Paco Navarro

 

El primero fue Paco Navarro, que había nacido en Valdepeñas (Ciudad Real) en 1922.

«En 1940, cumplidos ya los 18 años —escribió en unos recuerdos suyos—, pasé por una larga enfermedad que me obligó a estar tres o cuatro meses haciendo reposo. Durante todo ese tiempo, leía cuanto llegaba a mis manos. Entre otras cosas, un ejemplar del Nuevo Testamento, que leí de un tirón, como si se tratase de una novela. Yo estaba algo alejado de la Iglesia, pero cuando terminé de leerlo, ya había llegado a la conclusión de que tenía que cambiar de vida. Un día me confesé y empecé a asistir a Misa los días festivos y a comulgar, según las costumbres de entonces, cada dos o tres meses.»

En 1941, Paco comenzó a estudiar Comercio por libre en Valdepeñas. Viajaba a Madrid para examinarse, y decidió presentarse a una oposición para una plaza en el Banco Español de Crédito.

«Logré ingresar —continuaba Paco—, y me mandaron a la sucursal que tiene el banco en Socuéllamos, también en Ciudad Real. En ese pueblo entablé cierta amistad con algunos chicos de Acción Católica. Pasó el tiempo y pedí en el banco un destino en Ciudad Real, donde esperaba encontrar un mejor horizonte profesional, y también espiritual, porque llevaba tiempo pensando que Dios quería algo más de mí.»

Le dieron el destino que pedía, y se puso en contacto con personas de Acción Católica de la capital de la provincia. A las pocas semanas ya le habían elegido como presidente.

«A medida que pasaba el tiempo en aquella estupenda labor, crecía en mi alma el deseo de entregarme a Dios. Empezó a manifestarse en mí una llamada de Dios, lo veía claramente, de vivir célibe y en mi propia profesión, volcado en el apostolado. Pero a cuantos sacerdotes consultaba, me decían que esto no era posible. La única salida que me daban es que, si tenía ese deseo de entregarme, podía estudiar para ser sacerdote en un seminario que había en Salamanca para vocaciones tardías. Pero yo no veía que eso fuera lo que Dios me pedía y seguía buscando una solución.»

Pasó el tiempo, y un día leyó en una revista que se habían ordenado sacerdotes tres ingenieros: Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz, y que los tres eran del Opus Dei.

Aparecían en una foto, con una breve explicación del Opus Dei. Les había ordenado el arzobispo de Madrid, el día 25 de junio de 1944. A Paco le llamó tanto la atención aquella noticia que decidió ponerse en contacto con ellos.

«Empecé entonces una larga y fatigosa búsqueda del domicilio de alguien del Opus Dei. Bastante tiempo después, se me ocurrió utilizar el consultorio de una revista que me dejó un compañero de pensión, El mensajero del Corazón de Jesús, que se editaba en Bilbao. Me contestaron que sólo conocían la dirección del Centro del Opus Dei en esa ciudad, en la calle Pérez Galdós 10, y allí escribí. Desde Bilbao me respondieron dándome la dirección de Madrid, en la calle Diego de León 14.»

Para entonces, había pasado bastante tiempo y comenzaba ya el otoño de 1948. Escribió a la nuevas señas y concertó para febrero una entrevista en Madrid con don José Luis Múzquiz, precisamente uno de los tres sacerdotes cuya ordenación había despertado su interés a través de aquella revista.

Sin embargo, cuando llegó el día previsto, quien le recibió fue un laico joven, que aparentaba poco más de treinta años, delgado y con cara de intelectual:

—Soy Amadeo de Fuenmayor. Siento que no te pueda recibir don José Luis, pero se ha marchado este miércoles a Chicago, para iniciar la labor del Opus Dei en Estados Unidos. Si no te importa, yo te puedo atender.

Paco le preguntó enseguida si una persona podía entregarse a Dios en medio del mundo. Le fue contando la historia de sus inquietudes y de su infructuosa búsqueda. Al final, concluyó:

—Todos me dicen que tengo que hacerme sacerdote si quiero buscar la santidad. ¿Crees que es así, o se puede ser santo en la vida ordinaria, con el trabajo que hago?

—Por supuesto, ése es precisamente el espíritu del Opus Dei.

Amadeo le explicó la Obra y le habló de Isidoro Zorzano, un ingeniero industrial, miembro del Opus Dei, que había fallecido en 1943, y de quien recientemente se había iniciado ya la causa de beatificación. Le entregó una hoja informativa y quedaron en escribirse de vez en cuando.

Continuaron carteándose. Paco se fue entusiasmando cada vez más con este espíritu y lo daba a conocer entre los que trataba. En marzo de 1950, acudió a un curso de retiro en Molinoviejo, una casa de convivencias y retiros espirituales cercana a Segovia, y se llevó con él a veintidós amigos suyos de Ciudad Real.

Poco a poco se fueron clarificando cada vez más sus inquietudes. Al final del mes siguiente, el 30 de abril de 1950, Paco estaba completamente decidido y pidió la admisión. Tenía 27 años y era el primer agregado del Opus Dei.

Índice del capítulo: Una familia que crece