Primera ordenación sacerdotal de fieles del Opus Dei (1944)

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
Ya antes del 14 de febrero de 1943, varios miembros del Opus Dei se estaban preparando intensamente para su posible ordenación sacerdotal. La solución jurídica del problema abrió el camino a la primera ordenación, que tuvo lugar el 25 de junio de 1944. Los tres primeros sacerdotes ordenados ese día, de manos del obispo de Madrid, fueron Don Álvaro del Portillo, Don José María Hernández de Garnica y Don José Luis Múzquiz; los tres, ingenieros.

Primeras ordenaciones en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, 25-VI-1944

El último domingo del pasado mes junio, el Obispo de Madrid-Alcalá, doctor Eijo y Garay, ordenó de sacerdotes a D. Álvaro del Portillo y Díez de Sollano y D. José Luis Múzquiz de Miguel, ingenieros de Caminos y doctores en Filosofía y letras y a D. José María Hernández de Garnica, ingeniero de Minas y doctor en Ciencias, nuevos sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, fundada por el padre Escrivá. A la ordenación, celebrada en el palacio episcopal, asistieron el secretario de la Nunciatura, monseñor Del Gíudice, monseñor Galindo, representaciones del clero secular, órdenes y congregaciones religiosas, miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, profesores de las escuelas de ingenieros y numerosos universitarios y compañeros de los ordenados. (...). ECCLESIA se complace en publicar en sus páginas esta noticia y espera que la labor apostólica de estos sacerdotes sea muy fecunda. (Foto Cervera.)

Carta 14-II-1944, n. 9

Los sacerdotes son también necesarios para la atención espiritual de los miembros de la Obra: para administrar los sacramentos, para colaborar con los Directores laicos en la dirección de las almas, para dar una honda instrucción teológica a los otros socios del Opus Dei y -punto fundamental en la constitución misma de la Obra- para ocupar algunos cargos de gobierno.

Carta 8-VIII-1956

Desde que preparé a los primeros sacerdotes de la Obra, exageré -si cabe- en su formación filosófica y teológica, por muchas razones: la segunda, por agradar a Dios; la tercera, porque había muchos ojos llenos de cariño puestos en nosotros, y no se podía defraudar a esas almas; la cuarta, porque había gente que no nos quería, y buscaba una ocasión para atacar; después, porque en la vida profesional he exigido siempre a mis hijos la mejor formación, y no iba a ser menos en la formación religiosa. Y la primera razón -puesto que yo me puedo morir de un momento a otro, pensaba-, porque tengo que dar cuenta a Dios de lo que hecho, de deseo ardientemente salvar mi alma.