Santo Rosario (1934)

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
Una mañana, después de decir Misa, durante la Novena de la Inmaculada del año 1932, al terminar la acción de gracias, Don Josemaría Escrivá escribió de una sentada, junto al presbiterio, en la sacristía de Santa Isabel, el libro “Santo Rosario”. Lo escribió con la intención de que sirviera para que las personas que trataba rezaran mejor esta popular oración mariana, aprendiendo a contemplar las escenas de los distintos misterios. Lo publicaría en forma de libro posteriormente, en 1934.

Santo Rosario, Prólogo

Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños..., rezar como rezan los niños.

Y todo esto junto es preciso para llevar a la práctica lo que voy a descubrirte en estas líneas:

El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.

-¿Quieres amar a la Virgen? -Pues, ¡trátala! ¿Cómo? -Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.

Pero, en el Rosario... ¡decimos siempre lo mismo! -¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman?... ¿Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios? -Además, mira: antes de cada decena, se indica el misterio que se va a contemplar. -Tú... ¿has contemplado alguna vez estos misterios?

Santo Rosario, Epílogo

Amigo mío: te descubrí un punto mi secreto. A ti, con la ayuda de Dios, te toca descubrir el resto. Anímate. Sé fiel.

Hazte pequeño. El Señor se esconde a los soberbios y manifiesta los tesoros de su gracia a los humildes.

No temas si, al discurrir por tu cuenta, se te escapan afectos y palabras audaces y pueriles. Jesús lo quiere. María te anima. Si rezas el Rosario así, aprenderás a hacer oración buena.