Traslado a Perdiguera de San Josemaría

 

Indice: Memoria del beato Josemaría

PREGUNTA: Cuando Mons. Escrivá de Balaguer se refería a las contradicciones que sufrió a lo largo de su existencia, insinuaba que los años de Zaragoza fueron duros. Constan sus dificultades en el Seminario. Me gustaría saber cómo reaccionó cuando, el 30 de marzo de 1925, le encargaron que se trasladase cuanto antes a la parroquia de Perdiguera.

Sucedió a los dos días de haber recibido el Sacramento del Orden, cosa inusual en casi todas las diócesis de España, y más particularmente en las grandes, donde había abundancia de clero: se tendía a que los nuevos sacerdotes desempeñaran su labor pastoral junto a otros mayores que pudieran atenderles en sus dudas, y que se encargaran de orientar fraternalmente a sus hermanos más jóvenes.

Por estas razones, causó cierto estupor la decisión de mandarle fuera de la ciudad, solo, lejos de la familia, con una tarea completamente nueva para el joven sacerdote. Pero no puso la menor dificultad, y se trasladó al pueblo de Perdiguera el mismo día 31, dejando a su madre y a sus hermanos en la ciudad de Zaragoza. Esta separación no turbó ni disminuyó su dedicación gozosa a las almas. Nunca salió de sus labios una palabra de incomprensión, de rebeldía o de juicio crítico. Al contrario, acudió a Perdiguera con la persuasión de que, al cumplir su deber y obedecer a la autoridad competente, encontraría el mejor modo de agradar a Dios y de descubrir la Voluntad divina en aquello que seguía oyendo dentro de su alma con santa inquietud, pero que todavía no se había concretado en una tarea determinada.