Administración económica en el Opus Dei

PREGUNTA: Y, en cierta medida, esos criterios básicos -santidad, apostolado, profesionalidad- se subrayan en las tareas relacionadas con la administración económica.

El Fundador del Opus Dei fijó como principio rector de estas tareas la necesaria competencia técnica de los que estaban al frente de ellas, para que pudiesen santificarse a través de ese trabajo profesional. Por eso, al hablar a los que se ocupaban de las gestiones económicas, insistía en que debían ser más santos, si cabe, que los demás. Les urgía de este modo a que vivieran un absoluto desprendimiento de los bienes terrenos, exigiendo la responsabilidad de una contabilidad exacta hasta el último céntimo; y les repetía que debían pensar que estas operaciones, especialmente por el rigor técnico que requerían, no se quedaban en exclusivas actuaciones económicas, sino en funciones de muchísimo más alcance, pues se trataba de servir a las almas.

Cuando tuvo que ocuparse personalmente de estas cuestiones, llevaba al día las cuentas de lo poco que podía manejar, administrándolo con el cuidado de un padre de familia numerosa y pobre. Apenas contó con miembros del Opus Dei capaces de ayudarle, les confió ese quehacer.

Dispuso que, también en estas tareas, se viviera la colegialidad, sin dejar la decisión a uno solo: en la contabilidad y en la aprobación de gastos, debían dar su conformidad al menos dos o tres personas. Explicaba que nadie podía ver ahí el menor síntoma de desconfianza, sino el deseo de evitar gastos o gestiones inútiles, por razón de la pobreza; y también que la prudencia exige no cargar sobre una sola persona cuestiones de tanta envergadura, aunque en los comienzos se tratara de cifras irrisorias.

Aprendía de los demás: cuando era sacerdote joven, don Prudencio Melo y Alcalde, Arzobispo de Valencia, le pidió el favor de llevar un dinero a la Nunciatura. Al entregarle el sobre, el Prelado le dijo la cantidad que contenía. El Fundador del Opus Dei respondió que cumpliría el encargo gustosamente, y guardó el sobre en la cartera. Don Prudencio Melo advirtió: "no, Josemaría, no procedas así; tú tienes confianza en lo que te he dicho, pero yo me he podido equivocar y darte más o menos dinero que el que te he anunciado que estaba en el sobre. Por eso, cuenta en mi presencia los billetes, para ver si está exactamente esa cantidad. Después, cuando llegues a la Nunciatura, al entregarlo, haz que lo cuenten para que se hagan cargo de que llega la cantidad exacta. No lo olvides para toda tu vida, y enséñaselo a los miembros del Opus Dei".

A propósito de todo esto, comentaba que, desde los comienzos, más que manejar dinero, hubo de administrar deudas. Por eso, cuando escogió como Patrono de los asuntos económicos a San Nicolás, le confió el oficio de saldar los préstamos. Fiado en el Señor, asumió como criterio para las obras apostólicas la regla que recogió en Camino, 481: se gasta lo que se deba, aunque se deba lo que se gaste; a la vez, procedía con prudencia y justicia, para no ocasionar perjuicios a terceros.