Para ser un verdadero guatemalteco

 

Indice: Un mar sin orillas

-Pero, ¿cómo? -me decían con asombro-. ¿No ha subido a un volcán? ¡No será un verdadero guatemalteco hasta que no suba a un volcán!

"Luis -le contaba a mi hermano el 19 de enero de 1954- tienes que venir a estas tierras y subir a un volcán. Es un espectáculo único, y lo necesitas para completar tu historial deportivo y alpinista. Riete tú de la subida más dura y difícil que hayas hecho hasta ahora. Primero tendrás que abrirte camino con el machete en medio de una selva tupida; luego tendrás que caminar durante horas entre piedra volcánica, dura y cortante, con agujas afiladas como cuchillos; luego tendrás que avanzar penosamente entre la lava fina, que te hará resbalar y caerte una y mil veces; y por, fin, al cabo de varias horas de penosa ascensión, llegarás hasta el cráter... Es algo inolvidable. Me conmovió poder celebrar Misa allí, en la cumbre, a 3.800 metros de altura".

Lo que no le dije a mi hermano Luis fueron las horas que pasé al regresar con los pies metidos en agua caliente, para reponerme de la caminata. ¡Y eso que estaba acostumbrado a caminar, porque íbamos a pie a todas partes! Naturalmente, no podíamos ni soñar con un carro, que tan bien nos vendría...