afirma Moncada que uno de los declarantes "tuvo que sufrir una de las persecuciones más tenaces" al abandonar la Obra (p. 11). La realidad fue muy diferente: jamás nadie hizo lo más mínimo para perjudicarle, entre otras cosas, porque esa persona vivía voluntariamente aislada y pocos advirtieron su marcha. Más aún, un miembro del Opus Dei se puso en relación con él, en esas circunstancias, para intentar ayudarle en lo que necesitase, como siempre se ha hecho. Y el aludido explica claramente en la p. 164: "en ningún momento me he sentido perseguido por el Opus Dei". Otro atestigua: "conservo amigos maravillosos" (p. 121). Y testimonia que encontró en los socios de la Obra de lo años 30 y 40 "una gran generosidad. La encuentro aún. También en muchos otros de mi generación y en algunos que he tratado hasta 1979. Los he querido y los quiero" (p. 128). Y al describir el itinerario biográfico de otra persona queda de manifiesto la ausencia de cualquier persecución. En este caso, no sólo la realidad de las cosas, sino también el mismo testimonio de la mayoría de los interlocutores contradicen al autor.

José Miguel Cejas

 

El libro: ¿historia o alegato?

Metodología y fuentes

Algunas falsedades significativas

Falseamiento de la vida y de las enseñanzas de San Josemaría

Falseamiento de la realidad del Opus Dei

El autor