La “Obra de Dios” (1930)

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
Sobre el origen del nombre "Opus Dei", contamos con varias reflexiones del mismo Josemaría Escrivá. El P. Sánchez, que está presente en alguno de los siguientes textos como la persona que ayudó al Fundador a "descubrir" el nombre "Opus Dei", que ya aparecía sus escritos, es el jesuita Valentín Sánchez Ruiz, su confesor desde 1930.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 126 (9-XII-1930)

La Obra de Dios: hoy me preguntaba yo, ¿por qué la llamamos así? Y voy a contestarme por escrito (...). Y el p. Sánchez, en su conversación, refiriéndose a la familia nonnata de la Obra, la llamó "la Obra de Dios". Entonces -y sólo entonces- me di cuenta de que, en las cuartillas nombradas, se la denominaba así. Y ese nombre (¡¡La Obra de Dios!!), que parece un atrevimiento, una audacia, casi una inconveniencia, quiso el Señor que se escribiera la primera vez, sin que yo supiera lo que escribía; y quiso el Señor ponerlo en labios del buen padre Sánchez, para que no cupiera duda de que Él manda que su Obra se nombre así: La Obra de Dios.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1867 (14-VI-1948)

Yo no puse a la Obra ningún nombre. Hubiera deseado, de ser posible -no lo era-, que no hubiera tenido nombre, ni personalidad jurídica (...). Mientras, llamábamos a nuestra labor sencillamente así: "La Obra".

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1868 (14-VI-1948)

Pero volvamos al nombre de nuestra Obra. Un día fui a charlar con el P. Sánchez, en un locutorio de la residencia de la Flor. Le hablé de mis cosas personales (sólo le hablaba de la Obra en cuanto tenía relación con mi alma), y el buen padre Sánchez al final me preguntó: "¿cómo va esa Obra de Dios?" Ya en la calle, comencé a pensar: "Obra de Dios. ¡Opus Dei! Opus, operatio..., trabajo de Dios. ¡Este es el nombre que buscaba!" Y en lo sucesivo se llamó siempre Opus Dei.

Testimonio de Laureano Castán Lacoma, (1978)

Mons. Laureano Castán Lacoma, que fue obispo de Sigüenza-Guadalajara, conoció a don Josemaría en el año 1926 en el pueblo de Fonz (Huesca), donde la familia Escrivá solía ir durante los veranos.

En alguna de aquellas ocasiones, entre los años 1929 y 1932, dimos varios paseos, a solas, conversando largamente (…). Me habló de la fundación que el Señor le pedía llamándola la Obra de Dios. Aunque decía que estaba trabajando para realizarla, me hablaba de todo como si fuese una cosa ya hecha: tal era la claridad con la que –ayudado por la gracia de Dios- la veía proyectada en el futuro.