Seminarista y Sacerdote

 

Indice: Fuentes para la historia del Opus Dei
Josemaría Escrivá decidió hacerse sacerdote. Dos años estudió en el seminario de Logroño y cinco en Zaragoza. Durante su estancia en Zaragoza realizó, además, los estudios de Derecho en la Universidad civil. En 1925 recibió la ordenación sacerdotal. La importancia, en la prehistoria del Opus Dei, de su experiencia como formador en el seminario  y el conocimiento de la juventud del momento, así como de sus primeras experiencias pastorales como sacerdote en ambientes rurales, se reflejan en la siguiente síntesis que hizo el Rector de su Seminario.

Testimonio de Don José López Sierra, Rector del Seminario de San Francisco de Paula (1920-1925), dado en Zaragoza, 26 I 1948

D. José María Escrivá de Balaguer. Difícil empresa detallar su vida de seminarista: ingresó a cursar Sagrada Teología en concepto de alumno interno, procedente del Instituto de Logroño, cuna de su formación científica, en el Seminario de S. Francisco de Paula, anejo al de S. Carlos, de Zaragoza, siendo su Sr. Arzobispo el Emmo Sr. Cardenal Soldevila y su Rector el que suscribe estas líneas: empero no tan difícil describir algunos rasgos salientes de ella, en la que predomina su inclinación al apostolado, su predilección por los jóvenes: su obrita "Camino" lo evidencia ¿a quién sino a ellos va dirigida?

Seminarista primero, se distingue entre los de su clase por su esmerada Educación, afable y sencillo de trato, notoria modestia, respetuoso para con sus superiores, complaciente y bondadoso con sus compañeros, era muy estimado de los primeros, y admirado de los segundos. Eminentes cualidades precursoras de su fecundo apostolado.

Director de seminaristas más tarde, distinción que le otorgó el Emmo. Sr. Cardenal, aun antes de recibir las Órdenes Sagradas, en atención a su ejemplar conducta, no menos que a su aplicación, pues simultaneaba con la carrera de Leyes poco a poco se va revelando el incipiente Apóstol para cuyo ministerio le iba previniendo el Cielo con bendiciones de dulzura.

Forjador de jóvenes aspirantes al sacerdocio, no era de admirar fuese más adelante forjador de jóvenes seglares: bien los conocía, con ellos había convivido en las aulas del Instituto y de la Universidad, y eso no obstante, observa un vacío en la formación religiosa de estos jóvenes intelectuales, las instituciones existentes no son adecuadas para albergar en su seno a estos jóvenes de los tiempos modernos, es necesaria una nueva institución, que los acoja. Varias veces me habló sobre el particular con motivo de un reglamento anónimo, que por casualidad llegó a nuestras manos, y hoy puedo decir que providencialmente, pues la Providencia disponit omnia suaviter.

En el Seminario pues, se inicia su gran obra, que está llenando de asombro no a la España Católica, sino al mismo centro de la Catolicidad, a la misma Roma, donde hoy cuenta con alguna Casa la Institución; sí, en nuestro Seminario de Zaragoza se halla como en germen el Opus Dei, esa gran obra de Dios, que había de producir óptimos frutos; fuera del Seminario se consuma.

Su lema era ganar todos para Cristo, que todos fueran uno en Cristo, y sí que lo consiguió con su correcto proceder: no era partidario de castigos, siempre dulce y compasivo, su mera presencia siempre atrayente y simpática contenía a los más indisciplinados, una sencilla sonrisa, acogedora, asomaba por sus labios, cuando observaba en sus seminaristas algún acto edificante, sin embargo una mirada discreta, penetrante, triste a veces, y muy compasiva, reprimía a los más díscolos. Con esta sencillez y suavidad encantadora iba formando a sus jóvenes seminaristas.

Se ordena de sacerdote y se prepara para celebrar su primera Misa, a la manera que el sol, conforme crece el día, va aumentando su luz y calor así el impulso que siente hacia el Apostolado de los jóvenes va en aumento. (…)

Sacerdote, la sed del Apostolado le devora: es muy pequeño el campo de las parroquias que regenta en este Arzobispado de Zaragoza, para su Obra: la Providencia, no sin haber pasado antes por grandes tribulaciones, le lleva a más dilatado campo, al populoso Madrid, donde se siente más necesidad de implantarla a causa de la corrupción de muchos jóvenes. Este su campo: parece resonar en sus oídos la sentencia del Divino Maestro "La mies es mucha, pocos los operarios". El forjador de seminaristas anhela ser forjador de jóvenes seglares. Es su ministerio predilecto. Confiesa, da ejercicios, ora, publica varios escritos, siempre con la mira puesta en los jóvenes, que son las niñas de sus ojos. Por causas ajenas a mi voluntad siento no poder fijar fechas, nueva tribulación para mí. Dar detalles de sus trabajos en Madrid incumbe a los hijos de tan buen padre.