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Las puertas abiertas de par en par

Indice: Memoria del beato Josemaría

PREGUNTA: Pero quizá sea oportuno exponer que la libertad aparecía en todos los aspectos de la vida, comenzando por las decisiones relativas a la propia respuesta del alma a los requerimientos divinos.

Mons. Escrivá de Balaguer dejó como criterio fundamental que los miembros del Opus Dei, además de haber cumplido los años que garantizan una madurez de carácter y de responsabilidad, debían gozar de plena libertad para aceptar las obligaciones que lleva consigo la incorporación a la Obra. Quería que tuviesen clara conciencia de que esa llamada informaría toda su vida con unos compromisos exigentes.

También subrayó que, además, podían acudir a quien les diera la gana para consultar sobre su decisión. Deseaba que se les explicase, según la doctrina prudente de tantos autores de probada experiencia, que -usando siempre de su libertad- debían pensar que quienes estaban en mejores condiciones de aconsejarles eran las personas que ya vivían esa llamada. Puntualizaba que en el Opus Dei no interesa admitir a quienes no den pruebas de tener vocación o no reúnan las condiciones debidas; por tanto, los sacerdotes y los Directores de la Obra, delante de Dios, son los primeros que no desean que venga nadie si no está libremente decidido a recorrer este sendero divino.

Solía repetir que, para solicitar la admisión en el Opus Dei, cada uno individualmente debía conseguir que se le abriera la puerta; y quería que supieran, desde el primer momento, que estaban abiertas de par en par para marcharse si, una vez emprendido el camino, comprendían que no era lo suyo.

No dejaba de advertir otro punto fundamental: solamente cuando las personas actúan con libertad se puede construir en su vida el sentido de responsabilidad, del que dependen muchísimas cosas grandes: la propia salvación y la de otras almas. En esta línea, alentaba a sus hijas en 1966: me da mucha alegría que seáis muy piadosas; que estudiéis con gran interés todo lo que está mandado, para ser también muy doctas -¡todas!-, con la fe firme y clara; y, de este modo, os portaréis con sencillez delante de Dios, como niñas pequeñas ante su Padre, en el que confían plenamente. Y hablaréis de lo que lleváis en el alma con todas las personas, porque sentiréis la necesidad imperiosa de que conozcan a Dios, de que le traten, de que le amen, para que así sean muy felices. Yo quiero, hijas mías, que os veáis siempre personalmente libérrimas para corresponder a Dios: amadle, y amadle mucho, porque Dios nos ha concedido el gran don de la libertad, para que lo administremos rectamente y para que enseñemos, a quienes están a nuestro alrededor, a utilizarlo también rectamente.

 

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