Gobierno del Opus Dei

 

Cuenta François Gondrand en su biografía de Mons. Escrivá de Balaguer, titulada Al paso de Dios, que ya en 1936, y posteriormente en 1940, el Fundador del Opus Dei preguntaba a los primeros miembros que estaban junto a él:

"Si yo me muero, ¿continuarás con la Obra?.

-Sí, Padre, continuaré haciendo la Obra, le respondían".

Años más tarde, continuaba pensando que en el Opus Dei no hay nadie indispensable: "Ni siquiera yo, que soy el Fundador", agregaba a veces.

Estas anécdotas, que revelan el profundo desprendimiento de sí mismo y la humildad de Mons. Escrivá de Balaguer, tuvieron siempre un fiel reflejo en su tarea de gobierno en el Opus Dei, desarrollada durante cuarenta y sietc años:

"La labor de dirección en el Opus Dei es siempre colegial, no personal -decía en 1966 a Tad Szulc-. Detcstamos la tiranía, que es contraria a la dignidad humana".

De acuerdo con este espíritu, no puede parecer extraño que la organización del Opus Dei resulte sencilla y mínima, ya que, prácticamente, se reduce a lo indispensable.

Unidad de espíritu y jurisdicción

Para describir con exactitud esta institución, voy a seguir el trabajo publicado por Andrew Byrne. La Prelatura Opus Dei constituye una unidad pastoral orgánica e indivisible, que realiza sus apostolados por medio de la Sección de varones y de la Sección de mujeres. El Prelado, cuyo nombramiento requiere la confirmación del Papa, lleva a cabo su tarea pastoral ayudado por los sacerdotes incardinados en la Prelatura, que son muy pocos respecto al número total de miembros, laicos en su inmensa mayoría.

El gobierno del Opus Dei se basa en dos principios, que fijó con claridad su Fundador: descentralización y colegialidad. Por ejemplo, los Consejos que ayudan al Prelado están compuestos en la actualidad por personas de treinta y cinco nacionalidades. Además, en cada país donde está establecido el Opus Dei existe un gobierno colegiado, presidido por el Vicario Regional. Los nombres de los Directores de la Obra aparecen en el Anuario Pontificio y, en cada nación, en los directorios y anuarios que edita el Episcopado.

Inseparablemente unida a la Prelatura Opus Dei está la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, de la que es Presidente General el Prelado del Opus Dei, y a la que pueden asociarse sacerdotes incardinados en las diócesis, que deseen buscar la santidad en el ejercicio de su ministerio, de acuerdo con la espiritualidad y la ascética del Opus Dei. Esta adscripción no afecta en lo más mínimo a su dependencia del propio Obispo diocesano, que continúa siendo su único Superior. Por otra parte, en el Código de Derecho Canónico, está expresamente reconocido el derecho de asociación de los sacerdotes.

Cada cual vive su propia vida

La pregunta va dirigida a Mons. del Portillo: ¿Cómo funciona la relación entre el Opus Dei como institución y cada uno de sus miembros?

"Los miembros del Opus Dei se comprometcn a procurar alcanzar la santidad y a difundirla desde el lugar que cada uno ocupa en el mundo, por medio de su trabajo profesional y de sus ocupaciones cotidianas. Para cumplir este compromiso, tienen el derecho de que la Prelatura les ayude a través de una continua y exigente asistencia espiritual. Esta formación se recibe personalmente, o en grupos reducidos, por medio de clases, charlas, retiros espirituales, etc.".

"Cada uno vive -añadía después- donde Su situación familiar, laboral, etc., le aconseje. Y se organiza libremente su existencia y su propio trabajo profesional, en el que los Directores de la Obra no intervienen ni interfieren".

A1 preguntar al Prelado del Opus Dei si los miembros de la Prelatura reciben detcrminadas orientaciones o ayudas de orden político, económico, social, etc., la respuesta es rápida, inmediata: "No, eso ya lo sabe todo el mundo y lo hemos repetido mil veces. Cada uno elige el trabajo que desea y lo desempeña con absoluta libertad. (...) Por lo que se refiere a apoyos, ayudas, etc., le aseguro tajantemente que no se han dado ni se darán. Si alguno intentara servirse de la Prelatura para medrar, el organismo del Opus Dei detcctaría ese cuerpo extraño y lo expulsaría enseguida, sin mayores miramientos".

A la vez que insiste en la plena libertad de cada miembro del Opus Dei, y en la finalidad exclusivamente espiritual de la Prelatura, Mons. del Portillo subraya también el contenido ético, moral, del trabajo que cada uno desarrolla: "Para venir a la Prelatura se debe ejercitar un trabajo honrado; y la formación doctrinal y ascética que se recibe en el Opus Dei ayuda a realizar esa tarea cada vez con mayor lealtad a la sociedad, con deseos y realidades de servicio a los demás, dejando de lado todo egoísmo, cualquier injusticia. Sin esas bases, sería ingenuo o hipócrita hablar de santificar el trabajo y santificarse en el trabajo".

Una organización desorganizada

En sus conversaciones con los periodistas que quisieron saber a fondo, y de primera mano, lo que es el Opus Dei, Mons. Escrivá de Balaguer habló abundantemente con claros criterios de la organización de la Obra.

A1 teólogo Dr. Pedro Rodríguez le hizo esta amplia descripción:

"Quiero decir que damos una importancia primaria y fundamental a la "espontaneidad apostólica de la persona", a su libre y responsable iniciativa, guiada por la acción del Espíritu; y no a las estructuras organizativas, mandatos, tácticas y planes impuestos desde el vértice, en sede de gobierno.

"Un mínimo de organización existe, evidentemente, con un gobierno central, que actúa siempre colegialmente y tiene su sede en Roma, y gobiernos regionales, también colegiales, cada uno presidido por un Consiliario (actualmente se denomina Vicario Regional). Pero toda la actividad de esos organismos se dirige fundamentalmente a una tarea: proporcionar a los miembros la asistencia espiritual necesaria para su vida de piedad, y una adecuada formación espiritual, doctrinal-religiosa y humana. Después, "¡patos al agua!". Es decir: cristianos a santificar todos los caminos de los hombres, que todos tienen el aroma del paso de Dios".

El Opus Dei, al llegar a ese límite, "ya no tiene que hacer, ni puede ni debe hacer, ninguna indicación más. Comienza entonces la libre y responsable acción personal de cada miembro. Cada uno, con espontaneidad apostólica, obrando con completa libertad personal y formándose autónomamente su propia conciencia de frente a las decisiones concretas que haya de tomar, procura buscar la perfección cristiana y dar testimonio cristiano en su propio ambiente, santificando su propio trabajo profesional, intelectual o manual. Naturalmente, al tomar cada uno autónomamente esas decisiones en su vida secular, en las realidades temporales en las que se mueva, se dan con frecuencia opciones, criterios y actuaciones diversas: se da, en una palabra, esa bendita "desorganización", ese justo y necesario pluralismo, que es una característica esencial del buen espíritu del Opus Dei, y que a mí me ha parecido siempre la única manera recta y ordenada de concebir el apostolado de los laicos".

"Detestamos la tiranía -le decía también el Fundador, el 16 de mayo de 1966, al corresponsal del diario parisiense Le Figaro, Jacques Guillemé-Brúlon-, especialmente con este gobierno exclusivamente espiritual del Opus Dei. Amamos la pluralidad: lo contrario no podría conducir más que a la ineficacia, a no hacer ni dejar hacer, a no mejorar".

Y al norteamericano Tad Szulc, del Neu, York Times, en octubre del mismo año:

"Como el Opus Dei es una organización sobrenatural y espiritual, su gobierno se limita a dirigir y orientar la tarea apostólica, con exclusión de cualquier tipo de finalidad temporal".

En el Opus Dei, efectivamente, no sólo se respeta, sino que se fomenta la libertad en el inmenso campo de las preferencias temporales. Así lo recordó -tras haberlo escuchado innumerables ocasiones de los labios de Mons. Escrivá de Balaguer- el Prelado del Opus Dei, a Miguel Castellví, de La Vanguardia: "No hay ninguna tensión en compaginar la libertad personal con la pertenencia al Opus Dei. En primer lugar, porque quien participa del espíritu de nuestra institución lo hace libremente; después, porque la Obra estimula la conciencia y el ejercicio de la libertad personal en todos los miembros, para que asuman con entera libertad, autónomamente, sus decisiones".

Julián Cortés Cavanillas, en una entrevista hecha en Roma y publicada en ABC (24 de marzo de 1971), planteó al Fundador una cuestión importante:

-En el Opus Dei tengo entendido que hay personas de distintas naciones y profesiones, de mentalidades diversas. ¿Representa este pluralismo un origen de tensiones para la institución?

Mons. Escrivá de Balaguer le respondió:

"Esta desemejanza es precisamente muestra de salud espiritual y de que la Obra es lo que Dios quiso que fuera. El pluralismo sólo ha sido posible, porque el vínculo que une a todas esas personas es exclusivamente sobrenatural. Créame, ésta es la mejor señal de que el Opus Dei no es más que una gran catequesis cristiana, en la que sólo se habla de Dios. Figúrese lo que pasaría, si, en la Obra, uno de sus miembros quisiera imponer sus personales criterios sobre cualquier materia temporal: ninguno de los otros lo toleraría, ni yo tampoco. A mí me basta conocer únicamente que, quienes se acercan al Opus Dei, aunque saben bien cuántas son sus personales limitaciones humanas, ponen esfuerzo en vivir como cristianos responsables con plena libertad individual y con la consiguiente personal responsabilidad, en el lugar donde sus propias preferencias y sus circunstancias particulares les han llevado a trabajar. Esto, como ve, no es difícil de entender".

Libertad y responsabilidad personal

Observará el lector, como observo yo mientras escribo, que desde el comienzo de este capítulo, dedicado al gobierno del Opus Dei, estamos dando vueltas siempre en torno a la libertad y a la responsabilidad personal de los miembros de la Obra, que es esencial en la espiritualidad del Opus Dei y que explica la rápida difusión en el mundo entero de esta institución, eminentemente secular y comprensible sólo si se acepta su carácter sobrenatural como único denominador común. Porque, ¿qué otra cosa podría unir a gentes tan distintas, de origen tan diverso y de tantos países?... ¿Qué otra cosa podría atraer a su labor incluso a personas de otras religiones o de ninguna?...

Mons. Julián Herranz -en un artículo publicado en Cristianos Corrientes- ha estudiado a fondo este tema de la libertad y la responsabilidad personal de los cristianos, enlazando con rigor la más límpida tradición de la Iglesia con la encíclica Mater et Magistra de Juan XXIII y con la vida práctica de millones de personas.

Los miembros del Opus Dei -repetía Mons. Escrivá de Balaguer desde 1928- se unen "exclusivamente para recibir ayuda espiritual y formación cristiana, y para colaborar en las obras apostólicas de la Obra". No juntan sus esfuerzos, por tanto, para perseguir ningún fin de carácter temporal, ni el Opus Dei puede intervenir en esas actividades temporales de sus miembros, que son actividades de índole personal y privada. El Opus Dei se preocupa sólo de la formación religiosa y de la atención espiritual de los fieles de la Prelatura: en consecuencia, cada uno conserva la autonomía y la libertad para seguir -con plena responsabilidad personal- en sus actividades seculares la opinión que le parezca razonable, de acuerdo con la fe católica y con sus propios criterios particulares.

Porque -y aquí está la raíz jurídica del tema- la dependencia de los miembros a la Prelatura no se extiende al trabajo profesional o a las doctrinas políticas, económicas, etc., como sabe explícitamente toda persona desde el mismo momento de su incorporación al Opus Dei.

La Declaratio de la S. Congregación para los Obispos, publicada por orden de Juan Pablo 11 el 23-VIII82, despejaba todo género de dudas sobre el particular:

"Por lo que se refiere a sus opciones en materia profesional, social, política, etc., los fieles laicos que pertenecen a la Prelatura -dentro de los límites de la fe y de la moral católicas y de la disciplina de la Iglesia- gozan de la misma libertad que los demás católicos, conciudadanos suyos; por tanto, la Prelatura no hace suyas las actividades profesionales, sociales, políticas, económicas, etc., de ninguno de sus miembros

"Procede así el Opus Dei -explica Mons. Herranz- no por prudencia humana, táctica o comodidad, sino porque tiene plena conciencia de su participación en la única misión de la Iglesia, la salvación de las almas. Hay, sí, unos principios éticos generales de actuación temporal que, por ser propios del espíritu cristiano, han de ser también propios de todos los miembros del Opus Dei: respeto y defensa del Magisterio de la Iglesia; nobleza y lealtad de conducta, que favorece la caridad en el trato social; comprensión y respeto de las opciones ajenas; capacidad de sacrificarse en el servicio de los intereses de la comunidad civil, etc.

"Son principios éticos de conducta que tienen categoría de elemento básico, de cimiento; sobre él, luego, cada uno construye lo que puede, su propia opinión y actuación concreta, eligiendo libremente entre las diversas soluciones profesionales, sociales y políticas opinables, la que más le convenza. "Con esta bendita libertad nuestra -ha dicho Mons. Escrivá de Balaguer- el Opus Dei no puede ser nunca, en la vida política de un país, como una especie de partido político: en la Obra caben -y cabrán siempre- todas las tendencias que la conciencia cristiana pueda admitir, sin que sea posible ninguna coacción por parte de los directores internos"".

Las consecuencias prácticas de esta libertad, que está en la entraña del Opus Dei y que es condición esencial de su existencia, son tan variadas como el número de miembros y como las situaciones en que cada uno de ellos puede encontrarse a lo largo de su vida. "Si uno del Opus Dei -afirmaba, en marzo de 1962, la revista austríaca Der Grosse Entschluss-, que es zapatero, trabaja en una zapatería, no es el Opus Dei el que se dedica a hacer zapatos. Si uno que es economista y hombre de negocios, se asocia con otras personas para trabajar y poner en marcha una fábrica de automóviles, un banco o una empresa publicitaria, no es ciertamente el Opus Dei el que se dedica a fabricar automóviles, a realizar operaciones de banca o a anunciar frigoríficos. Todas esas son ocupaciones y actividades profesionales en las que trabaja el abogado, el zapatero, o el hombre de negocios, que es miembro del Opus Dei; como quizá también trabajarán en estas mismas actividades y empresas otros abogados, zapateros u hombres de negocios que serán, por ejemplo, miembros de la Acción Católica o de los Caballeros de Colón, o simplemente socios del Automóvil Club".

Fines exclusivamente espirituales

La responsabilidad personal de un miembro del Opus Dei es completa: ante su propia conciencia, ante los demás ciudadanos, ante el colegio profesional, sindicato o partido político a que pertenezca, ante las leyes civiles de su propio país. Por eso en su actividad pública, del tipo que sea, no representará jamás al Opus Dei, ni podrá actuar nunca en su nombre. Sus éxitos y sus fracasos serán siempre suyos, personales e intransferibles, pero no del Opus Dei, al cual le seguirá interesando siempre y solamente, en uno u otro caso, el progreso espiritual de esa persona.

"Sería absurdo e incluso molesto -escribía Mons. Herranz, en Nuestro Tiempo, en abril de 1957- que alguien felicitase a la Obra considerando como un triunfo del Opus Dei el éxito profesional, económico o político de algunos de sus miembros. No se enorgullece el Opus Dei, porque la gloria, el honor o lo que sea -si existe y si se merece- serán de la persona, nunca del Opus Dei, que no busca, ni quiere, ni acepta ningún provecho humano".

"No puede sorprender a nadie -dijo en cierta ocasión el Vicario Regional de la Prelatura en Alemania que cualquier persona del Opus Dei, en cualquier país, haga uso del derecho de sostener o defender opiniones que en conciencia considere acertadas. En este sentido, hay ciertamente diversidad de opiniones y divergencias políticas entre los miembros del Opus Dei. Esa realidad, basada precisamente en el derecho que tiene cada uno de defender sus opiniones personales, a la vez que respeta las de los demás, es una consecuencia del espíritu de libertad en que el Opus Dei forma a sus miembros". (Comunicado oficial recogido por el Informations-dienst de la agencia alemana KNA, el 18 de junio de 1960).

"He escrito hace tiempo -decía Mons. Escrivá de Balaguer a Julián Cortés Cavanillas en 1971- que, si alguna vez el Opus Dei hubiera hecho política aunque fuera durante un segundo, yo -en ese instante equivocado- me hubiera marchado de la Obra. Por tanto no debe ser creída ninguna noticia en la que puedan mezclar la Obra con cuestiones políticas, económicas ni temporales de ningún género. De una parte, nuestros medios son siempre limpios, y nuestros fines son siempre y exclusivamente sobrenaturales. De otra parte, cada uno de los miembros tiene la más completa libertad personal, respetada por todos los demás, para sus opciones ciudadanas, con la consiguiente responsabilidad, lógicamente también personal. Por tanto, no es posible que el Opus Dei se ocupe jamás de labores que no sean inmediatamente espirituales y apostólicas, que nada tienen que ver con la vida política de ningún país. Un Opus Dei metido en la política es un fantasma que no ha existido, que no existe y que nunca podrá existir: la Obra, si sucediera ese caso imposible, inmediatamente se disolvería".

Por su parte el norteamericano Dennis H. Helming termina así su testimonio personal:

"¿Qué influencia, pues, tiene el Opus Dei en mi vida? Busco su consejo espiritual, porque lo necesito y lo quiero. ¿Procuro ayudar a los demás por el mero hecho de pertenecer a la Obra? No. En todo momento cada miembro del Opus Dei mantiene su propia personalidad. No podría ser de otra manera. Por eso, yo no represento jamás al Opus Dei. Soy lo que soy, lo que he elegido ser, y yo sólo he de pechar con toda la responsabilidad de mis propias acciones y decisiones. Si me equivoco, soy yo quien merezco reproches. Si hago algo bien, preferiré que el mérito se atribuya a Dios, por Quien y con Quien lo hice. El Opus Dei me enseñó a dar valor sobrenatural a lo que hice y me animó a realizarlo. Pero fui yo quien lo hizo, porque quise. Aunque no sea menos cierto que no lo hubiera hecho así -o que tal vez no lo hubiera hecho en absoluto sin esa ayuda espiritual".

Podemos concluir, entonces, con dos afirmaciones evidentes. La primera es que sólo puede ser del Opus Dei quien comprenda su esencia sobrenatural, y entienda la libertad con plena responsabilidad personal. Y la segunda, que una institución de este tipo, cuya diversidad resulta naturalmente tan compleja, sólo puede ser dirigida, a nivel mundial, regional o local, con una "organización desorganizada". Porque en la "desorganización" está precisamente la libertad de cada miembro del Opus Dei.


La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer
Luis Ignacio Seco

 

Prólogo
El Opus Dei en el mundo
Algo de historia
¿Qué es el Opus Dei?
Gobierno del Opus Dei
La gente del Opus Dei
El apostolado: Un mar sin orillas
Iniciativas apostólicas de los miembros del Opus Dei
Epílogo: Por todos los rincones de la tierra