La Cruz de palo

 

Indice: Un mar sin orillas

"Sí; estábamos felices -comentaba Marta-, y yo, además, estaba algo sorprendida, porque me imaginaba al Padre como una figura imponente y me sentía un poco destanteada. No sabía cómo tratarle cuando viniera, hasta que una que le conocía me dijo:

-¡Pero Marta, si no hay que preocuparse, si el Padre es una persona muy sencilla!

Yo pensaba que cuando llegara me iban a decir que había que estar pendiente de esto y de lo otro, y de lo de más allá; ¡a saber lo que me había imaginado yo! 'Marta, Marta, me repetía, que vas a conocer al Padre, que vas a conocer al Fundador del Opus Dei, que vas a conocer a un santo', para ver si así me entraba en la cabeza lo importante que era lo que iba a vivir. Pero me dijeron que hiciera las cosas lo mismo que siempre; que el Padre no quería cosas especiales...

Cuando llegó le saqué un vaso de agua para que se le quitara el calor del viaje. Entonces me dijo, en voz baja, con mucha delicadeza:

-Gracias, hija mía, que Dios te bendiga.

Ya he dicho que a veces, con una sola palabra, se conoce a fondo a una persona. Eso fue lo que me pasó a mí: ese gracias del Padre lo sentí como el de una persona que agradece de verdad, porque no espera que le sirvan... No era un detalle de educación, sin más. Y sentí entonces como si mis ideas anteriores se me desarmaran, porque vi que, por encima de todo, el Padre era un hombre profundamente humilde. No sé cómo explicarlo; pero a mí me llegó al alma lo santo y lo humilde que era.

Luego, en la refacción (43) *, saqué unos churros y algo caliente que había preparado, y cuando ya me iba me dijo el Padre:

-Hija mía, tienes que estar muy contenta; y que sepas que te voy a enviar la Cruz de Palo

'Gracias, Padre', le dije yo; y luego, en la noche, volví a verle cuando cenaba con el Cardenal. El Padre tenía dieta, pero comía de forma que no se notaba, para no obligar a los demás a comer menos. No se me olvidará. Llego con la bandeja y el Padre me dice: 'primero, el señor Cardenal'. Me voy al Cardenal y me dice: 'no, primero, el Padre'. Y me tuvieron así, de uno para otro. Pero yo no estaba nerviosa, porque pensaba: 'bueno, aquí... ¡ellos deciden!' Y en ese momento, cuando estaba esperando a ver que decidían, el Padre me volvió a decir:

-Hija mía, cuando tengas la Cruz de Palo la miras con cariño, le das un beso y la guardas con cuidado".