En Madrid de nuevo

 

Indice: Las buenas amistades

El 28 de marzo de 1939 el Fundador del Opus Dei pudo regresar por fin a Madrid, que mostraba por todas partes las huellas de la pasada guerra civil. Recomenzó de nuevo la labor apostólica y se puso en contacto con sus antiguos amigos, dispersados por la guerra.

"No volvimos a vernos hasta el año 1939 -recordaba García Lahiguera- recién terminada la guerra civil. Nos encontramos por las escaleras de las oficinas del obispado de Madrid. Nos saludamos cordialmente, y recuerdo que me conmovió el afecto fraternal que noté en él hacia mí. Su gran corazón y su enorme capacidad para la amistad y el cariño, hicieron que a las pocas palabras, se cerrase un paréntesis de varios años. Me volví a sentir tan próximo a él como después de aquella entrevista de febrero de 1932.

Al poco tiempo de este encuentro vino a verme a mi despacho de director del Seminario Mayor de Madrid. Esta vez vino a pedirme que le confesase, y yo, acostumbrado a confesar a muchos sacerdotes, no di mayor importancia a esa petición. Sin embargo, al terminar me pidió que le confesara toda las semanas. Me nombraba su confesor, a lo que yo accedí gustosísimo y vuelvo ahora a dar gracias a Dios Nuestro Señor, como he hecho en tantas ocasiones, por los muchos bienes que ha representado para mi alma ese frecuente contacto con el Fundador del Opus Dei".

Se encontró de nuevo con la Madre Esperanza, que advirtió en su rostro también las huellas de los pasados padecimientos. "Lo encontramos mucho más delgado -escribe Sor Presentación, que acompañaba a la Fundadora-, con señales muy claras de haber sufrido mucho. Pero él con su buen humor le quitó importancia y dijo:

-Es que con mofletes no se puede ir al cielo; para subir allí hay que estar ligeros.

Ibamos a confesar con Don Josemaría algunas veces la Madre Esperanza de Jesús Alhama, la Madre Pérez de Molina -que después fue Secretaria General- y yo. Recuerdo que en la confesión era muy exigente, muy recto, pero muy padre. Seguía las inquietudes y las preocupaciones de cada alma, con una preocupación y una delicadeza exquisita. (...) Una de sus recomendaciones constantes era la de seguir fielmente el camino trazado por la Fundadora:

-Así no os perderéis. Ese camino no es un capricho, es la voluntad de Dios.

Respetaba todos los caminos que a Dios conducían.

-Vdes. tienen una vocación maravillosa: recoger pobres. A mí el Señor me ha pedido una cosa diferente: trabajar en medio del mundo, en la entraña de esta sociedad que hay que santificar. Tenemos que encomendarnos para que Vds. y yo sepamos hacer lo que el Señor espera".