Causa de Beatificación y Canonización del Fundador del Opus Dei

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
En 1981 se introdujo la Causa de Beatificación y Canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer. Durante ese mismo año comenzaron dos procesos paralelos sobre las virtudes heroicas del siervo de Dios, en Madrid y en Roma. Esa fase introductoria quedó cerrada en el año 1986 con la presentación de toda la documentación pertinente en la Santa Sede. Después de los trabajos y estudios previstos en la Congregación para las Causas de los Santos, el 9 de abril de 1990, Juan Pablo II declaró la heroicidad de las virtudes del Venerable siervo de Dios Josemaría Escrivá. El 6 de julio de 1991 se dió lectura al decreto que confirmó el carácter milagroso de una curación mediante la intercesión del Venerable Escrivá, último paso antes de poder procederse a la Beatificación.

Decreto pontificio sobre el ejercicio heroico de las virtudes del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer

“Todos los fieles, de cualquier condición y estado, son llamados por el Señor, cada uno según su propio camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre celestial” (Conc. Vat. 11, Const. dogm. Lumen gentium, n. 1 l). En esta proclamación de la llamada a la santidad de todos los bautizados -que se ha reconocido como característica peculiar y, por así decir, fin último de todo el magisterio conciliar (Pablo VI, Motu proprio Sanctitas clarior, 19-III-1969)-, resplandece la conciencia que la Iglesia tiene de sí misma, como misterio de la comunión de los hombres con Dios. Al contemplar este misterio, la Esposa de Cristo ve confirmado también el inagotable patrimonio de su propia historia, y escucha el eco del testimonio de los heraldos de santidad que el Espíritu Vivificador suscita en todo tiempo, para mover a los hombres a acoger el designio de salvación.

El Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer pertenece merecidamente al número de esos testigos, no sólo por el fecundo ejemplo de su vida, sino también por el vigor absolutamente singular con que, en profético concordia con el Concilio Vaticano II, procuró, ya desde los comienzos de su sacerdocio, recordar esa llamada evangélica a todos los cristianos. Movido por esta solicitud, escribió: Tienes obligación de santificarle. Tú también (...). A todos, sin excepción, dijo el Señor.- «Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto» (Camino, n. 291). Y también: Estas crisis mundiales son crisis de santos (Ibid., n. 301). (…)

Con una caridad infatigable y una activa esperanza, promovió y guió la expansión del Opus Dei por todo el mundo, contribuyendo a una vasta movilización de laicos, que fueran conscientes de su responsabilidad de participar en la misión de la Iglesia. Impulsó iniciativas de vanguardia en el ámbito de la evangelización y de la promoción humana; suscitó en todas partes vocaciones al sacerdocio y al estado religioso; emprendió viajes extenuantes por Europa y por América, para difundir la doctrina de la Iglesia. Y, sobre todo, se dedicó a la formación de los miembros del Opus Dei -sacerdotes y laicos, hombres y mujeres-, para infundirles una sólida vida interior, con una ejemplar adhesión al Magisterio de la Iglesia y un celo ardiente por las almas, que les llevara a ejercer un apostolado personal capilar. Omnes cum Petro ad lesum per Mariam!: estas palabras expresan bien la incesante y encendida pasión que consumía al Siervo de Dios y predicó a los demás desde los comienzos de su sacerdocio.

De todos modos, los rasgos más característicos de su personalidad no hay que buscarlos tanto en sus egregias cualidades para la acción como en su vida de oración, y en la asidua experiencia unitiva que hizo de él verdaderamente un contemplativo itinerante. Fiel al carisma recibido, fue ejemplo de heroicidad en las circunstancias corrientes de la vida: en la oración continua; en la mortificación ininterrumpida -como el latir del corazón-; en la asidua presencia de Dios, que alcanzaba las cumbres de la unión con Dios incluso en medio del fragor del mundo y de una dedicación incansable al trabajo. Continuamente inmerso en la contemplación del misterio de la Trinidad, vivió la filiación divina en Cristo como fundamento de toda la vida espiritual, en la que la fortaleza de la fe y la audacia apostólica de la caridad se conjugaban armónicamente con el abandono filial en las manos de Dios Padre. (…)

El Siervo de Dios falleció en Roma el 26 de junio de 1975. En aquel momento, pertenecían al Opus Dei más de 60.000 miembros de 80 nacionalidades; los sacerdotes incardinados en la Obra eran casi un millar; y florecían por los cinco continentes iniciativas apostólicas, entre las que se contaban escuelas, universidades y centros de promoción social. Los escritos del Siervo de Dios, que han alcanzado una difusión de casi seis millones de ejemplares, se consideran ya obras clásicas de espiritualidad.

La fama de santidad, de la que Josemaría Escrivá gozó ya en vida, se extendió después de su muerte, hasta el punto de que, en muchas naciones, puede considerarse ya una auténtica manifestación de devoción popular. La Causa de Canonización fue introducida en Roma el 19 de febrero de 1981. Se instruyeron dos Procesos Cognicionales aeque principales, uno en Madrid y otro en Roma, que se concluyeron, respectivamente, el 26 de junio de 1984 y el 8 de noviembre de 1986. Después, fue estudiada en la Congregación de las Causas de los Santos; primero, en el Congreso de Consultores, celebrado el 19 de septiembre de 1989, bajo la presidencia del Promotor General de la Fe, Revmo. Mons. Antonio Petti; luego, el día 20 de marzo de 1990, en la Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos, en la que actúa como Ponente el Emmo. Card. Edouard Gagnon. Y en las dos reuniones, se dio una respuesta afirmativa a la pregunta sobre el ejercicio heroico de las virtudes del Siervo de Dios. (…)

El Santo Padre ha dispuesto que este Decreto se haga público y sea incluido en las actas de la Congregación de las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el día 9 de abril del Año del Señor 1990.
Angelus Card. Felici,  Praefectus
Eduardus Nowak, Archiep. tit. Lunensis, a Secretis

Decreto pontificio por el que se reconoce un milagro atribuido al Venerable siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer

El Venerable Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902. Su carisma eclesial específico consiste en la vigorosa proclamación de la radicalidad de la vocación bautismal en cuanto vocación a la santidad. El 2 de octubre de 1928, movido por Dios, fundó el Opus Dei; poco después, el 14 de febrero de 1930, entendió, con la gracia de Dios, que el Opus Dei debía desarrollar su apostolado también entre las mujeres, y, el 14 de febrero de 1943, también movido por Dios, fundó la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. (…)

A su muerte (…) decenas de millares de favores, espirituales y materiales, algunos de ellos patentemente extraordinarios, vinieron enseguida a confirmar la extensión de su fama de santidad y su poder de intercesión ante Dios. Entre las curaciones prodigiosas que se le atribuyen, destaca la de Sor Concepción Boullón Rubio, Carmelita de la Caridad, de 70 años: cuando se encontraba en trance de muerte inmediata, una noche de junio de 1976, como resultado de las invocaciones dirigidas al Siervo de Dios, curó de modo repentino, y con efecto total y permanente, de una enfermedad cuyo diagnóstico ha sido fijado por la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos como Lipocalcinogranulomatosis tumoral en sujeto de raza blanca con localizaciones múltiples dolientes e invalidantes, con volumen máximo de una naranja en el hombro izquierdo. A esta enfermedad se añadía una patología concomitante, diagnosticada por la Consulta Médica en los siguientes términos: Estado caquéctico en paciente con úlcera gástrica y hernia de hiato complicada por una grave anemia hipocrómica. En el momento en que desaparecieron las tumefacciones, esta segunda enfermedad mejoró, también de modo repentino e inexplicable, hasta desaparecer definitivamente. La misma Consulta ha establecido que el pronóstico era gravemente infausto quoad vitam y quoad valetudinem.

Sobre esta curación prodigiosa se instruyó en la Curia Arzobispal de Madrid, del 21 de enero al 3 de abril de 1982, un Proceso Cognicional, que recibió el decreto de validez de la Congregación para las Causas de los Santos el 20 de noviembre de 1984.

De acuerdo con lo que prescribe el derecho, el caso fue sometido en primer lugar al examen de la Consulta Médica ya citada, que, en la reunión del 30 de junio de 1990, concluyó unánimemente que la curación de Sor Concepción Boullón Rubio no es explicable por causas naturales.

El estudio de la curación pasó luego a la discusión teológica: en un primer momento, en el Congreso Peculiar de los Consultores Teólogos, que tuvo lugar el 14 de julio de 1990 bajo la dirección del Rvdmo. Mons. Antonio Petti, Promotor General de la Fe; después, el 18 de junio de 1991, en la Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos, reunida en el Palacio Apostólico, en la que actuó como Ponente el Emmo. y Rvdmo. Card. Edouard Gagnon. Los dos organismos dieron respuesta positiva unánime a la cuestión de la consistencia del milagro y de su atribución al Venerable Josemaría Escrivá de Balaguer.

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, después de haber recibido del Cardenal Prefecto abajo firmante una detallada y fiel relación de todo lo que se acaba de exponer, acogiendo y ratificando los votos de la Congregación, ordenó que se extendiese el Decreto sobre la antedicha curación prodigiosa.

Cumplida esa disposición y convocados en la fecha de hoy el Cardenal Prefecto, el Ponente de la Causa, el infrascrito Secretario y otros según costumbre, el Santo Padre ha declarado en presencia de los asistentes: Constan las pruebas del milagro obrado por Dios a través de la intercesión de su Venerable Siervo Josemaría Escrivá de Balaguer, Sacerdote, Fundador de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei, es decir, de la curación instantánea, perfecta y permanente de Sor Concepción Boullón Rubio, Carmelita de la Caridad, de lipocalcinogranulomatosis tumoral en sujeto de raza blanca con localizaciones múltiples dolientes e invalidantes, con volumen máximo de una naranja en el hombro izquierdo,- y de estado caquéctico en paciente con úlcera gástrica y hernia de hiato complicada por una grave anemia hipocrómica.

El Santo Padre ha dispuesto que este Decreto se haga público y sea incluido en las actas de la Congregación para las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el 6 de julio de 1991. 
Angelus Card. Fellici, Praefectus 
Eduardus Nowak, Archiep. tit. de Lunensis, a Secretis