Fama de santidad y causa de canonización

 

La vida y la muerte santa de Montse Grases causó gran conmoción y desde el primer momento muchos tuvieron la certeza -como afirma Carlos Roglá- "de que habían tratado y visto morir a una chica santa". "Estamos notando el empujón de Montsita -escribía Lía Vila al Beato Josemaría Escrivá-. Ha dejado honda huella, las chicas están impresionadas y más de una de ellas se está planteando el problema de la vocación, y no me extraña. ¡Fue tan maravillosa su muerte! He agradecido de veras al Señor tanta suerte de haber vivido tan cerca de ella siempre y, sobre todo en sus últimos días, haber recogido sus últimas palabras, cerrarle los ojos y amortajarla... ¡Sentía tan vivamente todo cuanto se refería a la Obra!, ¡al apostolado!" Carmen Francés recuerda que el Jueves Santo, día en que murió Montse, fue a comprar flores para ponerlas junto a su cuerpo y se encontró con que las floristerías estaban cerradas. Fue a su casa y pidió permiso a su madre para cortarlas del jardín. Su madre accedió "con mucho gusto -cuenta- pero me pidió un favor: que pasara por las manos de Montsita su alianza de matrimonio y su escapulario. 'Mira -me dijo-, por todo lo que tú me has dicho, (...) es santa'".

"Muy pocos días después de su muerte -cuenta Manuel Grases-, un conocido mío al darme el pésame (...) me preguntó si se iba a iniciar el proceso de beatificación teniendo en cuenta lo que él sabía (de Montse Grases)". Y a partir de entonces, como escribe Florencio Sánchez Bella, "se inició con naturalidad la devoción privada a Montse, que se extendió con enorme amplitud a muchos ambientes de bastantes países". "Esta fama de santidad -confirma Carlos Roglá- no hizo sino expansionarse rápidamente. Yo sabía que todos (sus amigos y conocidos) le rezábamos a Montse por nuestras respectivas intenciones".

A medida que se extendía su fama de santidad numerosas personas esperaban la apertura del Proceso: "Siempre pensé -cuenta Conchita Puig- que la veríamos en los altares y que sería un gran bien para la Iglesia, sobre todo por su vida tan sencilla, normal, ejemplar".

La Iglesia inició el Proceso informativo para su Beatificación el 19 de diciembre de 1962, sólo cuatro años después de su muerte, con la presidencia de Mons. Gregorio Modrego y Casaus, Arzobispo-Obispo de Barcelona, en la capilla del Palacio Episcopal de Barcelona. Este proceso se clausuró el 26 de marzo de 1968, en el décimoprimer aniversario de su fallecimiento, en la iglesia de Nuestra Señora de Montalegre. Inmediatamente se envió el Trasunto a la Congregación para las Causas de los Santos. Se han publicado Hojas Informativas sobre su figura en diversos idiomas: castellano, francés, inglés, italiano, portugués... Se ha publicado también una semblanza, escrita por Mercedes Eguíbar, que ha alcanzado numerosas reediciones.

El 22 de febrero de 1974 la Congregación para las Causas de los Santos dio el Decreto sobre los escritos, y el 15 de mayo de 1992 la Congregación para las Causas de los Santos dio el Decreto de Validez del Proceso.

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