Metodología y fuentes

Alberto Moncada Lorenzo
Plaza & Janés. Octubre 1987. 175 pp.

1. No es un libro de historia. Ni de sociología

El autor del libro no es un historiador. Esto que ofrece no es propiamente, como hemos visto y el autor reconoce, un libro de historia. Tampoco de sociología: no tiene ni el rigor científico, ni el aparato crítico, documental, estadístico, etc., propio de los estudios sociológicos. Se le puede aplicar la crítica que apareció en una carta publicada en Triunfo (nº 616) a propósito de su libro El Opus Dei, una interpretación: "es un producto híbrido de relato personal, reflexiones culturales y exhortaciones intrarreformistas del Opus Dei, que se queda a medio camino en todo".

Además de la ausencia de fuentes documentales y de aparato crítico, el presunto carácter científico del libro queda en entredicho por las graves acusaciones muchas veces contradictorias entre sí que contiene, sin garantías históricas de credibilidad. Y esas acusaciones con frecuencia apasionadas se contradicen con los testimonios de miles de personas, y ante todo con los hechos mismos que se intentan describir. Se enfoca la realidad del Opus Dei desde una perspectiva tan alejada de la comprensión de la fe como del rigor histórico.

Se puede elaborar una historia oral cuando faltan las fuentes escritas: no es éste el caso. También se puede construir una historia con declaraciones de seis personas, cuando son las únicas de las que se dispone. Tampoco es el caso: el autor podría haber contado con multitud de testimonios publicados e inéditos , pero ha elegido sólo unos determinados, en concreto seis. La dificultad entonces es ésta: ¿cómo aceptar que un relato, construido con unas pocas declaraciones, muy parciales y negativas, pueda llegar a convertirse en la "historia oral" del Opus Dei; o sea en la historia de la vida de más de 73.000 personas de noventa nacionalidades durante sesenta años? ¿Qué credibilidad merece esta "historia" cuando se elabora de espaldas a las fuentes documentales y a una elemental observación, en su realidad concreta, del fenómeno que describe?

2. Esquemas de interpretación

Salvo escasísimas referencias a otros países, todos los declarantes hablan del Opus Dei en España y se limitan a descripciones ancladas en una época concreta, pasada y singular: el franquismo. Ninguno de los entrevistados ha conocido directamente la realidad del Opus Dei en estos últimos años. Además, para el autor y sus declarantes, que rondan entre los cincuenta y cinco y los setenta años de edad, el Opus Dei es, por lo que se deduce de sus apreciaciones, fundamentalmente un "fenómeno español" al que juzgan con categorías mentales muy particulares del periodo franquista y que en gran medida se han vuelto obsoletas. Así, al hablar del mundo "de los numerarios maduros" (p. 156), el autor no considera que hay miembros del Opus Dei de noventa nacionalidades y centra su crítica en "la incorporación de tantos miembros de la Obra a la política franquista". Cuando se habla del afán apostólico universal del Fundador se reduce todo a un concepto propio del periodo franquista: "lo que luego se ha dado en llamar la reserva espiritual de Occidente" (p. 92). Eso les lleva a interpretar una realidad universal en su espíritu y en su vida con categorías ligadas a una época histórica muy concreta y ya superada.

Esas constantes alusiones a cosas antiguas hacen que el libro se vuelva difícilmente comprensible para un gran sector de lectores españoles no vinculados con el franquismo, prácticamente críptico para los lectores no españoles y sorprendente para muchos menores de treinta años. Por ejemplo, muchos jóvenes no entenderían ni la referencia a la "reserva espiritual", ni a la mantilla (p. 122), prenda en desuso desde hace años. Los liberales españoles del periodo democrático que son miembros del Opus Dei se quedarían posiblemente perplejos al leer que se puede ser liberal en la Obra sólo "con un esfuerzo mental casi esquizofrénico" (p. 122); y las decenas de millares de miembros del Opus Dei esparcidos por todo el mundo (desde Japón a Australia y el Zaire; desde Canadá y Suecia a Filipinas y Hong-Kong) no entenderían a qué se refiere el texto cuando habla de "añadiduras externas" puestas al parecer por señoras "de la burguesía bilbaína" (p. 105, 123). En todos estos casos, la vida real de los miembros del Opus Dei contradice, sin más comentario, unos esquemas interpretativos obsoletos y cerrados.

3. Parece que...

Ante la ausencia del dato histórico, el autor acude a numerosas suposiciones y para ello utiliza un recurso acientífico: anteponer un "parece que..." (por ejemplo, pp. 15, 17, 22, 23, 24, 59, 116, 166, etc.). Refiriéndose a la actividad del Fundador del Opus Dei en los primeros años se afirma: "No parece que sus primeras intenciones fueran el alentar a sus seguidores para tomar partido de una forma inmediata y entrar en la política activa de entonces" (p. 59). Los hechos demuestran que no sólo mantuvo esa actitud al comienzo, sino a lo largo de toda su vida: no hay ningún escrito suyo, ni hay declaración alguna en la que invitara a tomar un partido político concreto. Defendió siempre que no existen dogmas en las cuestiones temporales. Declaraba en 1966 a Tad Szulc, de New York Times, que la Obra no propone a sus miembros "ningún camino concreto, ni económico, ni político, ni cultural. Cada uno tiene plena libertad para pensar y obrar como le parezca mejor en este terreno" (Conversaciones, n. 48).

Pueden citarse otros muchos ejemplos significativos para mostrar el uso del "parece": "Parece que la estrategia del Opus en Barcelona (...) tenía acentos singulares" (p. 102); "A mediados de los sesenta, Escrivá parece que se fue convenciendo de que aquella etapa había que superarla" (p. 116), etc.

4. Juegos de palabras

El lenguaje que se utiliza, con resonancias políticas y terminologías extrañas, responde adecuadamente al contenido del libro, pero resulta impropio y confuso para hablar de una institución de la Iglesia. Por ejemplo, se habla de "adoctrinamientos" (pp. 99, 106), de adictos" (p. l5), de reclutamientos (p. 109), de "focos de propaganda" (p. 117), etc.

Estos juegos de lenguaje quitan la posible apariencia de seriedad científica. Y llegan muchas veces a la manipulación pueril: llama a la casa de Bruno Buozzi primero palacete (p. 37) y tres líneas más adelante la convierte en palacio: "hizo los bocetos de ampliación de la zona posterior del servicio del palacio" (p. 37).

Por medio también de juegos de palabras, asegura en las pp. 44 y 45 que la Obra compró el Banco Atlántico. Sin embargo, basta acudir a la lista de accionistas para comprobar que esta afirmación es errónea.

A veces, en esta búsqueda de forzados paralelismos, la manipulación queda especialmente en evidencia: "el estado mayor de la Obra se lee se sitúa en el «Hotel Sabadell», de Burgos, en el mismo lugar del estado mayor de Franco". El pretendido "paralelo" cae por su peso ante el análisis de la realidad histórica: el Fundador del Opus Dei vivía en la misma habitación con otros tres más en ese modesto hotel, hoy sede de la Policía municipal. Ese "estado mayor" que imagina el autor estaba compuesto por José María Albareda, Francisco Botella y Pedro Casciaro. Estos dos últimos, jóvenes, prestaban servicio militar en el Cuartel General, y tenían tan poco dinero que debían comer del rancho del cuartel para economizar. Y tuvieron que dejar esa habitación por falta de recursos.

Sigue diciendo: "allí parece que Escrivá conoció y trató a muchos de los personajes civiles y militares que serían luego importantes en el primer franquismo" (p. 17). El sesgo político de la frase es evidente, pero la realidad histórica fue mucho más rica: el Fundador del Opus Dei hizo apostolado siempre no sólo en Burgos con todo tipo de personas: estudiantes y catedráticos, gente humilde y de toda condición; hizo centenares de kilómetros, cuando no tenía medios económicos ni para sostenerse, para visitar y alentar espiritualmente a todos. Y cuando no podía ir personalmente, hacía que algún miembro de la Obra viera a esas personas. En esa época, hizo, por ejemplo, que atravesaran media España en guerra para atender y alentar espiritualmente a uno de los declarantes de este libro. Predicó a laicos y a religiosas, dio cursos de retiro y trató a numerosos sacerdotes, como D. Casimiro Morcillo, D. Pedro Cantero, D. Antonio Rodilla, D. Daniel LLorente, entre muchos otros.

La utilización de frases redondas hace incurrir al autor y a sus declarantes en errores notables. Se lee: "A partir de los años sesenta no vi más evangelio que Camino". Sin embargo, la predicación constante del Fundador siempre fue la de meterse en las escenas del Evangelio "como un personaje más". Y, como es conocido, el segundo punto de Camino alienta a leer el Evangelio, y se estimula a su lectura en numerosos puntos de esa obra; entre otros en los nn. 416, 470, 583, 586...

5. Un crédito de confianza

En obras anteriores, como argumento de credibilidad y como justificación de sus afirmaciones , el autor proponía al lector un crédito de confianza. Un articulista de El Comercio de Gijón (10.VIII.74) afirmaba con motivo de la aparición de su primer libro contra el Opus Dei: "con sus confidencias imprecisas deja en el lector un amplio margen para sospechar cualquier cosa, sin ofrecerle los datos que confirmarían esas suspicacias". Pero ya no puede excusarse el autor, como entonces, con censuras o presiones: si no proporciona los datos es porque no los conoce, porque no los tiene o porque no existen. Por eso, tras la lectura del texto, surgen las interrogantes: ¿cómo aceptar la objetividad de unos juicios, habitualmente negativos, cuando no se aporta ninguna fuente aparte de las declaraciones de sus interlocutores y la del propio autor? ¿Cómo valorar las afirmaciones de esos interlocutores cuando se refieren con frecuencia a conversaciones con otras personas, a menudo ya fallecidas, y de las cuales, si viven, no se ofrece su versión de los hechos? ¿Cómo aceptar sus versiones cuando se conocen, avaladas por numerosísimas personas, y con todas las exigencias del rigor histórico, otras versiones de sentido radicalmente contrario? ¿Cómo prestar crédito a un libro plagado de errores y confusiones históricas y cronológicas como las que se describen en estas páginas?

6. El problema no está en el archivo

El problema no proviene de la dificultad de acceso a las fuentes de información, como afirma el autor: "sería muy importante que se abriera para la ciencia parte al menos del monumental archivo que tan celosamente se guarda en la casa romana de Bruno Buozzi" (pp. 11 12). Esos archivos están abiertos, en efecto, para la ciencia; y han tenido acceso a ellos historiadores rigurosos. Peter Berglar, historiador alemán, autor de numerosos estudios y de importantes biografías (entre otras, de Metternich, Adenauer, Moro, Droste-Hülshoff, Schiller, la Emperatriz María Teresa, Mathias Claudius, von Humboldt, etc.) comenta en el capítulo I de su libro Opus Dei. Vida y obra del Fundador Josemaría Escrivá de Balaguer: "He contado con un rico material de fuentes históricas, que comprenden (junto con los escritos del Fundador y aquellas publicaciones sobre su persona y sobre el Opus Dei que son asequibles para el público en general) gran número de documentos y cartas de Mons. Escrivá que permanecen aún inéditos en la Postulación, a disposición de la Causa de Beatificación y de Canonización. He podido conversar largamente en España con muchos de los primeros miembros, con personas que trataron en su juventud al Siervo de Dios, que conocieron los primeros años de la Obra y que se pueden contar entre las personas más cercanas y más fieles al Fundador". A pesar de eso, por la proximidad histórica sesenta años reconoce: "este libro no puede ser una labor definitiva de historiografía" (pp. 20 21).

Un dato revelador para valorar este libro que no aporta una sola cita documental (se hace esporádicamente alguna referencia habitualmente errónea a algún documento "en general"): el estudio histórico El Fundador del Opus Dei, de Vázquez de Prada, ofrece al lector 910 citas de notas y documentos publicados e inéditos.

Para justificar la endeblez documental del libro, el autor recurre al fantasma del secreto, presente por todas partes. Afirma, por ejemplo, que las subvenciones a la Universidad de Navarra estaban "más o menos escondidas" (p. 86), cuando esas subvenciones aparecían claramente en la Ley de Presupuestos del Estado. Y llega a mencionar un inexistente "voto de secreto" (p. 154).

José Miguel Cejas

 

El libro: ¿historia o alegato?

Metodología y fuentes

Algunas falsedades significativas

Falseamiento de la vida y de las enseñanzas de San Josemaría

Falseamiento de la realidad del Opus Dei

El autor