1994. Un viaje a Granada

 

Indice: Un mar sin orillas

Durante una de mis últimas estancias en Nicaragua, viajé con Álvaro Rocha, un sacerdote del Opus Dei, hasta Granada, una hermosa ciudad que dista 44 kilómetros de la capital. Le pedí que me fuera relatando, ante el micrófono de mi grabadora, la "pequeña historia" de los comienzos del Opus Dei en estas tierras. Y tal como lo contó, lo cuento...

"Yo en 1972 estaba fuera -dice Álvaro Rocha, mientras bordeamos con un Mitsubishi renqueante las aguas verdiazules del lago Xolotlán-, pero sabía que Managua había quedado muy afectada por el terremoto. Aunque una cosa es saberlo y otra, muy distinta, verlo con tus propios ojos. Cuando llegué y vi estos prados desiertos de aquí delante, estas ruinas, esta desolación... no me lo podía creer. Y no me orientaba. ¿Dónde está el Colegio Calasanz? ¿Y aquel edificio? ¿Y el otro...? Nada. No es que hubiera desaparecido parte de la ciudad, como yo pensaba; es que casi no había ciudad...

Sólo quedó en pie esto que ve usted ahora: la vieja catedral, que está medio derruida; y el Palacio Nacional, que es ese edificio de ahí enfrente. Me parece que lo van a convertir en Palacio Nacional de la Cultura o en algo parecido. ¿Ve ese monumento al miliciano con una metralleta, donde pone sólo los obreros y campesinos irán hasta el fin? Pues ahí estaba el centro de la antigua Managua.

Esta plaza es como un punto de unión entre el pasado y presente, entre el antes y el después del terremoto... Sin embargo, es curioso, ese edificio blanco, el Teatro Nacional Rubén Darío, aguantó la sacudida sin inmutarse... Pero toda esa gran extensión de hierba que ve ahí delante, todo eso eran calles y comercios, y bancos, y edificios, algunos bastantes altos... ¡y no queda nada! ¡Nada!

Mire allí, hacia el Oeste: es el Momotombo. Rubén Darío le dedicó un poema muy famoso. A ver si lo recuerdo... ¡Ah, sí! Momotombo, ¡Oh nombre de epopeya!/ Con razón Hugo el grande en tu onomatopeya y... ¡no me acuerdo más! Y esto que enfilamos ahora es el paseo de la Revolución. En esa tribuna de la derecha presidían los sandinistas el desfile de las tropas. Ahí estuvo Fidel Castro... ¡Ah, sí, ya me acuerdo de como seguía!: Con razón Hugo el Grande en tu onomatopeya/ ritmo escuchó que es de eternidad.

Por aquí han pasado todo tipo de gentes; se han sucedido las ideologías, los regímenes, los... mire, mire aquellas montañas del fondo: allí hay un pueblo que tiene un nombre muy curioso: San Francisco el Carnicero. Durante la revolución lo rebautizaron y le pusieron San Francisco el Libre. Ahora se llama otra vez como siempre... Y si no le importa, quito el aire acondicionado y bajo la ventanilla; porque hoy ha tenido usted suerte y el clima está fresco, pero la semana pasada si estuvo bien caliente: ¡35 grados!".

Álvaro baja la ventanilla y se cuela en el carro una bocanada de aire caliente que lo convierte en una sauna. ¡Y a esto le llama un clima fresco! Compruebo que el concepto de frescura varía mucho de unos países a otros...

Álvaro sigue, imparable: "Aquí, en Nicaragua, las direcciones son muy curiosas. Nos pasa lo mismo que en Costa Rica. Decimos: 'Del arbolito, cien arriba, veinticinco al lago'; o 'del potro, cincuenta metros al sur'. Por ejemplo, la dirección de nuestra casa es: 'de los semáforos, doscientos al sur, doscientos arriba'. Arriba es donde se levanta el sol y abajo donde se acuesta, porque con el terremoto perdimos el núcleo de la ciudad.

Eso les llama la atención a todos los que vienen aquí... porque no tenemos un lugar que sea 'el centro'. Managua es como un gran pulpo, pero sin cabeza. Mire al fondo, en la lejanía: eso es Managua. Y a la derecha, allí, entre la bruma, hacia los últimos horizontes: eso es Managua todavía. Y aquellas casas de allá, que se pierden entre las nubes: ¡sigue siendo Managua! ¿Pero dónde está el centro de la capital?, preguntan todos. Y les decimos: ¡No hay! ¡Se lo llevó el terremoto!

Ahora se están construyendo muchas cosas. Esas fuentecitas, por ejemplo, las han puesto hace poco: no llevarán un año, y a propósito de eso me contó un pariente mío que... Ah, pero antes tengo que explicarle que entendemos aquí por un 'pariente'... En Nicaragua hay un sentido de la familia amplísimo. Me decía el otro día un amigo: 'Pues fulanito, que es pariente cercano mío'; y luego me enteré que sus abuelas eran... ¡primas segundas!

Mire la gente... Se ve que este país, con tantos problemas, con tantas necesidades, a pesar de las guerras, de los sufrimientos, de las violencias, no ha perdido la alegría de vivir... ¿Ve esas dos señoras que se están riendo, sentadas a la puerta de sus champas? Venden una cosa típica de aquí, los dulcitos. ¿Y ese otro que viene caminando, tan campechano? Es un vendedor de lotería. No se imagina lo que es la lotería aquí; es algo indescriptible: una pasión nacional.

Eso que dejamos a la izquierda es un campo de béisbol: ¡otra pasión nacional! Se juega béisbol hasta en el último caserío del país. Y esto de la derecha es el monumento a la Revolución. Y eso del fondo, la nueva catedral. Es grande, ¿verdad? De un estilo vanguardista, con esas cupulitas, como bizantinas... Es mucho más que un edificio: cuando vino el Papa en 1996 la llamó el símbolo de la nueva Managua; el exponente de la revitalizacion religiosa que está viviendo este país..." (67) *

Dejamos atrás las últimas casas de Managua y nos dirigimos hacia Granada, mientras doy gracias a Dios por ese impulso de la vida cristiana del que me habla Álvaro. Un impulso largamente esperado, porque... ¡han sufrido tanto los católicos nicaragüenses en los últimos años! Pero poco a poco, entre tantas sombras, se va abriendo paso la esperanza y la luz.

Me cuenta Álvaro que el Papa constató durante su visita, los cambios positivos que se habían operado: pero recordó que persistían aún varias plagas terribles que afectaban a amplias capas de la población: la pobreza, la ignorancia, tantas personas sin puestos de trabajo, tantos hogares que pasan necesidades, tantos niños y jóvenes sin instrucción...

Mientras converso con Álvaro de estas cuestiones, y miro a mi alrededor, constato que son problemas acuciantes, reales, ante los que ningún cristiano puede cerrar los ojos, aceptando un status quo con el falso argumento de que siempre habrá desigualdades entre los pobres y los ricos... Por eso, el Papa recordó durante su visita que no sólo debían afrontar esas injusticias los gobernantes: todos los sectores de la sociedad nicaragüense y cada uno de los ciudadanos debe dar su propia respuesta.

Habló el Papa con un gran sentido de urgencia porque, ¡se palpan, día tras día, en estas tierras, tantas necesidades! ¡Hay tanta hambre de Dios y tanta hambre de pan! ¡Tantas injusticias que claman al cielo! Pero no cabe el odio, ni la lucha de clases.

¿Cual es la solución del Opus Dei para estos problemas? me preguntan a veces. Y les contesto que el Opus Dei, esta porción del Pueblo de Dios, no tiene una solución concreta, una "respuesta técnica" que ofrecer; la Prelatura del Opus Dei recuerda constantemente, en nombre del Evangelio, a todos los que se acercan a sus apostolados que cada uno, como recordaba el Papa, tiene que dar su propia respuesta, su respuesta personal y responsable, ante estos problemas. Una respuesta sin claudicaciones, sin conformismos y sin fanatismos, que respete la libertad de los demás y el legítimo pluralismo en la acción social.

Sé que no es tarea fácil; porque no se trata únicamente de proclamar delicuescentes conceptos de amor y de solidaridad, o, como recordaba don Álvaro del Portillo en 1994, de fomentar tan sólo vagos sentimientos de misericordia y de compasión. No; don Álvaro nos alentó a vivir y a enseñar la justicia y la caridad en todos los ámbitos de la sociedad; a buscar soluciones que contribuyan -en el respeto a la libertad de todos- a configurar una sociedad más justa y más humana...

Las últimas décadas del siglo XX fueron muy duras para la Iglesia en Nicaragua. Fueron años de confusión doctrinal, en los que la que se autodenominó "iglesia de los pobres" se oponía a la Jerarquía católica, a la que tildaba de "iglesia oficial". Fueron años de dudosas "liturgias", con santorales extraños, en los que el Magníficat acabó convirtiéndose en un himno de liberación política, y la Virgen en "la madre del guerrillero"... ¡Cuánto desconcierto! ¡Cuánto sufrimiento! ¡Aquella "concelebración" en Managua en la que se ofreció una ametralladora en el momento de las ofrendas! ...Pero Álvaro Rocha me saca de pronto de estos recuerdos.

"Mire, don Antonio: esto que estamos atravesando es el corazón de Nicaragua. Aquel volcán del fondo es el Masaya. Y el de detrás, el Mochambo. Y esa cinta azul de ahí enfrente, la laguna. Los momentos más cruciales de la historia de Nicaragua han tenido lugar aquí. Por aquí pasaron durante el siglo XIX los ejércitos guatemaltecos, a pie, para expulsar a Walker... ¡Walker! Es soprendente la historia de ese tipo. Le llamaban el predestinado de los ojos grises... Y no era un simple aventurero; era, además de médico y abogado, un periodista. Fue director del The New Orleans Crest, o de algo parecido... Yo no tengo nada contra los periodistas, pero es que Walker era algo mucho peor: ¡un filibustero!

Y se confirma que la realidad supera la ficción, porque cuando Walker hizo su primera incursión, en 1853, contra México sólo tenía 29 años, y acabó declarándose... ¡Presidente del Estado de Sonora y de la Baja California! Dicen que lo hizo para vencer la melancolía por la muerte de su novia...

Pero le duró poco. Y cuando le expulsaron de allí probó fortuna acá, donde los liberales de León estaban enfrentados -como de costumbre- con los legitimistas de Granada. Le pidieron ayuda y se vino enseguida, ni corto ni perezoso, con 56 secuaces -la famosa Falange de los Inmortales-; atacó Granada, se apoderó de la ciudad, y un año después, aprovechando la ausencia del líder liberal, se hizo elegir nada menos que Presidente de Nicaragua.

Su programa de gobierno era el siguiente: implantar el inglés como lengua oficial, restablecer la esclavitud y confiscar los bienes de los que no colaborasen con él. Y luego... Pero mire; mire a la derecha: aquello es el volcán Santiago, y hasta aquí mismo, ¿ve?, llega el labio de la lava. De vez en cuando se le ve humear. Dice una leyenda que los indios arrojaban sus doncellas a la lava hirviente, para aplacar a Chaciutique, la diosa del Fuego... Yo no sé si será verdad o no, pero cuentan que han encontrado varios esqueletos en los túneles de lava que hay cerca del volcán. Cuando vinieron los conquistadores hicieron poner una cruz arriba del todo, y aseguran que más de uno murió intentando extraer el oro hirviente del fondo, que no era más que lava que brillaba con la luz del sol...".

Álvaro sigue describiéndome, mientras el carro avanza en dirección a Granada, las numerosas costumbres nicaragüenses: "tenemos muchos bailes famosos: los Zompopos, el Tinco, el Toro Guaco, los Chinegritos... pero el más conocido de todos es el Güegüence; es una especie de comedia danzante de los indios mangues, que data de la epoca colonial. Lo recitan mitad en castellano, mitad en náhuatl, y es muy divertido, porque el criollo le va girando la vuelta (68) * al capitán español...".

Mientras Álvaro me describe el Güegüence, voy contemplando, admirado, la hermosura deslumbrante de este valle de Masaya, presidido por un gigantesco cono volcánico que emerge, majestuoso, desde un verde mar de platanales. El carro amaina la marcha de vez en cuando para dejar paso a una cansina carreta de bueyes con las ruedad pintadas de colores. Veo cruces en los márgenes de la carretera. ¿Un accidente? ¿Secuelas de la guerra? Rezo por ellos y pido a Dios por la paz y la concordia entre todos. Mientras tanto, Álvaro ha retomado de nuevo el hilo de la historia de Walker.

"...pero Walker era mucho más ambicioso; pretendía apoderarse de toda Centroamérica; ¡Cinco o ninguno!, decía... Entonces todo el itsmo se unió en su contra y tuvo que capitular en Rivas, en 1857. Es la última vez que estuvimos unidos todos los países centroamericanos en una guerra, frente a un enemigo común... Pero ya estamos llegando: éstas son las primeras casas de Granada".

Entramos en Granada por larga avenida de chilamates. Cae la tarde y la ciudad se dibuja tranquila y solitaria sobre el cielo azul, con edificios de balconadas graciosas pintadas de amarillo. Pasamos junto a una desvencijada estación de tren, roja y blanca.

Nos dirigimos hacia el centro de la ciudad entre una hilera de casitas de color verde pastel. Llegamos a la Plaza de Armas. Esta plaza silenciosa, de sabor neoclásico, es el corazón de Granada: una ciudad ardientemente codiciada en el siglo XVII por los filibusteros del Caribe, saqueada e incendiada por el pirata Walker en el siglo XIX y que ahora se nos ofrece, en la quietud de esta tarde de noviembre, serena y lejana... Sólo se escucha, de vez en cuando, el tintineo de una calesa que avanza lentamente con un tiro monótono de dos caballos.

Entramos en la Catedral, que está abarrotada de fieles. Se ha congregado una multitud, como todos los jueves del año, para venerar y adorar al Santísimo Sacramento. Hay Exposición Solemne, Procesión y Santa Misa. "A esta hora -me comenta Álvaro Rocha- muchísimas iglesias de Nicaragua están llenas de gente adorando la Eucaristía".

Corre una brisa suave y la luna pasa lentamente del rosa al oro sobre un cielo violáceo. En las callejuelas, sentados en corro junto a las puertas de sus casas, los granadinos charlan y rien, sentados en las mecedoras de mimbre y abanicándose al compás del balanceo.

Pasamos junto a otras iglesias, en las que se escuchan cantos de adoración a la Eucaristía. A nuestro lado, por la carretera rectilínea que nos conduce al lago, brujulea un muchachito con su bicicleta, haciendo piruetas y equilibrios con una cacerola en la cabeza. Le señalo a Álvaro la pequeña estatua de la Inmaculada, pintada en amarillo y blanco, que hay al comienzo de la avenida.

"No se puede imaginar -me dice Álvaro- el amor a la Virgen que hay en esta tierra. Tiene que venir el 8 de diciembre, para ver la gritería. No hay familia católica que no ponga en su casa un altarcito con una imagen de la Purísima, adornado con flores. La tradición es ir de casa en casa cantando unos himnos muy populares, como el 'Sale al mundo con grata sonrisa' o el 'Toda hermosa'... Luego se toman unos dulcitos y se grita: '¿Quién causa tanta alegría?' '¡La concepción de María!' Y los gritos de alabanza se oyen por toda Nicaragua. Es algo inenarrable".

Llegamos a las orillas del lago de Nicaragua, que alberga -me dice Álvaro- cuatrocientas islas de una vegetación exhuberante. Es el lago mayor de América Central y el único del mundo con tiburones. Entramos por un recinto desportillado y paseamos a lo largo de un espigón con raíles. Luego conversamos junto a la orilla del lago.

"Por esta misma orilla -imagina Álvaro- caminaría Walker con sus bucaneros y con sus sueños de grandeza... Cuando arrasó esta ciudad puso un cartelón entre los escombros que decía: Aquí estuvo Granada. Y lo echaron; pero no se dio por vencido; a los seis meses regresó; entonces lo arrestaron y lo devolvieron de nuevo a los Estados Unidos... Volvió a intentarlo en 1860 y desembarcó cerca de Trujillo... Y allí acabó su historia, porque lo capturó la Armada británica, que lo entregó a los salvadoreños y lo fusilaron, tras un Consejo de Guerra... Poco antes el gobierno había decidido trasladar la capital a Managua, que era entonces un pueblito muy pequeño, para ver si se aliviaban las tensiones entre León y Granada... Pero mire, mire al fondo, entre las nubes: ésos son los volcanes Concepción y Madera, de la isla de Ometepe".

Comienza a anochecer y las siluetas de las islas se reflejan en el lago con perfiles negruzcos, de un color rojo vinoso, casi escarlata. Álvaro sigue contándome la historia de este país mientras regresamos a Managua y evocamos los tanteos de la labor apostólica del Opus Dei en Nicaragua durante los años setenta.

Durante ese tiempo se advertían las consecuencias de la inestable situación política y social, que tuvo un exponente significativo cuando las "turbas divinas" irrumpieron violentamente en la Misa del Papa. No fue un caso aislado: con frecuencia estas turbas asaltaban el templo donde un sacerdote "no afecto" celebraba la Misa, y alzaban la bandera sandinista tras golpear a los fieles...