Algo de historia

 

Con motivo de una visita del Fundador del Opus Dei a Andalucía y después de participar, en compañía de más de dos mil personas, en una conversación directa con él, José María Pemán escribió el 22 de noviembre de 1972 en la tercera página del ABC un delicioso artículo, rematado por este mano a mano con el "Séneca":

"-Don José: si le llaman a todo esto Obra de Dios, ¿qué obra ha tenido que hacer ese padre?

-No ser estorbo de la obra de Dios, ¿te parece poco? Dios obra por medio de los hombres y las cosas. Es lo que se llama las "causas segundas".

Miró hacia la riada humana. Se rascó la cabeza:

-Pues esta causa segunda, don José, le ha salido a Dios de primera".

No se podía resumir mejor, a mi juicio, ni con palabras más llanas, la verdadera historia del Opus Dei, ésa que parece tan fácil de escribir yendo desde ahora, después del Concilio Vaticano II, hasta su comienzo, y que resulta sobrehumana -léase sobrenatural- en cuanto uno se planta en 1928, observa el panorama de España y del mundo y trata de hacer camino al andar, de acuerdo con lo que Dios indudablemente quería. A la gente del Opus Dei no le gusta hablar de milagros -suelen decir, como Mons. Escrivá de Balaguer, que les basta con los milagros del Evangelio para creer-, pero indudablemente es ya un prodigio ese formidable cambio de mentalidad, operado en los cristianos y en todos los hombres, que nos hace ver hoy prácticamente como normal lo que hace unos años apenas se podía imaginar.

La "causa segunda", que decía el "Séneca", fue un muchacho de Barbastro, nacido el 9 de enero de 1902 y escogido por Dios para sacar adelante el Opus Dei. Se llamaba Josemaría y, según él mismo ha dicho, con perspectiva de lustros, atribuye más del noventa por cien de su vocación a la vida cristiana de sus padres, don José Escrivá de Balaguer y Corzán y Doña Dolores Albas y Blanc. En Barbastro inició los estudios de enseñanza media, que terminaría en Logroño...

Universal desde su comienzo

Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer fundó el Opus Dei el día 2 de octubre de 1928; el 14 de febrero de 1930, fundaba la Sección femenina; y años más tarde, el 14 de febrero de 1943, dentro del Opus Dei, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Durante esos primeros años el Opus Dei crece gracias al apostolado personal de su Fundador, que va reuniendo a su alrededor a algunas personas que quieren compartir el afán de almas que le mueve. En sus comienzos, la Obra se difunde entre los estudiantes de la Universidad y por las barriadas obreras de Madrid, así como por otros ambientes y ciudades. En 1934, para ayudar en su vida espiritual a los que se acercaban a él, formaran parte o no del Opus Dei, Mons. Escrivá de Balaguer escribe Consideraciones Espirituales, libro que conseguiría luego una gran difusión con el título de Camino, que el autor dio a la segunda edición ampliada (1939): hoy pasa ya de tres millones de ejemplares.

También han tenido amplia difusión otros escritos suyos; parte de su continua predicación ha ido publicándose en diversas homilías, sobre temas ascéticos, litúrgicos y teológicos, en las que destacan su profundidad teológica y su conexión inmediata entre la doctrina del Evangelio y la vida del cristiano corriente, junto con su excelente calidad literaria.

El libro Es Cristo que pasa, que recoge una pequeña parte de las numerosas homilías dirigidas por el Fundador del Opus Dei a personas de los más diversos ambientes sociales, y que han sido publicadas en la prensa de varios países, apareció en castellano en el primer trimestre de 1973; enseguida se tradujo a las principales lenguas, al igual que Amigos de Dios, un segundo volumen de homilías editado en 1977, y Via Crucis, publicado en 1981.

En 1935 el Opus Dei preparaba el comienzo de su trabajo apostólico en Francia. La guerra civil española y la II Guerra Mundial obligaron a retrasar el proyecto. En 1940 se inicia la actividad apostólica en Portugal; y en muy pocos años se comienza en Inglaterra, Francia, Italia, Estados Unidos, México e Irlanda. A partir de 1949 y 1950 continúa la expansión geográfica: Alemania, Holanda, Argentina, Canadá, Venezuela y los demás países europeos y americanos, además de Japón, Filipinas, Nigeria, Australia, Zaire, Costa de Marfil, Hong-Kong, Singapur, etc.

Mons. Escrivá de Balaguer escribía ya, a sólo seis años de la fundación de la Obra, a los primeros miembros: "Conviene hacer notar que no somos una organización circunstancial, ni venimos a llenar una necesidad particular de un país o de un tiempo detcrminado, porque quiere Jesús su Obra desde el primer momento con entraña universal, católica".

En rigor, poco más se podría añadir a esto si se piensa que la verdadera historia del Opus Dei es la vida de su Fundador y la de cada una de las personas todas, por supuesto, merecedoras del mayor respeto a su intimidad- que libremente se han incorporado y se incorporan al Opus Dei.

Apuntamos, no obstante, algunos datos más. Terminados los estudios de bachillerato, Josemaría Escrivá de Balaguer realizó los estudios eclesiásticos en Zaragoza -fue Superior del Seminario de S. Francisco de Paula-, donde también cursó la carrera de Derecho. Desde aquellos años nunca dejó ya el contacto con la Universidad y con los estudios jurídicos. Se ordenó sacerdote el 28 de marzo de 1925. Poco tiempo después desarrolló su actividad pastoral durante algún tiempo en dos pequeños pueblos de aquella diócesis, hasta que se trasladó a Madrid con su madre y sus hermanos. En Madrid su apostolado se amplía con los obreros y los universitarios. Fue entonces, durante la Segunda República española, cuando empezó a funcionar la residencia de estudiantes de la calle Ferraz, dirigida por los primeros miembros de la Obra en Madrid. Era un colegio universitario concebido como auxiliar de la labor docente, para obtener una formación integral de los estudiantes, desde donde se llevó a cabo una fecunda labor apostólica entre jóvenes universitarios.

Como miles de sacerdotes, el Fundador del Opus Dei padeció persecución cuando comenzó la Guerra Civil española. A pesar de ello, continuó su labor apostólica y sacerdotal. En diciembre de 1937 llegó a Burgos con un reducido número de miembros de la Obra, después de haber pasado a Andorra, a través del Pirineo, en las noches de aquel crudo invierno. En Burgos, Pamplona y San Sebastián -entre otras ciudadesprosiguió su labor sin interrupción entre personas que la guerra había dispersado. Al final de ésta, puso en marcha una residencia de estudiantes en la calle de Jenner y trabajó eficazmente impulsando la labor apostólica por España y por otros países. En 1946, Mons. Escrivá de Balaguer se trasladó a Roma, donde estableció la sede central de la Obra y residió hasta su fallecimiento, en olor de santidad, el 26 de junio de 1975. Su cuerpo reposa en la Cripta del Oratorio de Santa María de la Paz, en la sede central de la Prelatura, en Roma, continuamente acompañado por la oración y el agradecimiento de las numerosas personas de todo el mundo que se han acercado a Dios atraídas por su ejemplo y sus enseñanzas.

Además de otros títulos, tenía los de Doctor en Derecho, había sido profesor de la Escuela de Periodismo de Madrid, Doctor en Teología por la Universidad del Laterano (Roma), Doctor Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza, Gran Canciller de las Universidades de Navarra (Pamplona, España) y Piura (Perú). Prelado de Honor de Su Santidad y miembro de la Pontificia Academia Romana de Teología, trabajó como Consultor de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades y de la Comisión Pontificia para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico.

El 12 de mayo de 1981 dio comienzo en Roma su Causa de Beatificación y Canonización, solicitada a la Santa Sede por miles de personas de los cinco continentes, entre las que se encontraban sesenta y nueve Cardenales y cerca de mil trescientos Obispos, más de un tercio del Episcopado mundial.

Un hombre que habló sólo de Dios

Mons. Alvaro del Portillo, muy cercano siempre a Mons. Escrivá de Balaguer desde sus tiempos de estudiante en la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid, escribía en vida del Fundador del Opus Dei en la presentación de la primera edición de Es Cristo que pasa:

"Desde 1925, Mons. Escrivá de Balaguer realiza una intensa labor pastoral: primero -por poco tiempo- en parroquias rurales; más tarde, en Madrid, especialmente en los barrios pobres y en los hospitales; durante los años treinta, en toda España; desde 1946, cuando fija su residencia en Roma, con personas de todo el mundo.

"Hablar de Dios, acercar los hombres al Señor: así lo he visto desde que lo conocí, en 1934. Catequesis, días y cursos de retiro espiritual, dirección de almas, cartas breves e incisivas, que llevaban en los trazos -rápidos y definidos- la paz a muchas conciencias. En los primeros meses de 1936 llegó a enfermar; los médicos diagnosticaron sólo cansancio. Predicaba, a veces, hasta diez horas diarias. El clero de casi todas las diócesis españolas recibió su predicación; lo llamaban los Obispos y él recorría el país, a sus propias expensas -en aquellos trenes de entonces-, sin más pago que la amorosa obligación de hablar de Dios (...).

"Autor de libros de espiritualidad difundidos en todo el mundo -como Camino y Santo Rosario- y de finos estudios jurídicos y teológicos -como La Abadesa de las Huelgas-, ha escrito sobre todo numerosas y extensas cartas, Instrucciones, Glosas, etc., dirigidas a los miembros del Opus Dei, tratando exclusivamente de temas espirituales. Reacio a cualquier forma de propaganda, ha accedido sólo rara vez a las numerosas y constantes peticiones de entrevistas por parte de la prensa, radio y televisión de muchos países. Con las pocas entrevistas que han sido la excepción se publicó el libro Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, traducido también a las principales lenguas (...)

"...En un texto no es posible darse cuenta plenamente de algunas cualidades de la predicación del Fundador del Opus Dei. Su humanidad, su sinceridad inmediata, que cautiva. Su entrega a los que le escuchan, su insistente repetir que cada uno debe hacer -al oír esas palabras- una oración personal con Dios, "con gritos callados". Y ese realismo cordial, nada ingenuo y, a la vez, nada pragmático. Un sentido común poco común. El buen humor que aflora siempre, una alegría contagiosa, la de un hijo de Dios.

"Pero son ya muchos miles las personas que han oído directamente la predicación de Mons. Escrivá de Balaguer: Porque, si no ama la propaganda y la publicidad, no tiene en cambio inconveniente en responder a cuantos le preguntan sobre cosas de Dios. En un viaje, en 1972, por España y Portugal, iniciado en Francia, pudieron oírle, en grupos pequeños o grandes, más de ciento cincuenta mil personas; en 1970, en México, estuvo con unas cuarenta mil personas de ese país, de los Estados Unidos y de otras muchas naciones americanas; y-en Roma son muchos miles los que, procedentes de Europa y de otras partes, tienen ocasión de oírle:.."(Posteriormente a la redacción de estas líneas el Fundador del Opus Dei realizó dos largos viajes más por diversos países de América Haciendo llegar su gran "catequesis -como él denominaba a estos viajes- a muchos miles de personas).

"...Otros rasgos entrañables de la labor pastoral de Mons. Escrivá de Balaguer: la viva conciencia de ser sólo un instrumentó en las manos del Señor; la convicción sobrenatural de que las flaquezas y miserias personales -que tendremos mientras vivamos, recuerda él siempre- no pueden ser un obstáculo para alejarnos de Cristo, sino un estímulo para estrecharnos más a Él. En una de las homilías aún inéditas dice: "Yo no le soporto nada al Señor; es Él quien me aguanta y me ayuda y me empuja y me espera". Y, dirigiéndose a los que le escuchaban: "¡Cómo no voy a comprender vuestras miserias, si estoy lleno de ellas!".

" Y, por todas partes, como en contrapunto, aparece un motivo de fondo: el amor a la libertad personal. "Soy muy amigo de la libertad... El espíritu del Opus Dei que he procurado practicar y enseñar desde hace más de treinta y cinco años -decía en 1963-, me ha hecho comprender y amar la libertad personal. Cuando Dios Nuestro Señor concede a los hombres su gracia, cuando les llama con una vocación específica, es como si les tendiera una mano paternal llena de fortaleza, repleta sobre todo de amor, porque nos busca uno a uno, como a hijas e hijos suyos, y porque conoce nuestra debilidad. Espera el Señor que hagamos el esfuerzo de coger su mano, esa mano que Él nos acerca: Dios nos pide un esfuerzo, prueba de nuestra libertad".

"Si Dios respeta nuestra libertad personal, ¿cómo no vamos a respetar la libertad de los demás?... "No hay dogmas en las cosas temporales. No va de acuerdo con la dignidad de los hombres el intentar fijar unas verdades absolutas, en cuestiones donde por fuerza cada uno ha de contemplar las cosas desde su punto de vista, según sus intereses particulares, sus preferencias culturales y su propia experiencia peculiar. Pretcnder imponer dogmas en lo temporal conduce, inevitablemente, a forzar las conciencias de los demás, a no respetar al prójimo"".

Este amplio testimonio, tan entrañable y tan cercano, escrito por Mons. Álvaro del Portillo, confirma en toda la línea lo que Mons. Escrivá de Balaguer había dicho en tantas ocasiones: "Yo soy un sacerdote que no habla nada más que de Dios ".

La Obra nació pequeña

Veamos ahora lo que pensaba expresamente de sí mismo y de la Obra el propio Fundador del Opus Dei.

Hace la pregunta en octubre de 1967 el teólogo Dr. Pedro Rodríguez, entonces director de la revista Palabra:

-En diversas ocasiones, y al referirse al comienzo de la vida del Opus Dei, usted ha dicho que únicamente poseía "juventud, gracia de Dios y buen humor". Por los años veinte, además, la doctrina de) laicado aún no había alcanzado el desarrollo que actualmente presenciamos. Sin embargo, el Opus Dei es un fenómeno palpable en la vida de la Iglesia. ¿Podría explicarnos cómo, siendo un sacerdote joven, pudo tener una comprensión tal que permitiera realizar este empeño?

"Yo no tuve y no tengo otro empeño que el de cumplir la Voluntad de Dios: permítame que no descienda a más detalles sobre el comienzo de la Obra -que el Amor de Dios me hacía "barruntar" desde el año 1917-, porque están íntimamente unidos con la historia de mi alma, y pertenecen a mi vida interior. Lo único que puedo decirle es que actué, en todo momento, con la venia y con la afectuosa bendición del queridísimo Sr. Obispo de Madrid, donde nació el Opus Dei el 2 de octubre de 1928. Más tarde, siempre también, con el beneplácito y el aliento de la Santa Sede y, en cada caso, de los Rvmos. Ordinarios de los lugares donde trabajamos".

Quien interroga en esta ocasión es Petcr Forbath, corresponsal de Time (Nueva York), el 15 de abril de 1967:

-¿Querría describir cómo se ha desarrollado y evolucionado el Opus Dei, tanto en su carácter como en sus objetivos, desde su fundación, en un período que ha sido testigo de un enorme cambio dentro de la misma Iglesia?

"Desde el primer momento el objetivo único del Opus Dei ha sido el que le acabo de describir: contribuir a que haya en medio del mundo hombres y mujeres de todas las razas y condiciones sociales que procuren amar y servir a Dios y a los demás hombres en y a través de su trabajo ordinario. Con el comienzo de la Obra en 1928, mi predicación ha sido que la santidad no es cosa para privilegiados, sino que pueden ser divinos todos los caminos de la tierra, todos los estados, todas las profesiones, todas las tareas honestas. Las implicaciones de ese mensaje son muchas y la expe riencia de la vida de la Obra me ha ayudado a conocer las cada vez con más hondura y riqueza de matices. La Obra nació pequeña, y ha ido normalmente creciendo luego de manera gradual y progresiva, como crece un organismo vivo, como todo lo que se desarrolla en la historia.

"Pero su objetivo y razón de ser no ha cambiado ni cambiará por mucho que pueda mudar la sociedad, porque el mensaje del Opus Dei es que se puede santificar cualquier trabajo honesto, sean cuales fueran las circunstancias en que se desarrolla.

"Hoy forman parte de la Obra personas de todas las profesiones: no sólo médicos, abogados, ingenieros y artistas, sino también albañiles, mineros, campesinos, cualquier profesión: desde directores de cine y pilotos de reactores hasta peluqueras de alta moda. Para los miembros del Opus Dei el estar al día, el comprender el mundo moderno, es algo natural e instintivo, porque son ellos- junto con los demás ciudadanos, iguales a ellos,- los que hacen nacer ese mundo y le dan su modernidad.

"Siendo éste el espíritu de nuestra Obra, comprenderá que ha sido una gran alegría para nosotros ver como el Concilio ha declarado solemnemente que la Iglesia no rechaza el mundo en que vive, si su progreso y desarrollo, sino que lo comprende y ama. Por lo demás es una característica central de la espiritualidad que se esfuerzan en vivir - desde hace casi cuarenta años- los miembros de la Obra, el saberse al mismo tiempo parte de la Iglesia y del Estado, asumiendo cada uno plenamente, por lo tanto, su individual responsabilidad de cristiano y de ciudadano. "

Y el mismo periodista formula una nueva pregunta:

- ¿Querría describir cómo y por qué fundó el Opus Dei y los acontecimientos que considera lo hitos más importantes de su desarrollo?

"¿Por qué? Las obras que nacen de la voluntad de Dios no tienen otro porqué que el deseo divino de utilizarlas como expresión de su voluntad salvífica universal. Desde el primer momento la Obra era universal, "católica". No nacía para dar solución a los problemas concretos de la Europa de los años veinte, sino para decir a hombres y mujeres de todos los países, de cualquier condición, raza, lengua o ambiente - y de cualquier estado: solteros, casados, viudos, sacerdotes -, que podían amar y servir a Dios, sin dejar de vivir en su trabajo ordinario, con su familia, en sus variadas y normales relaciones sociales.

" ¿Cómo su fundó? Sin ningún medio humano .Sólo tenía yo veintiséis años, gracia de Dios y buen humor. La Obra nació pequeña: no era más que el afán de un joven sacerdote que se esforzaba por hacer lo que Dios le pedía.

" Me pregunta usted por hitos. Para mi, es un hito fundamental en la Obra cualquier momento, cualquier instante en que, a través del Opus Dei, algún alma se acerca a Dios, haciéndose así más hermano de sus hermanos los hombres".

Seguir caminando

Las primeras declaraciones de Monseñor Álvaro del Portillo, elegido en Roma por unanimidad en la primera votación, el 15 de septiembre de 1975, para suceder a Monseñor Escrivá de Balaguer fueron estas:

"¿Qué hará ahora el Opus Dei? Seguir caminando: hacer lo que hemos hecho siempre, también desde que el Señor se llevó consigo a nuestro Fundador. Seguir caminando con el espíritu que él nos ha dejado definitivamente establecido, inequívoco.

"El espíritu del Opus Dei nos ha enseñado a vivir todas las realidades humanas nobles, a tratar todas las cosas de la tierra que los hombres aman limpia y rectamente, con sentido cristiano, de cara a Dios, ejercitando la fe, la esperanza y la caridad. Por eso, la familia, el trabajo profesional, los derechos y deberes propios de la vida social: en una palabra, todo lo que forma parte de la vida ordinaria de la persona, puede ser santificado y así, en esa medida, es acogido por el espíritu del Opus Dei, que a nadie saca de su sitio y en nada violenta las realidades naturales y la autonomía personal de cada uno. Monseñor Escrivá de Balaguer, al darnos este espíritu, nos ha engendrado a esta nueva dimensión de nuestra vida, de servicio generoso, alegre y constante a la Iglesia, al Papa -el Vicecristo, como gustaba llamarle el Fundador-, a los obispos y a todos los hombres. Nueva dimensión que cada uno realiza en su propia vida, con la gracia de Dios y su propio esfuerzo, con su propia responsabilidad. Somos una familia de vínculos sobrenaturales, espirituales, en la que cada uno goza de la más amplia libertad personal con todo el amplísimo campo de las cosas temporales, sin otros límites que los de la fe y de la moral cristiana, tal como las propone el Magisterio de la Iglesia: por ejemplo, ahora a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

"En el Opus Dei no hay vértice ni base: todos somos igualmente hijos de nuestro Fundador, quien nos ha enseñado a poner a Cristo en la propia vida, y que ha dado para siempre a nuestra institución el carácter sencillo y cordial de una familia bien avenida.

"El trabajo que los miembros del Opus Dei desarrollan en todos los ambientes familiares, profesionales, sociales, es la ocasión normal y propicia del encuentro amistoso con sus iguales, y por eso, para hablarles de Dios con el testimonio de la propia vida.

"Nos llegan continuamente palabras de agradecimiento a nuestro Fundador, que, con su vida y su doctrina, ha llenado de luz cristiana el corazón de muchísimas personas, llevándolas al amor de Dios. Esto es lo que nos proponemos seguir haciendo los hijos de Monseñor Escrivá de Balaguer, con la mayor fidelidad posible y siempre, en todo momento, en la pequeña realidad cotidiana de cada uno".

Creo que no se podía expresar de mejor modo la continuidad del Opus Dei en el espíritu que le imprimió su Fundador.


La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer
Luis Ignacio Seco

 

Prólogo
El Opus Dei en el mundo
Algo de historia
¿Qué es el Opus Dei?
Gobierno del Opus Dei
La gente del Opus Dei
El apostolado: Un mar sin orillas
Iniciativas apostólicas de los miembros del Opus Dei
Epílogo: Por todos los rincones de la tierra