En plena calle

Índice del capítulo: Requena

La amistad nacía en aquel barrio de la forma más sencilla: alrededor de una mesa, en un bar cualquiera. Eran conversaciones rebosantes de vida y de ilusiones, y alegraba ver cómo la vida de ese amigo tuyo empezaba a ser distinta, porque descubría un sentido nuevo a su lucha y a su trabajo, y se acercaba a Dios y a los Sacramentos.

El escenario era, habitualmente, el ruido de los bares, el fragor de las calles llenas de gente, el traqueteo del Metro o el tranvía. El trato con unos y otros era algo verdaderamente variado, cada día con nuevos descubrimientos, al estilo de cada uno. «No se pueden ofrecer fórmulas prefabricadas —decía el Padre—, ni métodos o reglamentos rígidos, para acercar las almas a Cristo. El encuentro de Dios con cada hombre es inefable e irrepetible, y nosotros debemos colaborar con el Señor para hallar —en cada caso— la palabra y el modo oportunos, siendo dóciles y no intentando poner raíles a la acción siempre original del Espíritu Santo» .

Y aquella labor fue creciendo, hasta que se hizo necesario buscar un lugar para desarrollar de modo más estable esas actividades con aquellos chicos y sus familias. Volvimos a recorrer las calles, de un lado a otro, por todo Vallecas. Después de muchas tentativas, encontramos un piso..., pero poco duró el entusiasmo, porque no llegamos a un acuerdo con el propietario.

Había que seguir buscando. Ir y venir. Preguntar y pedir información. Unas veces era el lugar, otras el precio, otras las instalaciones. ¿Sería posible que fuera tan difícil encontrar un piso en Vallecas?

Bien entrado 1957, encontramos una casa en construcción en el número 19 de la calle Eduardo Requena. Finalmente, el día 1 de abril de 1957 se alquiló el piso primero izquierda de ese edificio, y ahí se instalaría el primer Centro del Opus Dei que hubo en Vallecas. Aún hoy sigue llamándose, como empezamos a hacerlo desde entonces, Requena.

Esperábamos con impaciencia que terminase la construcción de ese modesto edificio. Cuando por fin llegó el momento... comprobamos que nos esperaban nuevos trabajos. La casa estaba muy sucia. Aquel día fue muy intenso. Con la ayuda de bastantes amigos, y encabezados por Paco Uceda, nos quitamos las chaquetas, nos pusimos pantalones viejos y empezamos a limpiar a fondo. Muchos cubos de agua, lejía, polvos quitamanchas, y al cabo de unas horas el aspecto de las habitaciones era otro.