El día de la inauguración

 

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El domingo siguiente fue la inauguración. Aún no había luz eléctrica y sólo se contaba con tres sillas y dos sillones en la pequeña sala de estar. Paco Uceda consiguió que le prestaran tres bancos de la Casa de Socorro del Puente de Vallecas, a la que se había trasladado como practicante. Al final hubo asiento para todos. En la tertulia celebramos el acontecimiento con canciones. Después el sacerdote dirigió un rato de meditación, de la que guardo un recuerdo muy entrañable.

Mientras, cada uno intentaba conseguir muebles; y como no había dinero, se aceptaba lo que dieran: un cuadro, un jarrón, un par de sillas, una lámpara, una mesa, unas estanterías, un armario, etc. En alguna reunión, un poco más numerosa, se veían sillas de cocina de distintos colores, con asiento de enea, otras barnizadas, de contrachapado, taburetes...

Los chicos que venían por Requena sentían esa casa como algo suyo. Se les hablaba de cuidar los detalles pequeños y de ayudar a la instalación de la casa. Uno de aquellos primeros días, al pasar por la calle, me encontré a la madre de uno de ellos. Me detuve para saludarla. Me dijo, divertida:

—Ayer, mi hijo al llegar a casa, vino a buscarme a la cocina y me dijo: tenemos que amueblar nuestra casa, mamá. ¿No te parece que este jarrón, aquel cuadro... —iba moviendo el brazo, como señalando varios objetos— nos vendrían muy bien?

También me acuerdo de otro, que trabajaba como administrativo de una notaría, y que quiso contribuir a la instalación. Eso significaba que se quedaría varios domingos sin fútbol y sin cine.

Con la alegría del hallazgo de aquel piso, Alfredo Castro, que era el director del Centro, propuso realizar un acto fundacional de aquello que se estaba tratando de crear.

Se reunieron los integrantes de los dos clubes de fútbol, el Biencinto y el Super, el 22 de abril de 1957, en un lugar que habían cedido a Paco Uceda para la ocasión. Alfredo Castro improvisó unas palabras muy sentidas: Hoy nace el Club Deportivo y Cultural Tajamar, para la formación deportiva y humana en general de los jóvenes..., palabras que anotamos a continuación, con cierto sentido histórico y —sobre todo— con buen humor.

El nombre de Tajamar se le ocurrió a Pedro Zarandona, un marino de Castro-Urdiales de treinta y cuatro años. El tajamar es la pieza de la proa de los barcos que corta el agua; en el escudo de Tajamar aparece de modo figurativo con un ave marina, una gaviota, un símbolo muy apropiado para la tarea que acabábamos de emprender.

En esa misma reunión, Alfredo Castro presentó a la persona que dirigiría el deporte de Tajamar durante los primeros años, Mariano Sánchez Villacañas, que dio su primera clase teórica de gimnasia.

Marianón, como se le llamaba en el ambiente deportivo por su gran humanidad, tanto en lo físico como en el trato, era un hombre corpulento de unos cuarenta años, con gran personalidad. Era buen conocedor de varios deportes, que en muchos casos había practicado: entre otros, baloncesto en el Club Canoe madrileño, atletismo, esquí y gimnasia (era vicepresidente de la Federación de esta especialidad).

Fue el primer profesional de este campo que hubo en Tajamar. Se entregó a su trabajo con empeño y con ilusión de niño grande, en cuanto comprendió lo que se pretendía hacer en el barrio. Entendió muy bien el trabajo de formación humana y cristiana que deseábamos realizar. Siempre aparecía con una propuesta nueva y con la solución. Tenía un hijo de doce años, que quiso que fuera socio del club. Preparó monitores para dirigir los diversos sectores deportivos que se iban creando. Participaba en las excursiones que se hacían en autobús. Era un gran animador: contando chistes o cantando zarzuelas —¡qué tiempos!— con los muchachos por las carreteras de la sierra. Si alguien le decía que trabajaba mucho, contestaba:

—Me dijeron que hay que arrimar bien el hombro y aquí estoy.

Su dedicación diaria y entusiasta consiguió dar un gran impulso al deporte en toda la barriada. Con él me formé yo cuando, poco después, recalé definitivamente en Requena y decidí, más tarde, que el deporte fuera mi profesión.