Un crecimiento constante

 

Indice del capítulo: Tajamar que crece

Poco a poco, Tajamar fue creciendo. Se construyeron los pabellones de lo que solemnemente llamamos la segunda fase, con la que comenzó el bachillerato en la rama laboral o técnica, que funcionaba como Instituto Laboral independiente de la Sección Filial del Instituto.

Pronto vendría la tercera fase, con la que comenzaron los estudios de formación profesional y los cursos intensivos para adultos en electrónica, torno, delineación, etc.

Con la cuarta fase de las obras se construyeron los pabellones de Primaria y otros campos de deporte más amplios. También se construyó el edificio central, el taller de forja y soldadura, y la residencia de profesores. Y por último, otro edificio con una torre, donde está el oratorio y un salón de actos. Debajo del oratorio hay una cripta, más pequeña, en la que queda reservado el Santísimo, donde los que quieren van a saludar al Señor al llegar o marcharse del colegio.

Este crecimiento de Tajamar no pasó inadvertido en Madrid, donde muchas empresas y fábricas empezaron a tener alumnos que habían estudiado en Tajamar. Algunas hicieron llegar sus ofertas de trabajo. Recuerdo que uno de esos grupos de antiguos alumnos comenzó a trabajar en la Standard Electric en verano de 1965, y el siguiente mes de mayo aquella empresa nos dirigió una carta que Bernardo nos leyó con satisfacción: «El comportamiento de este personal proveniente de Tajamar es hasta la fecha excelente, y su capacidad y rendimiento en el trabajo pueden considerarse extraordinarios».

A medida que pasaban los años, las sucesivas promociones iban abriéndose camino hacia el mundo universitario o hacia puestos de trabajo en la industria. Y empezó a suceder algo que me gustó mucho: antiguos alumnos procuraban ayudar económicamente a Tajamar porque sabían bien las necesidades que había y sigue habiendo.