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Indice: Memoria del beato Josemaría

PREGUNTA: Dentro del orden, se incluye también su previsión...

Aunque tenía muy buena memoria, cuando repasaba lo que consideraba oportuno para el trabajo diario, tomaba nota para no perder el tiempo después, ni hacérselo perder a los demás; aprovechaba la consulta a esa lista, para encomendar cada una de las tareas. Solía repetir que hemos de procurar no fiarnos sólo de la memoria, y ejercitarla con la mejor receta: el papel y el lápiz; la agenda y el lápiz.

Procuraba conservar esas listas, hasta que estaban cumplidas. En ocasiones, cuando debía transmitir esas tareas a una sola persona, después de explicarle la mente de lo que debía desarrollar, le entregaba la relación con el ruego de que se la devolviera, cuando terminase. No se trataba de un mero control, sino del deseo de que aquello se llevase a cabo en el momento oportuno y con la perfección debida, para conseguir mayor eficacia apostólica.

Nos exponía que la virtud del orden se requiere muy especialmente en los Directores: por ejemplo, han de renunciar a ejecutar por sí mismos tareas santas y eficaces, que pueden hacer otros, pero a ellos les apartarían del cumplimiento de sus encargos específicos.

Ocupado por el buen gobierno de los apostolados del Opus Dei, sugirió que en los Centros se llevase lo que llamaba agenda perpetua, de manera que los Directores pudieran prever las distintas ocupaciones periódicas: desde la limpieza del Sagrario cada quince días, o la revisión de los objetos dedicados al culto, hasta los modos de ayudar a las personas del Centro en las diferentes épocas del año litúrgico, con la novena a la Inmaculada, los domingos de San José, o el octavario por la unidad de los cristianos. También quería que se anotasen los trabajos materiales, por el riesgo lógico de olvidarlos, al tener que ocuparse de muchas tareas.

Luchó siempre contra todo tipo de excusas que frenan el cumplimiento del deber, aunque no suponga una ofensa grave al Señor. Nos puntualizaba que en esos detalles se demuestra el amor. Por eso, rechazaba radicalmente cinco razonamientos, que no dudaba en calificar de diablos: es que, pensé que, creí que, mañana, después.

 

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