1963. Junkabal

 

Indice: Un mar sin orillas

Lo recuerdo perfectamente: fue el 15 de mayo de 1971, y asistieron al acto el Cardenal Casariego, Kyra Nuila, la directora del Centro, Olga de Mirón, la presidenta del Patronato, y ¿cómo no?, el doctor Cofiño que hizo un florido elogio de su amigo Samuel:

-Don Samuel -dijo el doctor- ha sido un comerciante de clara visión, que ha logrado llevar mucho dinero a su caja de caudales... Pero esos caudales han ido saliendo por la puerta de su corazón para hacer buenas obras: lleva pan donde hay hambre; alegría donde hay lágrimas; y posibilidad de mejoramiento donde se necesita, como en esta escuela de Junkabal. Por eso, cuando conoció el espíritu de servicio que anima las obras del Opus Dei, cuando conoció Junkabal, se enamoró de esta iniciativa y desde 1964 ha prestado toda su colaboración. Gracias a don Samuel hemos terminado Junkabal, destinada a todos los que aspiran a mejorar, sin tomar en cuenta diferencias de raza, condiciones sociales, económicas o religiosas. Ha cumplido aquí lo que se prometió en Jerusalén, cuando era niño, demostrando que tiene un gran corazón; y que un hombre vale lo que vale su corazón.

Don Samuel le escuchaba emocionado. Y se le saltaron las lágrimas cuando se descubrió una placa, en bronce oscuro, junto al gran patio con arcadas de ladrillo, donde se lee:

Fundación Samuel Camhi

El Patronato, las profesoras
y las alumnas de Junkabal
a
DON SAMUEL CAMHI
En homenaje perenne
por su generosidad, altruismo
sensibilidad social y desvelo
por la juventud.

"Este día es muy especial para mí -comentó don Samuel al descubrir la placa- porque Dios me ha dado la vida y la oportunidad de poder cumplir mis promesas de ayudar a los pobres. Agradezco de todo corazón lo que he recibido del Divino Creador del Universo. Los hebreos y los católicos deben cumplir con el mandato divino: 'Ama a tu prójimo como a ti mismo'. El egoísmo humano impide tantas veces que se cumpla; pero si todos pudiéramos disminuir el egoísmo y amarnos más, el mundo cambiaría".

Tras estas palabras el Cardenal Casariego agradeció a los fieles del Opus Dei, en nombre de la Iglesia, lo que estaban haciendo por las gentes más pobres y necesitadas de Guatemala. Al final del acto visitamos las aulas del centro.

Mientras recorríamos aquellas aulas recordé nuestra primera Misa en la Octava, dieciocho años antes. ¡Con qué ilusión contemplábamos José María, Alfredo, Walter y el doctor Cofiño, aquellas habitaciones vacías, soñando en el futuro! Luego vino Ciudad Vieja; ahora Junkabal... Otro comienzo, otra iniciativa, otro sueño hecho realidad. (42)*