La clave: ocuparse de los demás

 

Indice del capítulo: En la federación de Atletismo

El puesto de Coordinador Nacional de Atletismo de Categorías Menores de la Real Federación Española de Atletismo es el que me ha dado más satisfacciones. Me dediqué a ese encargo poco después de la Olimpiada de Montreal de 1976, y permanecí en él muchos años. Se trataba de seleccionar escolares en todo el país que tuvieran aptitudes para las diferentes modalidades atléticas y formar a los que destacan.

Es un trabajo poco lucido ante la profesión, pero muy eficaz, porque se llega a la gente más joven, que es la cantera del deporte. Me ayudaban en esa tarea muchos entrenadores de todo el país, y se movían más de mil chicas y chicos, jóvenes atletas. Con los que tenían mejores aptitudes solíamos organizar concentraciones, entrenamientos y clases de teoría y de técnica. Se celebraban habitualmente en Santiago de Compostela y en Santander, en verano.

En este tipo de encuentros procuro dejar siempre las reglas de juego muy claras. La primera, cuidar la puntualidad: sin puntualidad no hay quien organice nada. La segunda, cuidar los detalles y estar pendiente de los demás, procurando crear un ambiente de compañerismo. Les suelo decir:

—¿Queréis pasarlo bien? Pues el mejor modo de lograrlo es ocupándose de los demás. Probadlo y veréis el resultado. Fijaos: si cada uno piensa sólo en sí mismo, se encuentra él solo para ayudarse; en cambio, si sois veinticuatro y cada uno se ocupa de todos los demás, cada uno tendrá a veintitrés preocupándose por él. Así que la cosa está clara: preocúpate de tus compañeros y tus compañeros se preocuparán de ti.

Eran chicos y chicas de 15 a 17 años, que se portaban estupendamente, como casi todas las personas cuando se razonan las cosas. También les hablaba de la importancia del afán de superarse, para un atleta y para cualquiera:

—El atleta es como el salmón: cuantas más dificultades supera, mejor salmón es. Hay que saber remontar la corriente.

Al terminar el curso se marchaban felices de allí, aunque sentían el tirón de la despedida. Habían hecho amistades profundas, con esa lealtad de la juventud, hasta el punto de que a más de uno se le escapaba alguna lágrima en la fiestecilla final que organizábamos.

El resultado se notaba en muchos aspectos, en especial en lo deportivo. En 1993, por ejemplo, en la Olimpiada de la Juventud, que se celebró en Holanda, España fue la primera nación de Europa en el medallero de atletismo. Había un nivel muy alto, como sucede con más facilidad cuando están contentos. Procurábamos enseñarles no sólo técnicas deportivas, sino también inculcar virtudes humanas, y eso es quizá lo que más agradecen.