Agustín

 

Indice: Un mar sin orillas

Kinal comenzó en los años sesenta, en la plaza de Mixco, uno de los barrios más modestos de Guatemala. Unos jóvenes estudiantes del Opus Dei estuvieron conversando con otros jóvenes, muchachos trabajadores sin cualificación de ningún tipo.

-¿No les gustaría capacitarse mejor? -les propusieron- ¿Aprender algo de Carpintería, de Mecánica, de...?

-¡Nooo! -contestaron riéndose.

No estaban interesados en nada: sus inquietudes se reducían, aparentemente, al fútbol y... al inglés.

Bien. Organizaron un partido de fútbol y habilitaron un localito con muros de adobe para dar clases de inglés. Pronto comprendieron su extraño interés por el idioma de Shakespeare: esos muchachos sólo tenían un horizonte en la vida: viajar de mojados (38) * hacia el Norte y cruzar la frontera ilegalmente en busca de nuevas oportunidades. ¡Para eso querían el inglés! Pero se desanimaron enseguida, cuando vieron que un idioma no se aprende en una tarde...

Con los que tenían deseos de mejorar comenzaron unos cursos de formación técnica, humana y cristiana, y en 1963 se mudaron a la zona 4, cerca del mercado de La Terminal. Allí fue creciendo el número de obreros y artesanos que asistían a las clases, en su mayoría gentes que pasaban grandes penurias económicas.

Al año siguiente don Samuel, un cooperador judío de quien hablaré más tarde, proporcionó una casita en la calle Martí, y los partidos de fútbol de los comienzos se fueron convirtiendo, año tras año, en una liga deportiva; y las clases de inglés se transformaron en diversas actividades de capacitación laboral.

A comienzos de los ochenta, don Juan Mini, que estaba muy ilusionado con esta labor, donó un terreno en la colonia Landívar, cerca del basurero, y el proyecto se consolidó definitivamente. Durante esa década Guatemala experimentó un gran avance en el ámbito de la educación, aunque la tasa de analfabetismo seguía siendo elevada: sólo tres de cada diez jóvenes accedía entonces a la escuela secundaria. El resto se dedicaba al trabajo no calificado, sin posibilidades de acceder a centros que les ofrecieran un mínimo de formación profesional.

Un cooperador del Opus Dei, Ernesto Rodríguez Briones, alentó esta iniciativa con entusiasmo y los miembros del Patronato de Kinal -muchos de los cuales habían dedicado muchos años a la promoción y construcción de Ciudad Vieja y contaban ya con amplia experiencia- consiguieron donativos, ayudas y cooperación técnica de otros países. En la actualidad, gracias al esfuerzo de tantos amigos y colaboradores, lo que comenzó con una conversación entre jóvenes en un parque de Mixco, se ha convertido en un centro educativo de prestigio, ubicado en un conjunto de instalaciones que ocupan cinco mil metros cuadrados de extensión.

He sido testigo del esfuerzo de los promotores por sacar adelante Kinal durante cuarenta años. (39)* Se han hecho avances considerables. Kinal cuenta en estos momentos con un apretado programa formativo, y con talleres y laboratorios de Mecánica automotriz, Electrónica, Soldadura, Carpintería, Refrigeración y Electricidad; y se ha instalado además una Clínica Médica junto al Centro Educativo. (40) *

"La mayoría de nuestros alumnos -me contaba el director de Kinal, mostrándome unos gráficos- proceden de familias de muy escasos recursos; muchos viven en barrios marginales, o en esas casitas que parece que van trepando por las laderas de los barrancos... Algunos vienen del campo, de San Raimundo, Chimaltenango o Sanarate; y tienen que hacer todos los días largos viajes en camioneta para llegar hasta acá.

Son gente con mucho deseo de superación. Eso se advierte en este mismo barrio. Antes la calle era de tierra y las mujeres tenían que hacer largas colas ahí enfrente, entre los charcos y el barro, para llenar sus barriles en uno de los pocos grifos de agua que había... Ahora la calle ya está asfaltada y las casas van mejorando, y se aprecia cierto desarrollo en toda la zona...

Nuestros alumnos tienen que superar muchas dificultades. Un ejemplo entre muchos: Agustín, un hombre de unos cincuenta años que trabaja en un ingenio de la costa. Ya sabe usted que en la costa se brega duro, sobre todo cuando hay cosecha y zafra de la caña; por eso Agustín tiene la piel rugosa, oscura, curtida como el cuero, renegrida por el sol... Pues ahora, además de ese trabajo, está llevando un curso en Kinal de seis meses, todos los sábados, para mejorar su cometido en la caldera del ingenio. Esa caldera es la máquina que produce el vapor que mueve todo el equipo, con el bagazo que sobra de la molienda.

No le resulta fácil venir a Kinal: el ingenio está a más de doscientos kilómetros de aquí, en La Gomera, y en su empresa, que es la que le costea el curso y el transporte, trabajan por turnos: esta semana tiene turno de día y la entrante, de noche; y así sucesivamente.

Por ejemplo, hoy, viernes, Agustín habrá estado trabajando durante todo el día; y como su familia vive lejos no podrá verla hasta final de mes... Y para venir al curso, dormirá esta la noche unas pocas horas en el taller de mantenimiento, se levantará a las tres de la madrugada, llegará en camioneta hasta Escuintla, tomará luego en otra camioneta hasta El Trébol, y desde el Trébol tendrá que venirse hasta acá, caminando, durante media hora...

Y las clases, aunque son muy prácticas, no resultan fáciles para hombres como Agustín. El estudió hasta segundo grado de primaria, pero casi no sabe leer: toda su vida ha trabajado en la caldera, como operador, ¡y de los buenos! ...pero son muchos años leyendo poco, escribiendo poco, sin ningún estudio, y eso hace que el manual de calderas, por muy asequible que lo queramos hacer, le resulte complicado.

Y además, una cosa es estudiar y otra, recordar lo que se estudia... Y Agustín tiene poco tiempo para estudiar: lo que tarde en llegar la camioneta hasta el ingenio, donde un compañero se habrá quedado esta noche pasada haciéndole el turno que le corresponde. Y cuando llegue, rendido, se tendrá que poner a trabajar, durante toda la noche, hasta el domingo. Descansará el lunes...

Pero tiene una gran ilusión por hacer el curso, a pesar de tantos sacrificios. 'Yo no tuve oportunidad de estudiar -me contaba hace poco- y quiero sacar el título para que lo vean mis hijos'".