Don Eladio España

 

Indice: Las buenas amistades

Mientras tanto, Dios iba bendiciendo con abundantes frutos la labor apostólica del Opus Dei: en 1939, al finalizar la guerra civil española, el único centro del Opus Dei estaba destruido; seis años más tarde, en 1945, ya existían centros en Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Granada, Zaragoza, Valladolid, Santiago de Compostela y Valencia.

En Valencia estaba otro amigo de don Josemaría, don Eladio España, que residía en el famoso Colegio del Patriarca, muy cerca de la Universidad. Para muchos universitarios valencianos la figura de don Eladio era especialmente entrañable: les bastaba atravesar la calle de la Nave para encontrarle en el primer confesonario de la Capilla, entrando a mano derecha, o en su despacho, donde aguardaban habitualmente un buen número de chicos jóvenes para confesarse con él. Día tras día, allí estaba don Eladio, con su balandrán negro y su bonete, incansable, confesando durante horas y horas, dirigiendo espiritualmente a cientos de chicos.

De esas confesiones salieron muchas vocaciones para toda la Iglesia; y algunas para el Opus Dei, que sentía como algo propio. En aquel tiempo rezaba especialmente por el desarrollo de la labor en un centro del Opus Dei de la calle Samaniego, la primera labor apostólica que había promovido su amigo Josemaría en la capital levantina.

Desde que se conocieron nació entre don Josemaría y don Eladio una profunda amistad, tejida de afanes apostólicos, de ilusiones sobrenaturales, de alegrías y también de dolores, como se refleja de la carta que le envió don Josemaría el 30 de abril de 1941, en la que le contaba su dolor por la muerte de su madre, que tanto le había ayudado mucho en los comienzos de la labor apostólica: "Tengo muchas ganas de verte y charlar sin prisas -le escribía-. Es muy dura para mí la separación de mi madre, y a la vez es muy consoladora: porque nos ayudó con tanto cariño y tanta comprensión que ya habrá recibido de Dios nuestro Señor su recompensa".