Con los campesinos de El Peñón

Un año más tarde de la donación de Montefalco, un grupo de profesionales mexicanos -muchos de ellos del Opus Dei- crearon la Asociación Civil "Campo y Deporte", para promover actividades sociales dirigidas a grandes núcleos de la población rural. Así nació el Centro Agropecuario Experimental "El Peñón", en el Valle de Amilpas, que comprende nueve municipios y tiene una población rural de cerca de 80.000 habitantes. Durante los años cincuenta, aquel Valle era un ejemplo característico de los problemas del campo mexicano, con largas temporadas de sequía, ausencia de sistemas de riego, y carencia casi total de técnicas de cultivo en una tierra excesivamente parcelada. A esto había que sumar un ambiente de desánimo general entre el campesinado, abocado muchas veces a emigrar a las grandes urbes, donde caía con frecuencia en la marginación urbana y en una pobreza aún mayor.

Todos, vosotros y nosotros -dijo el Padre, durante su estancia en ese Centro-, estamos preocupados en que mejoréis, en que salgáis de esta situación, de manera que no tengáis agobios económicos... Vamos a procurar también que vuestros hijos adquieran cultura: veréis cómo entre todos lo lograremos y que -los que tengan talento y deseo de estudiar- lleguen muy alto. Al principio serán pocos, pero con los años... Y ¿cómo lo haremos? ¿Como quien hace un favor?... No, mis hijos, ¡eso no! ¿No os he dicho que todos somos iguales?

Durante su estancia en Montefalco, el Padre nos dijo que pensáramos cómo se podría ayudar a los alumnos con mayor capacidad para el estudio, de tal modo que pudieran seguir estudiando. Enseñadles -dijo a un grupo de mujeres del Opus Dei que se encargaban de esta labor- a vivir bien su vida cristiana; decidles que son hijas de Dios, que no deben cegar las fuentes de la vida. Enseñadles de un modo que les sea práctico -sin teorías complicadas, que no les ayudarían- a mejorar su situación económica y social... Lo demás son pamplinas.

Pensad cómo se podría ayudar, por ejemplo, a las que tengan mayor capacidad para el estudio, con el fin de que sigan adelante. Algunas podrían llegar a ser maestras y enseñarían después a las demás. Hijas mías, no os hablo de caridades ni de beneficencia. La caridad la tenemos en el corazón; dar los medios materiales es obligación de quienes los han recibido de Dios, para su administración.

Las gentes de Montefalco son rudas y fuertes, ásperas como los tres peñones que dominan el Valle; pero, por dentro, son delicadas de alma y grandes de corazón. Llevan sangre india en las venas, y su origen se adivina en sus facciones, en el color oscuro de su tez, en sus rasgos afilados y en su cadencioso modo de hablar. Al encontrarse con estas gentes el Padre les dijo: Nadie es más que otro, ¡ninguno! ¡Todos somos iguales! Cada uno de nosotros valemos lo mismo, valemos la sangre de Cristo. Fijaos qué maravilla. Y continuaba: Mirad la cara bellísima, magnífica, que dejó Santa María entre las manos de Juan Diego, en su ayate. Ya veis que tiene trazos indios y trazos españoles. Porque sólo hay la raza de los hijos de Dios.

En la actualidad existen numerosas labores apostólicas, similares a Montefalco, repartidas por la geografía mexicana. Está Toshi, por ejemplo, que significa, en lengua mazahua, "la casa de la abuela", donde se desarrolla una amplia labor con campesinas: es una hacienda situada al Oeste de México, más allá de Toluca. La mayoría de esas gentes son indígenas de las tribus Otomí y Mazahua.

Existen también muchos Centros alentados por mujeres del Opus Dei dedicados a la formación de chicas de escasos recursos económicos. Tienen nombres de fuerte sabor local: Nogalar, en Monterrey; Jazlím, en Hermosillo; Palmares, Los Altos o Cecaho, en Guadalajara; Yalbí en Mimihuapam; Yaxkín, Oxtopulco y Yaocalli, en México D.F. Muchos de ellos cuentan con un dispensario que proporciona asistencia médica gratuita a las familias pobres de la comarca; otros son escuelas primarias, residencias para empleadas del hogar o campesinas de zonas rurales. Son la expresión viva de aquellos sueños de apostolado de los que me hablaba el Padre en aquel pequeño cuarto del Hotel Sabadell.

 

Índice: Soñad y os quedareis cortos

Siguiente: Junto a la laguna de Chapala