El Opus Dei y la autoridad diocesana

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
D. Francisco Morán era la mano derecha de don Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá, y había oído hablar de don Josemaría desde que obtuvo sus primeras licencias en Madrid, a petición de doña Luz Casanova. Pero no se habían tratado personalmente, hasta que un día, en enero de 1931, se encontraron en el metro, codo con codo. Desde entonces el trato fue ininterrumpido. En las entrevistas con el Vicario General, don Josemaría le notificaba con puntualidad la labor de formación cristiana secular que realizaba personalmente y todas las actividades de la Academia DYA. Al mismo tiempo, comenzaron a difundirse rumores negativos sobre el trabajo que don Josemaría hacía con los jóvenes. Se le acusaba de clandestinidad. Don Josemaría, que informaba con detalle a la autoridad diocesana, pensaba a la vez que aun no había llegado el momento de buscar institucionalización alguna a esa labor que realizaba, y así lo habló con el Vicario Morán.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1126

Con la santa desvergüenza, me aproveché para meter por los ojos del Sr. Morán a dos de mis h.h. sacerdotes. -Lo más importante de la entrevista fue que, al hablarle yo de la "academia del Sr. Zorzano", donde continúo mi labor con jóvenes universitarios, me dijo: ¿cómo no dan ustedes unas clases de religión para intelectuales? Y se lamentó de que ya podían ellos haber anunciado en el "Boletín" y en hojas aparte (me entregó una) los cursos de Luchana 33. Este "Luchana 33" se ve que le sonaba..., antes que yo se lo dijera. Quedé en mandarle nota de profesores y alumnos; y me dio libertad para organizar como quiera este asunto.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1140 (27-I-1934)

El lunes pasado estuve con el Sr. Vicario de Madrid. Fui por un asunto del convento de Sta. Isabel. Hablamos de muchas cosas, de nuestros apostolados, de los chicos... El Sr. Morán pasó un buen rato y está cambiadísimo: antes me urgía a que fuera yo a la cátedra; ahora me decía: no hacen falta sacerdotes maestros, ni sacerdotes catedráticos, sino sacerdotes que formen maestros y catedráticos.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1191 (29-V-1934)

Me recibió el Sr. Vicario muy amablemente. Me hizo sentar (quienes frecuenten el Vicariato saben bien la distinción que este detalle supone) y me dijo: "Dígame Vd. qué es eso de la Academia DYA". Me despaché a mi gusto. El Sr. Morán, con los ojos entornados, escuchaba, asintiendo con movimientos de cabeza. Le dije, en síntesis: 1/ que me daba mucha alegría con esa pregunta. Que, en mis cartas (le escribo con frecuencia), de intento decía cosas, dando pie para que me preguntara. 2/ Hice la historia externa desde el 2 de octubre del 28. 3/ Le hice notar que fuimos a Luchana, sabiendo que allí vivía un gran amigo suyo -del Vicario- porque no teníamos nada que ocultar. 4/ Hablé de mis hijos sacerdotes, alabando a los que él conoce, como debe hacerlo un padre. 5/ Me dijo que no deje de dar los retiros espirituales durante el verano. 6/ Me dijo también que ya tenía licencia para publicar el "Santo Rosario". Y 7/ -aquí viene lo bueno- me pidió (como si no hubiera teólogos y asociaciones ad hoc en Madrid) que le hiciera un plan de estudios religiosos para universitarios.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1192 (29-V-1934)

Ahora, dos palabras: ¿somos clandestinos? De ninguna manera. ¿Qué se diría de una mujer grávida, que quisiera inscribir en el registro civil y en el parroquial a su hijo nonnato?... ¿qué, si quisiera, si intentara matricularlo como alumno en una Universidad? Señora -le dirían-, espere Vd. Que salga a la luz, que crezca y se desarrolle... Pues, bien: en el seno de la Iglesia Católica, hay un ser nonnato, pero con vida y actividades propias, como un niño en el seno de su madre... Calma: ya llegará la hora de inscribirlo, de pedir las aprobaciones convenientes. Mientras, daré cuenta siempre a la autoridad eclesiástica de todos nuestros trabajos externos -así lo he hecho hasta aquí-, sin apresurar papeleos que vendrán a su hora. Este es el consejo del P. Sánchez y de D. Pedro Poveda, y -añado- del sentido común.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1193 (29-V-1934)

Que nos ven. Que se dan cuenta. Bueno. Bien. ¿Acaso, habiendo fuego, se pueden evitar el humo, el calor y la luz? Pues tampoco, habiendo Obra, podremos evitar el humo de la calumnia o de la murmuración, ni el calor de nuestros trabajos de apostolado, ni la luz del Amor de Dios manifestada en nuestro ejemplo y en nuestra palabra.