Siramá

 

Indice: Un mar sin orillas

Afortunadamente, con el progresivo restablecimiento de la paz, la situación social de El Salvador se fue serenando, y durante estos últimos años se han ido consolidando muchas iniciativas apostólicas.

Una de ellas es Siramá, un centro para la promoción de mujeres salvadoreñas de escasos recursos. El visitante que llega por primera vez se extraña al percibir, en el hall de entrada, un delicioso olor a tarta. "Hoy hay clases de Cocina -explican-. Y toca Repostería". En el segundo piso una profesora muestra a un grupo de madres de familia el modo de preparar varios productos de confección casera: torta margarita, marialuisa, galletas de vainilla...

En cada planta se enseña un arte distinto: en la tercera, varias mujeres reclinadas sobre máquinas de coser reciben un curso de Corte y Confección; en la planta de arriba aprenden las primeras nociones de Peluquería. Impresiona la alegría de estas mujeres, que viven en circunstancias tan duras y difíciles. La directora del centro, Marta Dinora Zepeda, una mujer joven y dinámica que habla con el dinamismo característico de las salvadoreñas, corrobora esta idea.

"A mí me produjo ese mismo impacto -cuenta- la primera vez que vine a Siramá, en 1977. ¡Qué alegría reina aquí!, pensé. Yo trabajaba entonces en un banco comercial. Me enseñaron las clases, me hablaron de los proyectos que tenían... Todo me gustó mucho, pero hubo un detalle que me llamó especialmente la atención: esa imagen de la Virgen de Guadalupe que hay en el patio. Yo no sabía nada del Opus Dei, pero he tenido siempre una gran devoción a la Virgen, y me hice este razonamiento: 'si las personas del Opus Dei promueven estas cosas y quieren a la Madre de Dios, esto tiene que ser un camino seguro; esto tiene que ser de Dios'.

Poco después me invitaron a un Retiro; fui conociendo el Opus Dei y tres años después pedí la admisión como agregada (58)*. Durante esos años me fui entusiasmando con Siramá, y pasé a formar parte del Consejo Directivo del centro, como Gerente.

Mi experiencia profesional anterior me fue muy útil. Yo había trabajado durante muchos años como Gerente de Sucursales de Banco y había comprobado que muchos pequeños comerciantes pasan necesidades económicas por no saber llevar una contabilidad elemental. El banco les da un crédito para montar una tiendita, por ejemplo, y acaban gastándose todo el crédito en comprar alimentos o vestidos para sus hijos...

Es el mismo problema de muchas de nuestras alumnas que han venido desde el interior del país a causa de la guerra y viven al borde de la miseria: no saben salir adelante porque están solas; solas y con varios hijos; sin trabajo, sin más casa que una champa de lodo y caña, con un techo de cartón sujeto con piedras para que el viento no lo levante...

Cuando te cuentan esos problemas lo fácil es dar un donativo y desentenderse... Pero es preferible enseñarlas a trabajar dignamente, de modo que aprendan a llevar un pequeño negocio con el que tengan pan durante toda su vida.

En Siramá realizamos gestiones económicas con empresas para que estas señoras puedan asistir a los cursos pagando una cuota mínima. Durante la guerra fueron cursos gratuitos, porque no podían pagar nada; ahora les pedimos que paguen algo, por poco que sea, aunque sea simbólico, porque si los cursos no cuestan nada no pueden exigir derechos, y sienten que están recibiendo como una especie de limosna.

Desde 1979 hemos ido ampliando el número de programas. Hace muchos años, en 1984, comenzamos uno, de Empresas Hogareñas, realmente innovador: nos propusimos atender a doscientas mujeres que vivían en una situación de extrema pobreza. Era un problema urgente que requería una solución urgente: esas mujeres necesitaban poder valerse por sí mismas, como máximo, en el plazo de tres meses. No podían esperar más, porque la mayoría eran madres solteras, con una media de cuatro o cinco hijos, sin trabajo estable, con días en los que sus hijos podían comer y con días en los que no...

La afluencia fue grandísima y estuve hablando con muchas de ellas. Habían vivido durante años con el horror de la guerra, en medio de una zozobra constante, sin saber qué hacer... Recuerdo especialmente a una muchacha de diecisiete años, que aparentaba trece y estaba muy desnutrida. Llevaba del brazo a un niño muy sucio que era su hijo. Me invité a su casa y pude ver la vida que llevaba: vivía junto a un basurero, con su mamá, su padrastro y el padre de su hijo. Eran tan pobres que su mamá tenía que trabajar veinte horas diarias en la zona franca de San Bartolo, donde maquilan, para sobrevivir y pagar el alquiler de la casa. Volvía a medianoche para dormir un ratito, así que casi no veía a su mamá; y pasaba todo el día vagando por las calles con su hijo del brazo...

Le propuse que viniera a uno de los cursos, pero no quería: tenía pena, porque no tenía vestidos ni zapatos con los que presentarse. La convencí, y estuvo aquí tres meses, capacitándose en Corte y Confección. Fue un cambio sorprendente: aprendió a ganarse la vida, arregló su casa, puso una mesa, mejoró la habitación donde dormía... Me decía que cuando llegó a Sirama no se sentía persona y aquí había recuperado su dignidad, como mujer y como madre. Le había impresionado algo que desconocía: el matrimonio cristiano; y estaba muy contenta porque le había propuesto al padre de su hijo casarse con ella y él había aceptado...

En la actualidad se dan muchos cursos: Panadería, Cocina, Artesanías, Cosmetología... hasta veinticinco. Y estamos comprobando su trascendencia en la sociedad; por ejemplo, hemos ido capacitando, una tras otra, a cuarenta mujeres de la comunidad Tinetti, donde vivían cientocinco familias en unas chabolas al borde de un río muy negro y sucio, y hemos visto como el barrio ha ido transformándose poco a poco.

En todas estas tareas nos ayudan diversas personas e instituciones, algunas extranjeras. Una entidad alemana, por ejemplo, ha construido una bóveda para cubrir el río, y lo que antes era un arrabal de chabolas es ahora un complejo habitacional. Ya tienen clínica y casa comunal; y por donde pasaba el río sucio ahora se ven jardines con flores...

Pero no ha sido fácil; hemos tenido que superar muchas dificultades: no contamos con medios, ni con personal suficiente para atender tantas y tantas necesidades. Aunque siempre hemos encontrado personas que nos han ayudado generosamente: desde las instituciones que nos dan ayudas y becas para las señoras de una comunidad, hasta los patrocinadores que nos traen el pan para las clases de Cocina o los cosméticos para las de Belleza... Con esto se logra que estos programas se autofinancien, pero necesitamos mucha más ayuda para sacar adelante otras iniciativas, como la ampliación de Siramá o una Clínica asistencial de Medicina Preventiva. ¡Tenemos tantos proyectos!"