Las tertulias

 

Indice: Un mar sin orillas

Lo que Marta no sabe, porque en ese momento regresaba a la cocina con la bandeja, es que el Padre le preguntó al Cardenal:

-¿Sabe usted cuál es el fundamento de la labor del Opus Dei en estas tierras?

El Cardenal le miró sorprendido, sin saber qué contestar. Entonces el Padre, señalando a Marta, dijo:

-Esa hija mía.

He pensado muchas veces en ese comentario del Padre, que solía entregar esas cruces de madera a las personas que habían sido fundamento, desde los comienzos, en la labor apostólica de cada país. Es una alabanza también al trabajo callado y eficaz de las mujeres del Opus Dei que se ocupan profesionalmente de la Administración de los centros de la Obra.

Repitió esa misma alabanza el 17 de febrero, cuando se reunió en Zunil, una Escuela Técnica de Hostelería y Hogar, en una de aquellas numerosas "tertulias", con un grupo de mujeres del Opus Dei. Algunas, como Marta, lucían trajes indígenas: se veían huipiles, perrajes y collares multicolores de San Juan Alotenango, de San Marcos, de San Juan Sacatepéquez...

En las preguntas se fueron alternando los acentos del Caribe y de los diversos países de Centroamérica. En un determinado momento Eustaquia le preguntó por su trabajo en la Administración de los centros del Opus Dei.

-Tú eres -le dijo el Padre- una lámpara encendida delante del Señor: un alma contemplativa. Decía Santa Teresa de Jesús que Dios anda entre los pucheros. ¡Y yo os lo repito con todo convencimiento!

Todos nuestros apostolados -explicó- se vendrían abajo si las Administraciones no funcionaran bien. "Gracias a vosotras, el Opus Dei está sirviendo a la Iglesia, salvando a las almas en el mundo entero. Dios os bendiga. Sin vosotras no podríamos hacer nada". Y les dijo que agradecía al Señor su entrega en el Opus Dei "porque la queréis vivir con mucho entusiasmo, con mucha alegría".

El día 18 se reunió con cuarenta sacerdotes diocesanos de Guatemala y El Salvador en un patio del Centro Universitario Ciudad Vieja. Habían colgado en la pared un repostero con esas palabras que tanto le gustaba repetir: "Vale la pena. Vale la pena". Y nos habló de oración, de fidelidad a la Iglesia, de amor a la vocación sacerdotal...

-Los que reciben esta otra vocación divina -dijo, refiriéndose a los sacerdotes de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz- se encienden en amor a su vocación sacerdotal, que no cambia: es la vocación del sacerdote secular con todas sus características. Van a santificar su trabajo profesional, el ministerio sacerdotal; van a santificar la reverencia y el amor que cobran a su Prelado. (44) *

Aquel mismo día llevamos al Padre hasta la Casa de Retiros de Altavista para que la conociera. Le gustó mucho y estuvimos caminando por el bosque, entre los pinos, los cipreses y las encinas. Pero fue un paseo muy breve porque estaba muy fatigado. Antes de entrar en el carro para regresar a casa, le señalé el lugar donde se alzaba la ermita del Carmen. Se detuvo y la bendijo cariñosamente desde lejos.