Doña Tula

 

Indice: Un mar sin orillas

-¿Qué es eso del Opus Dei? ¿Dónde viven ustedes? -les preguntó doña Tula, nada más conocerlos- ¿Cómo se mantienen?

Les habían dicho que esta señora, ya mayor, ayudaba a diversas instituciones de la Iglesia. Quizás ella pudiera... Pero no preveían aquella catarata de preguntas: doña Tula no dejaba un cabo suelto. Y al final les echó una grandísima regañina:

-¡Qué locura! ¡Sólo son dos y quieren montar una gran residencia!

Les riñó durante un buen rato y al terminar añadió, con voz adusta:

-Sin embargo yo voy a ayudarles, porque una vez oí en un sermón algo que me gustó mucho: el que ayuda a un apóstol... ¡tendrá paga de apóstol!

Y les entregó un sobre con dinero suficiente para pagar el alquiler de un mes.

Poco después se presentó en Doble Vía. "Mire, doña Tula -le explicaron Antonio y José-: aquí se darán las charlas de formación cristiana; aquí, pondremos el Oratorio; ya están haciendo el proyecto; aquí...".

-¡Aquí! ¡Aquí! ¡Pero si aquí no hay nada! -estalló doña Tula- A ver: ¿con qué dinero cuentan para hacer todo eso?

Antonio y José bajaron la cabeza esperando una nueva regañina. Doña Tula resopló, hizo una leve pausa y sentenció:

-¿Saben lo que les digo? ¡Que en cuanto tengan el proyecto del Oratorio, me lo envían! ¡Yo les ayudaré!

Y se fue de la casa, irritada por fuera y conmovida por dentro por la fe de aquellos dos locos. A partir de aquel momento esta mujer, de una generosidad tan grande como su carácter, les ayudó en sus necesidades. Hasta que por fin, el 12 septiembre de 1959, fiesta del Dulcísimo Nombre de María -siempre nos ha gustado iniciar la andadura apostólica de la mano de la Virgen-, el Arzobispo de San Salvador, Mons. Chávez y González, celebró la primera Misa en el Oratorio de Doble Vía.

Yo asistí junto con don José Luis Múzquiz, porque el Padre deseaba que conociese estos parajes del Trópico.