Aníbal

 

Indice: Un mar sin orillas

Cuando hablé con él, durante una de mis visitas a Kinal, tendría quince años. Dieciséis, como mucho. Me contó que era salvadoreño, de Santa Ana, y yo le pregunté como siendo del país vecino estudiaba en Guatemala. "Es que cuando yo tenía diez años -me dijo de pasada- me agarró la guerrilla... Pero entonces ya no iba a la escuela; fue por el dinero que no alcancé a ir... Sólo saqué cuarto grado. Y luego me vine a Kinal".

Al ver mi gesto de sorpresa me estuvo contando con detalle su experiencia.

-Pues fue que un día me salí de mi casa y durante una pelea me agarraron y me fueron a meter con otros patojos en unas grandes cuevas. Y allí estuve como un año, encerrado y trabajando...

-¿Tú solo?

-No: había bastantes como yo... ¡Y güiros (48)* más pequeños, de nueve y de ocho años!: ¡así! (me indica el tamaño con la mano).

-¿Y qué hacían allá?

-Pues... nos mandaban acarrear todas las armas de ellos, cuando llegaban helicópteros o transportaban armas de otros países; y nos decían que el que no se ponía las pilas, lo iban a encerrar; y le iban a dar con unos cables metálicos... ¡Uf! A mí me dieron como seis veces...

-¡Seis veces? ¿Por qué?

-Porque ya no aguantaba. ¡Era un trabajo muy duro para un patojo como yo! Además, nos ponían a escarbar, a modo de enterrar las armas, para que cuando hubiera guerra, irlas a desenterrar... y querían también que fuese a combatir, pero yo no quise... Iban patojos de mi edad, con diez, con once años; y mujeres, que en la guerrilla, púchica, ¡son más listas...! ¡A saber como lo hacen! Las entrenan bien, con todas sus armas, y les enseñan el kárate. ¡Una vez había una que mató como a cinco soldados!

-¿Y cómo te escapaste de allí?

-Fue durante la ofensiva que hubo en San Salvador en el 89... Se metieron en la iglesia católica de Santa Ana, sacaron a todos los que estaban dentro, y agarraron a uno porque se opuso y lo aventaron hacia la calle; y entonces, púchica, pues yo no sabía cómo hacer, verdad... porque yo vi que era una iglesia y eso es de respetarlo... Pero nos llevaron a todos a vivir allí dentro, y me ordenaron quebrar todas las imágenes de Jesús.

Yo no quería y me hinqué a orar; pero cuando me vieron, me dieron un culataso en la nuca, y me amarraron y se pusieron a pensar que tal vez yo me salía de allí... Pero yo me hacía el dormido y al cabo de una semana ya me habían dado confianza otra vez; y me mandaban a comprar comestibles, y yo les llevaba aguas y almuerzos...

Hasta que un día me dieron cincuenta colones para comprar y... hice el mate (49) * de que iba a llegar a la tienda, y me escapé.

-¿Y luego?

-Luego... estuve un tiempo con los chavos (50) * de la calle; y luego, como ya le he dicho, me vine a Kinal...