Obras son amores y no buenas razones

En la primavera de 1934 San Josemaría se traslada a la vivienda que existe a disposición del capellán del Convento de las Agustinas Recoletas de Santa Isabel, con su madre, doña Dolores; y sus hermanos Carmen y Santiago. La casa pertenece, por derecho, al cargo que desempeña don Josemaría Escrivá de Balaguer.

El 11 de diciembre de 1934 es nombrado oficialmente Rector del Patronato de Santa Isabel por el Presidente de la República, don Niceto Alcalá Zamora. El nombramiento se ajusta a las normas del Decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado del 19 de diciembre del mismo año. Hasta el advenimiento del nuevo régimen republicano, el cargo lo asignaba el Obispo de Sión y Patriarca de las Indias, que era quien se ocupaba de la provisión de los cargos eclesiásticos que dependían de los Patronatos reales. Antes de aceptar el nombramiento, don Josemaría pide el permiso oportuno tanto al Obispo de Madrid como al Arzobispo de Zaragoza, del que aún depende.

Todas las religiosas que le van a conocer durante estos años previos a la guerra civil, le definen como sacerdote ejemplar, con una intensa vida de fe a cuya luz resuelve los acontecimientos y las situaciones.

La Madre María del Buen Consejo le acompaña a llevar la Comunión a las enfermas a través del claustro y de las habitaciones del convento. Y advierte la delicadeza y el amor con que acoge y transporta al Señor Sacramentado.

Lo arropa en el paño de hombros y luego lo lleva apretado contra su corazón»

Un día, cuando don Josemaría está dando la Comunión a las Religiosas, tras la reja del coro, se le ocurre decir al Señor un piropo de amor competitivo:

Te quiero más que éstas».

Y siente una locución interior que le contesta, con las palabras de un conocido refrán, como empujándole a trabajar más aún: -«Obras son amores y no buenas razones». Nunca olvidará esta respuesta divina que le invita a la oración intensa y a la acción incansable en busca del reino de Dios. Y así
se lo hará llegar, con fuerza, como programa apasionante, a sus hijas e hijos en el Opus Dei:

«Se ha puesto de relieve muchas veces el peligro de las obras sin vida interior que las anime, pero se debería también subrayar el peligro de una vida interior -si es que puede existir- sin obras. Obras son amores y no buenas razones”: no puedo recordar sin emoción este cariñoso reproche (...) que el Señor grabó con claridad y a fuego en el alma de un pobre sacerdote, mientras distribuía la Sagrada Comunión, hace años, a unas religiosas y decía sin ruido de palabras a Jesús, hablando con el corazón: “te amo más que éstas”».

Por eso, mientras se esfuerza por vivir el espíritu que Dios le ha hecho ver, forma también en este apasionado amor que se le muestra, a todos cuantos empiezan a seguirle. Su alma es una mezcla de energía y serenidad, de fortaleza y afecto. De madura gravedad de adulto y de abandono infantil en manos de Dios.