Monseñor Javier Echevarría, nuevo Prelado del Opus Dei

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
El 20 de abril de 1994 se reunió en Roma el Congreso Electivo del Opus Dei, para proceder a la elección del segundo sucesor de su Fundador. Resultó elegido Monseñor Javier Echevarría, Vicario General de la Prelatura hasta ese momento, y que anteriormente había colaborado también durante más de veinte años con el Fundador del Opus Dei, al lado de Monseñor Álvaro del Portillo. Siguiendo las normas previstas en los Estatutos de la Prelatura, se comunicó inmediatamente el resultado de la elección a la Santa Sede, y el Papa procedió al nombramiento del nuevo Prelado. El 6 de enero de 1995, el mismo Juan Pablo II consagró Obispo a Monseñor Javier Echevarría en una solemne ceremonia celebrada en la Basílica de San Pedro.

Nombramiento del nuevo Prelado de la Prelatura del Opus Dei, 20-IV-1994

El Sumo Pontífice Juan Pablo II

confirmando la elección canónica realizada a tenor del n. 130 de los Estatutos, ha nombrado Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei al Reverendo Monseñor

JAVIER ECHEVARRÍA RODRÍGUEZ

Lo que se comunica al mismo Monseñor Javier Echevarría Rodríguez para su conocimiento y norma.

Ciudad del Vaticano, 20 de abril de 1994.
+ Angelo Card. Sodano.

Homilía del Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, con ocasión de su Ingreso solemne en la Iglesia Prelaticia, 21-IV-1994

Lleno de agradecimiento a la Trinidad Beatísima, que ha manifestado una vez más sus misericordiosos designios con la Iglesia y, dentro de la Iglesia, con el Opus Dei, hago mías las palabras de San Pablo en la epístola a los Efesios: “flecto genua mea ad Patrem, ex quo omnis paternitas in coelis et in terra nominatur” (Ef 3, 14). Consciente de mi personal indignidad para recibir la amorosa carga que el Señor ha colocado sobre mis hombros, doblo las rodillas ante el Padre celestial, de quien procede toda paternidad en los cielos y en la tierra. Lo hago confiado en la intercesión de la Santísima Virgen, de San José, de los Santos Ángeles Custodios, de nuestros santos Patronos e Intercesores, y, de modo particular, del Beato Josemaría, nuestro amadísimo y santo Fundador.

Cuento también con las oraciones del Padre que hace sólo un mes se nos marchó a la casa del Cielo y con la de todos los miembros de la Obra -hombres y mujeres, seglares y sacerdotes- que nos han precedido a la morada eterna. Me apoyo además en las plegarias de los innumerables amigos y Cooperadores del Opus Dei en todo el mundo, y muy especialmente en las de quienes -por designio de la Providencia divina- son ahora, para mí, hijas e hijos queridísimos en esta pequeña familia del Opus Dei. (…)

Recurro también confiadamente a la intercesión del Beato Josemaría, nuestro amabilísimo Padre, y le pido que me asista siempre en la tarea que me aguarda: que obtenga para este nuevo Padre, del tesoro inagotable de los méritos de Cristo, las gracias del Paráclito que me son indispensables para ejercitar dignamente este ministerio. Y recurro igualmente a las oraciones de su primer sucesor, don Álvaro del Portillo, para que mi servicio pastoral a la Iglesia y a la Prelatura se caracterice, como el suyo, por la más estrecha unión con el Romano Pontífice -nuestro amadísimo Juan Pablo II, y todos sus sucesores en la Cátedra de San Pedro- y con los Obispos en comunión con la Santa Sede. Como manifestó muchas veces nuestro Fundador, de palabra y por escrito, “la única ambición, el único deseo del Opus Dei y de cada uno de sus hijos es servir a la Iglesia, como Ella quiere ser servida, dentro de la específica vocación que el Señor nos ha dado” (Carta, 31-V-1943, n. 1).

En la cátedra de esta Iglesia prelaticia, el Beato Josemaría hizo grabar unas frases, tomada casi literalmente del Ius particulare del Opus Dei, en las que reconocemos con alegría un retrato fiel de nuestro amadísimo Fundador. A propósito del Prelado, entre las muchas condiciones necesarias, nuestro Derecho particular prescribe: “eluceat prudentia, pietate, erga Ecclesiam eiusque Magisterium exemplari amore et oboedientia, era Opus Dei devotione, erga Prelaturae fideles caritate, erga proximos zelo” (Codex iuris particularis Operis Dei, n. 131, 2). El Prelado del Opus Dei debe brillar por la prudencia, por la piedad, por el amor y obediencia ejemplares a la Iglesia y al Magisterio eclesiástico, por la devoción al Opus Dei, por la caridad con todos los fieles de la Prelatura, por el celo apostólico hacia todas las almas. Un programa arduo, que sólo con la ayuda abundante de la gracia es posible cumplir. Nuestro Fundador y su primer sucesor lo vivieron a la perfección, fomentando heroicamente en su propia vida y en la de los miembros del Opus Dei un ardiente afán de santidad. Pedid al Paráclito, os lo ruego, e invitad a muchas otras personas a hacer lo mismo, que el nuevo Prelado esté a la altura de su misión y sepa mantener, en cada una de sus hijas y en cada uno de sus hijos, la misma vibración e idéntico empeño por la santidad y por la extensión del Reino de Cristo que se ha vivido en la Prelatura hasta ahora.

El texto grabado en la cátedra prosigue así: “sit suis subditis magister ac Pater: omnibus in visceribus Christi vere diligat: omnes effusa caritate erudiat atque foveat: pro omnibus impendatur et superimpendatur libenter”. Sea maestro y Padre para todos los fieles de la Prelatura; a todos los ame verdaderamente en las entrañas de Cristo; a todos enseñe y proteja con caridad tierna; por todos se entregue generosamente, y más y más se sacrifique lleno de alegría (Codex iuris particularis Operis Dei, n. 132, 3). (…)

Al proseguir la etapa de la continuidad en la fidelidad inaugurada hace diecinueve años con la marcha de nuestro Fundador al Cielo, cada uno ha de fomentar en su propia alma la exigencia de una fidelidad más acendrada a la Iglesia y al espíritu del Opus Dei, que se manifestará en el cumplimiento amoroso de nuestros compromisos ascéticos, espirituales y formativos, en el cuidado de las cosas pequeñas, en el trabajo realizado con perfección humana y sobrenatural, en una actividad apostólica personal más incisiva y fecunda. Hijos míos, como nuestro Fundador hacía en momentos importantes de la historia de la Obra, os digo: “oración, oración, oración; mortificación, mortificación, mortificación; trabajo, trabajo, trabajo”. Éstas han sido, son y serán siempre nuestras armas para pelear las batallas del Señor. Oración, mortificación y trabajo que pueden resumirse en aquel estribillo que estaba siempre en la boca del anterior Prelado: “fidelidad, fidelidad, fidelidad” (…)

Bula papal de nombramiento episcopal de Mons. Javier Echevarría, 21-XI-1994

JUAN PABLO, OBISPO
SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS

A Nuestro querido hijo Javier Echevarría Rodríguez, Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei, Obispo titular electo de la Iglesia de Cilibia, salud y Bendición Apostólica.

Es deber y gracia común de los Pastores y Obispos enseñar a los fieles de la Iglesia aquello que les conduce por el camino de Dios, es decir los mandamientos evangélicos (cfr. Veritatis splendor, n. 114). Por esta razón, Nos solemos elegir varones de probada virtud para que desempeñen diligentemente el ministerio pastoral. Después de la muerte de Nuestro Venerable Hermano Álvaro del Portillo, hemos considerado oportuno proveer convenientemente a la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei para mejor fomentar el bien de las almas de sus fieles.

Por tanto, en virtud de Nuestra potestad apostólica, hemos querido adscribir entre los Obispos a ti, Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei, que sabemos prudente, piadoso, ecuánime y diligente en la tarea pastoral, otorgándote el título de Cilibia, con todos los deberes y derechos que competen a este oficio de acuerdo con el Derecho. Gustosamente Nos te conferiremos la Ordenación Episcopal en la Basílica de San Pedro en la próxima solemnidad de la Epifanía del Señor. Previamente emitirás la profesión de fe ante el Eminentísimo Cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos y el juramento de fidelidad hacia Nosotros y Nuestros Sucesores en esta Sede Apostólica ante el Eminentísimo Cardenal Protodiácono, según las fórmulas previstas.

Finalmente, confiamos a la intercesión de María, Madre de Dios y del Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, a ti, querido hijo, a tu grey y a todos los fieles, para que puedas dar a conocer a todos las obras del Dios Altísimo (cfr. II Marc. III, 36).

Dado en Roma, en San Pedro, el día 21 del mes de noviembre del año 1994, décimo séptimo de Nuestro Pontificado.

Juan Pablo II

Homilía pronunciada por Mons. Javier Echevarría en su primera Misa Pontifical como Obispo, en la Basílica de San Eugenio de Roma, 7-I-1995

Ayer, solemnidad de la Epifanía, el Santo Padre Juan Pablo II se ha dignado conferirme la ordenación episcopal. Cuando, durante la ceremonia, el Papa pedía al Señor, para los nuevos Obispos, “la gracia de apacentar su santa grey y cumplir de modo irreprensible la misión del sumo sacerdocio”, a mi memoria acudió, vivísimo, el recuerdo del Fundador del Opus Dei, que encarnó perfectamente la figura del Buen Pastor dibujada por el Señor en el Evangelio con trazos imborrables.

Cuatro años antes, en la misma Basílica de San Pedro, el Papa había consagrado Obispo a mi inolvidable predecesor, Mons. Álvaro del Portillo. También su imagen de Padre solícito y fuerte se hallaba particularmente presente en mí en esos momentos, pues él, durante los diecinueve años que estuvo al frente del Opus Dei, ha sido para los miembros de la Obra el Pastor que sólo vive pensando en el bien de las almas que le han sido encomendadas. No ceso de pedir que tanto el Beato Josemaría como don Álvaro intercedan por mí ante el trono de Dios, para que el Señor me conceda un corazón de Pastor tan grande como el que ellos tuvieron, el corazón del Buen Pastor (…)

Me dirijo ahora de modo especial a los fieles de la Prelatura del Opus Dei -hombres y mujeres, laicos y sacerdotes- que asistís a esta Santa Misa y a los que, esparcidos por todo el mundo, se encuentran muy unidos a nosotros en estos momentos.

Hijas e hijos míos, querría hablar largamente con cada una y cada uno de vosotros, “en confidencia de amigo, de hermano, de padre” (Camino, prólogo). Todo lo que me gustaría deciros se puede resumir en aquella palabra que estaba constantemente en labios de don Álvaro: fidelidad. ¡Que seáis muy fieles al Señor, a la Iglesia, a la Obra! “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grandes” (Ibid., n. 755).

Me gusta recordaros que -como nos decía don Álvaro-, lejos de quedar relegados al archivo de la historia con el transcurrir de los años, los tiempos de nuestro Padre son y serán siempre actuales. Habrán de tener permanente actualidad, no sólo porque será siempre elocuente su ejemplo y su enseñanza, vivo su espíritu y eficacísima su intercesión desde el Cielo, sino además porque hemos de corresponder a la vocación cristiana en la Obra con la plenitud y la santa urgencia de nuestro Fundador.

Tened mucho sentido de responsabilidad, hijas e hijos míos: la Obra está ahora especialmente en nuestras manos. No penséis nunca que vuestra cooperación a la tarea apostólica es pequeña o de poca monta: colaboráis muchísimo al empeñaros de verdad en ser Opus Dei y en hacer el Opus Dei, al tratar de conducir a Dios todas las ocupaciones y circunstancias de vuestra existencia. Mirando las cosas con ojos humanos, podría parecer que la aportación de cada uno es como un hilillo insignificante, en ese hermoso tejido que la Prelatura trata de ofrecer al Señor en cada jornada. Pero, como nos decía nuestro Fundador, si ese hilillo se suelta, podría comenzar a deshacerse el tapiz maravilloso que el Señor espera de nosotros cada día (cfr. Forja, n. 2). Tened siempre presente, hijas e hijos míos, que Dios cuenta con nuestra colaboración esforzada y generosa, unida a la de muchos otros cristianos, para poner a Cristo en la cima de las actividades humanas, en los umbrales del nuevo milenio y en los años venideros (…).