Otro pequeño conflicto

 

Índice del capítulo: El Instituto Tajamar

Con el cambio a la vaquería se nos planteó otro problema nuevo. Aunque tanto la Colonia Erillas como la vaquería pertenecían al mismo distrito de Puente de Vallecas, había entre ambos lugares una distancia de unos dos kilómetros, así que los alumnos que ya teníamos procedían de una zona suficientemente lejana como para que los chicos jóvenes del entorno de la vaquería los miraran como extraños, o casi como invasores.

Empezaron a ser habituales entre los chicos las peleas a pedradas (que llamaban dreas). Se producían a la salida por la tarde, cuando los alumnos tenían que hacer el camino de vuelta por el descampado de las cerámicas o entre la chabolas del barrio de Doña Carlota. Aparecían algunos de los chicos que vivían por allí, asomando las cabezas por las lomas y descargando masivamente y por sorpresa sus pedradas, y reapareciendo luego más adelante, cuando menos se esperaba, para reanudar la pedrea.

Los alumnos procuraban salir siempre en grupo, y si era posible con otros más mayores, o con algún profesor. Pronto se vio que los agresores no respetaban la edad ni las canas, que tiraban a dar y que las brechas y heridas iban siendo cada vez más frecuentes.

Un día aparecieron serrados los postes de las porterías de fútbol. Otra mañana, varios cristales amanecieron rotos. Después de algunas indagaciones, alguien averiguó quiénes habían sido y se visitó a los padres en una chabola cercana. La respuesta fue de una lógica aplastante:

—Salimos por la mañana temprano a trabajar, o a lo que caiga, y los niños se quedan por aquí. ¿Qué quieren que hagamos?

Después de dar bastantes vueltas al problema, la solución fue también de una lógica aplastante. Lo mejor era meter a esos chicos en Tajamar.

Como, por suerte, aún nos quedaban dos pajares de la vaquería en desuso, se habilitaron un par de aulas más. Se hicieron con celeridad las gestiones oficiales en el Patronato de Suburbios, hasta conseguir las autorizaciones necesarias y escolarizar a esos chicos que consideraban, con cierta razón, invadido su territorio.

Las gestiones dieron resultado pronto. Así, otros cuarenta chicos incrementaron nuestro alumnado. Comenzó en Tajamar la enseñanza primaria y con la asistencia a las clases en la vaquería, se acabó aquella "guerra".