Octubre de 1991

 

Indice: Un mar sin orillas

En Guatemala, en cuanto supimos la noticia, comenzamos a rezar y a hacer gestiones para localizar a Roger. Pero todas las comunicaciones estaban cortadas y no sabíamos qué hacer: ¿estaría vivo o muerto?

Sin embargo, en aquella mañana de octubre de 1991, casi veinte años después, cuando nos dirigíamos con Mauricio, el primo de Roger, hacia la catedral de Managua, todo aquello era historia pasada. Tres meses antes, en julio de 1991, el Cardenal Obando había visitado a don Álvaro en Roma. '¿Cuándo vendrán ustedes a Nicaragua?', preguntó. 'Lo estudiaremos', respondió don Álvaro. 'Una negativa diplomática', pensó un acompañante del Cardenal...; pero poco después recibí en Guatemala una carta de don Álvaro en la que me indicaba que viniese a Nicaragua para estudiar el asunto; y en el otoño de 1991 ya estábamos Enrique y yo en Managua, comenzando de nuevo -¡siempre en los comienzos!- como casi cuarenta años antes en Guatemala...

Los primeros encuentros fueron muy esperanzadores. Visitamos a diversas personalidades eclesiásticas: al Cardenal; al Nuncio, Mons. Giglio Paolo; y a Mons. Bosco Vivas, Obispo de León, una ciudad de honda raigambre universitaria. (66) *

Mons. Bosco deseaba que comenzáramos cuanto antes en León, pero comprendió que primero debíamos asentarnos en Managua. Me enseñó la antigua catedral de León, donde reposan los restos de Rubén Dario. Como buen nicaragüense, Mons. Bosco sabía de memoria varios poemas de la gloria nacional nicaragüense, que me recitó; yo le evoqué también, divertido, aquella vibrante Marcha Triunfal que aprendí hace muchos años en las viejas aulas de San Antón:

Ya viene el cortejo, ya viene el cortejo

ya se oyen los claros clarines...