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Indice: Memoria del beato Josemaría

PREGUNTA: Mi impresión es que ese respeto y fomento de la personalidad de los miembros de la Obra, se traducía en su habitual actitud de confianza hacia ellos. Ahí se apoyaba, en buena medida, la específica mentalidad laical que tan vigorosamente describe en Conversaciones..., 117.

Mostraba una gran confianza con ellos, desde el momento en que les conocía, como con todas las almas que se le acercaban para pedir un consejo o una orientación. Su conducta se inspiraba en este principio: prefiero que me engañe uno, a dejar heridos a quienes vengan a mí. Y lo fundamentaba así: si el Señor, a pesar de mi miseria personal ¡que es tanta!, me trata con confianza, así debo yo proceder con todas las almas y más aún -si cabe- con mis hijos.

Mons. Escrivá de Balaguer nos descubría su corazón y nos comunicaba sus afanes, para que le ayudásemos con nuestras oraciones. Naturalmente, hablaba de los problemas de distinto modo, según quien le escuchase. No se manejaba con ningún secreto; pero, por lógica prudencia sobrenatural, evitaba que gente todavía no suficientemente formada, o sin preparación para entender algunas cuestiones, se quedase entristecida o inquieta.

Fomentaba esa actitud abierta en sus hijos, entre otras razones, porque el gobierno del Opus Dei se caracteriza por la confianza, que confiere seguridad a cada uno. Además, como andan sueltos, según palabras del Fundador, es decir, trabajan y están donde quieren, si no hubiese esa confianza real, basada en la formación, se perdería la eficacia apostólica. Mons. Escrivá de Balaguer ponía el símil de los patos, que aprenden a nadar nadando; y puntualizaba que así se hace en la Obra: se da la formación y, con la esperanza de que las personas serán leales a Dios y a su camino, se lanzan a la tarea apostólica.

Deseaba que se diera esta libertad a todas las almas, también a los niños. Grande fue su alegría cuando en el primer colegio que abrieron miembros del Opus Dei, entre las claves del ideario del Centro, se puso la siguiente: "sea vuestro sí sí, sea vuestro no no", para que quedara bien claro a los muchachos que se les creería por su palabra.

Así recapitulaba en 1955 el enfoque básico de la dirección espiritual: en la Obra, vivimos siempre a base de confianza. Los Directores tienen plena confianza en sus hermanos, y no ejercitan jamás con ellos una función fiscalizadora, de control. Y los hijos míos saben apoyarse espiritualmente en sus Directores, abriendo su alma, siempre que sea necesario, con sinceridad salvaje y con absoluta confianza, porque no pierden nunca de vista que esas personas -esos hermanos suyos- están para empujarles en la lucha espiritual; para dar su vida, con gusto y con cariño, por el pusillus grex ["pequeño rebaño": Lucas 12,32] que tienen confiado. Si os hacéis, cada día más, con esta mentalidad, yo sé que el que me suceda encontrará en esta bendita carga de sacar adelante el Opus Dei la alegría de poder querer siempre más a todos.

 

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