Me convierto, de pronto, en un atleta

 

Indice: Un mar sin orillas

Intento poner en orden mis recuerdos, sin conseguirlo: son como soldados revoltosos escapándose de formación. ¿Dónde conocí a éste, a aquel amigo? ¿En la sala de estudio de Lagasquilla? ¿Por los pasillos de la Facultad? ¿En una reunión de Acción Católica? ¿Bajo las lonas de las tiendas de campaña del campamento de Robledo, 6ª Batería, donde me adiestraba como "Caballero Aspirante de la IPS"? ¿O quizá fue en una de aquellas interminables caminatas, con el fusil al hombro, por las trochas y senderos de los Pirineos, cantando "Un-dos, un-dos, Yo tengo una novia/ que es mi ilusiooón, un-dos, un-dos, más rubia que el ooooro; (pausa para respirar); en sus ojos claros me miro yo, un-dos, un-dos, y ella es mi tesoooooro...?"

Disfruté durante el servicio militar. Me gusta la vida al aire libre y aquel periodo me reportó buenos amigos y grandes excursiones. Y también sorpresas inesperadas, como aquella noche, cuando escuché, a pie firme, en la Orden del día:

-El alférez de complemento Antonio Rodríguez Pedrazuela queda nombrado miembro del equipo de natación que competirá en la Olimpiada militar entre los distintos cuerpos del Ejército.

-Mi coronel -le dije al día siguiente- yo sé mantenerme a flote en el agua; pero no soy ningún figura de la natación. ¿No sería mejor buscar a algún atleta?

¡Uf! Se molestó. Alzó el bigotillo, me miró de arriba a abajo con cara de malas pulgas y sentenció:

-¡Pedrazuela! Tiene usted juventud... ¡y un mes para entrenarse!

Gracias a aquel coronel de Artillería logré entender el significado exacto de la expresión "cargar con todo el equipo". Porque un mes más tarde chapoteaba olímpicamente en la piscina del cuartel, cargando con todo el equipo; es decir: casco, mono, gafas de buceo y alpargatas. ¡Ah, y con el correaje reglamentario! Desde que estuve a punto de ahogarme en el Zumeta, no había pasado un trago parecido.