Monseñor Álvaro del Portillo, Obispo Prelado del Opus Dei

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
El 6 de enero de 1991, el Santo Padre Juan Pablo II, en la Basílica de San Pedro, ordenó Obispo al Prelado del Opus Dei Mons. Álvaro del Portillo. La consagración episcopal de D. Álvaro del Portillo fue un importante acontecimiento histórico para el Opus Dei, enmarcado en la historia jurídica que hemos ido recorriendo.

Homilía de Monseñor Álvaro del Portillo en su primera Santa Misa Pontifical como nuevo Obispo, celebrada en la Basílica de San Eugenio de Roma, 7-I-1991

Con profunda emoción, y con toda la devoción de la que era capaz, recibí ayer, de las manos del Santo Padre Juan Pablo II, la ordenación episcopal: una nueva efusión del Espíritu Santo, con la que Cristo me ha incorporado al Colegio de los Obispos, que sucede al de los Apóstoles (…) Con la ordenación episcopal del primer sucesor de Mons. Escrivá, tienen cumplimiento una vez más las palabras de la Sagrada Escritura, que dice: “Dios ha honrado al Padre en los hijos” (Ecclo 3, 3).

La ordenación episcopal del Prelado comporta un gran bien espiritual para la Prelatura del Opus Dei, y, al mismo tiempo, significa una nueva confirmación de la Santa Sede sobre su naturaleza jurídica como estructura jurisdiccional de la Iglesia. El episcopado confiere una nueva gracia sacramental al Pastor de la Prelatura y refuerza sacramentalmente su unión con el Papa y los Obispos. Os invito a continuar rezando cada día por la Jerarquía de la Iglesia, amando sinceramente a todos sus miembros. Aunque sé que nunca me ha de faltar, os pido también el apoyo de vuestra oración para corresponder a la gracia divina e imitar el ejemplo de Cristo, Buen Pastor de nuestras almas, que no sólo tiene cuidado de nosotros, como hemos escuchado en la primera lectura de la Misa (cfr. Ez 34, 11.15-16), sino que da la vida por sus ovejas (…)

Hace pocas semanas, al elegir el lema para el escudo episcopal, pensé enseguida en una jaculatoria que Mons. Escrivá repitió y escribió innumerables veces: Regnare Christum volumus!, queremos que Cristo reine en todas las almas, comenzando por la nuestra, y en la sociedad entera (…)

Este lema -Regnare Christum volumus!- refleja el más vivo anhelo de nuestro Fundador y también, inequívocamente, la razón de ser del Opus Dei. La Iglesia es el Reino de Cristo que se va realizando a lo largo de la historia y que sólo al fin de los tiempos alcanzará su plenitud. Por esto, cuando repetimos ¡queremos que Cristo reine!, estamos remachando el deseo, la voluntad decidida y práctica, de contribuir a la edificación de la Iglesia sobre la sólida roca de Pedro, con el espíritu y los medios queridos por Dios para los miembros del Opus Dei.

El espíritu de la Obra nos llama a buscar la santidad y a ejercitar el apostolado en medio del mundo, en el trabajo profesional y en las relaciones familiares y sociales, comprometiéndonos, entre otras cosas, a construir una sociedad justa, digna de la persona humana y de su libertad. Los medios que utilizamos son, sobre todo, la oración y los sacramentos: una sólida vida interior fundamentada en la filiación divina y sostenida por una constante y esmerada formación espiritual y doctrinal (…)

La coherencia, la sincera búsqueda de la santidad personal, son absolutamente necesarias para no falsear el reino de Cristo. Mons. Escrivá nos recuerda que “si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, no nos convertiremos en dominadores, seremos servidores de todos los hombres”. Como ha escrito el Santo Padre Juan Pablo II, servir significa para nosotros reinar (cfr. Enc. Redemptor hominis, n. 21), siguiendo el ejemplo de Jesús, que “no vino para ser servido, sino a servir” (Mat 22, 2).

Este es también el único anhelo de la Obra y de cada uno de sus miembros: servir. Precisamente porque queremos que Cristo reine, deseamos servir a la Iglesia allí donde nos encontramos (…)

Me agrada concluir con otra jaculatoria de nuestro Padre: omnes cum Petro ad Iesum per Mariam! Unidos al Papa, vamos todos a Jesús por medio de María. ¡Quered mucho al Vicario de Cristo y hacedlo amar! Hoy queremos reafirmar con nueva fuerza nuestra unión con el Romano Pontífice y el amor que tenemos a María Santísima. A Ella, nuestra Madre, pedimos con confianza filial que nos conserve seguro el camino: Cor Mariae Dulcissimum, iter serva tutum! Amén.