Una nueva etapa

 

Indice: Un mar sin orillas

El 26 de junio de 1975, cuando estaba en el Oratorio de una labor apostólica de las mujeres del Opus Dei, me dieron este aviso: "le aguarda en la puerta el doctor Cofiño, que desea hablar urgentemente con usted".

¿Qué habría pasado? El doctor no solía venir a aquel lugar a buscarme, y menos a aquellas horas. Salí. Tenía el rostro demudado. Me sorprendió: nunca le había visto así. Fuimos al carro donde nos esperaba Enrique, que me enseñó el radiograma:

ESTA MAÑANA A LAS DOCE Y DIEZ FALLECIO EL PADRE OF

MAYOR CANTIDAD POSIBLE SUFRAGIOS ESCRIBIREMOS

CELEBRAD MISAS GREGORIANAS TODOS CENTROS REGION

ALVARO

Leí una y otra vez aquellas palabras, sin querer, sin poder creerme lo que estaba leyendo. Dios se había llevado al Padre a los 73 años, tras una vida santa y fecunda en servicio de la Iglesia. Comenzaba una nueva etapa en el Opus Dei.

Conservo muchos recuerdos de aquellos días; el más entrañable, sin duda, es la carta que me escribió el 14 de julio don Álvaro del Portillo, que quedaba al frente del Opus Dei hasta que se reuniese el Congreso electivo:

Queridísimo Antonio,

sólo unas líneas, para deciros dos palabras: consummati in unum!

Que seamos todos muy fieles y muy humildes, y que acudamos constantemente al Padre, nuestro gran intercesor en el Cielo, para que seamos santos.

Os agradezco de todo corazón vuestras cartas, en las que se ve -como en las de todo el mundo- que grande es el tesoro que nos ha dejado nuestro santo y queridísimo Padre en la tierra.

No me extiendo más, porque las cartas que llegan se cuentan por millares.

Tristitia nostra vertetur in gaudium!, porque el Padre está mucho mejor, y se desvelará con increíble eficacia por todos y por cada uno de sus hijos. Transmite por favor, estos sentimientos míos a la Sección Femenina.

Un abrazo muy fuerte de

Álvaro