Seva, verano del 1957

 

Volvamos de nuevo al hogar de los Grases en Barcelona, que durante esos días se encontraba en pleno ajetreo. Los chicos habían concluido las clases y preparaban entre todos las maletas para el veraneo. Enrique había terminado sexto de Bachillerato y se preparaba para entrar en el Seminario; Montse había terminado su primer año en la Escuela Profesional.

Aquel verano del 57 en Seva comenzó bajo el patrocinio de San Lorenzo: ¡qué calor! Y eso que en aquel pequeño pueblo junto al Montseny no hacía tanto calor como en Barcelona, pero aun así se dejaba sentir el bochorno, al igual que en el resto del país..., ¡habían dicho en la radio, en "el parte" de las dos y media -comentaban- que en Pamplona estaban a cuarenta grados! ¡En Pamplona!

¡Cuarenta grados! Parecía como si el glorioso santo hiciese participar a los sufridos veraneantes de la propia temperatura de su parrilla...

Y en Europa -así, como algo lejano y separado: Europa estaba entonces mentalmente muy lejos todavía- tampoco les iba mejor: habían muerto doce personas en Francia a causa de la ola de calor y en ciudades como Berlín estaban a 34 grados.

Al fin, el 10 de agosto, fiesta de San Lorenzo, se acabó el martirio: ya estaban asados suficientemente por una parte y por otra, y el astro rey amainó sus furias... Bajaron los grados del termómetro; tomaron los veraneantes un respiro, mientras se seguían comentando las últimas novedades, en las tertulias veraniegas de Seva:

-"¿...Sabe usted que el nuevo coche que ha sacado la Seat..."

-"¿El 600?"

-"Sí; ése; ¡Pues que dicen que alcanza los 90 kilómetros!"

-"¡Qué barbaridad! Eso va a ser el fin del biscúter".

-"¡Y a 65.000 pesetas!"

-"Pues lo que le digo yo: que se acaba el biscúter".

-"Sí, han aparecido dos cerca de aquí: uno en Roda de Ter y otro en San Hipólito...", comentaban las señoras en la inevitable tertulia paralela.

-"¿Dos Seat 600?", preguntaba uno, despistado.

-"No, dos gamos. Deben de haber bajado del Montseny".

-"¿Dos gamos en Roda? Qué raro..."

-"Cosas que pasan".

-"Pues más raro todavía -intervenía otra- es lo de ése que está buscando oro en Madrid, en el parque del Retiro".

La otra contaba. El tema se ponía interesante.

-"Pues resulta que un tal Cervera, radioestesista, o radiestesista, que para el caso da igual, asegura que hay una mina de oro en el mismísimo parque del Retiro, junto a la montaña de agua. Y desde ayer -que lo he leído yo, que viene en 'La Vanguardia'- ya tiene a unos socios capitalistas dispuestos a excavar".

-"¿Y cree usted que allí habrá oro?"

-"¡Vaya usted a saber! De todas formas, como los de Madrid siempre quieren tener de todo..."

Del tal Cervera se pasaba al cine. En las carteleras se anunciaba una novedad: la última película de "Sissi Emperatriz", continuación de "Sissi" a secas, que había hecho furor años antes, donde según una señora, "se lloraba muy bien". Aunque también en lo de llorar hay gustos, porque enseguida replicaba otra:

-"¡Qué va! Donde se llora bien, bien, bien de verdad es en 'La Familia Trapp'..."

Veinte días en Francia

Montse no pudo seguir aquel verano de cerca las peripecias del Señor Cervera en el parque del Retiro, porque, por primera vez, pasaba unos días fuera: ¡En Francia! ¡En el extranjero!

"Durante aquel verano -explica su padre- tuvimos en casa durante veinte días a un chico francés de Limoges, Jean Marie de Catheu; y mientras tanto sus padres nos prepararon el intercambio de Montse con una hija de la Vda. Louvet, que vivía en Saint Leonard, muy cerca de Limoges".

El 6 de agosto se fueron a Francia los tres: Jean Marie, Enrique y Montse, que estuvo hasta el día 31 en casa de la Vda. Louvet, en St. Leonard. En sucesivas postales, fue contando sus peripecias en tierras francesas. Le gustaron especialmente las excursiones por la montaña y la visita que hizo a la catedral de Limoges: "es magnífica, sobre todo las vidrieras que tiene, representando diversos pasajes -contaba-, todos ellos preciosos". Y como todo no va a ser montaña y cultura, también le gustaron mucho las zambullidas en un lago cerca de Cascade, que relataba con rara exactitud germánica: "si miras la postal -escribe-, verás un gran lago. Aquí me bañé yo el segundo día de estar en Francia a las cinco de la tarde".

También hizo mucho deporte. Los partidos la dejaron exhausta, y le decía a su madre en otra postal: "me duele muchísimo el brazo derecho de jugar a tenis, y además con unas raquetas que pesan como un burro..."

La verdad es que en Francia lo pasó muy bien, pero, como suele suceder en estos casos, a la vuelta no tenía demasiado que contar. Hizo el plan habitual de cualquier viaje juvenil al extranjero: descubrir un mundo nuevo, reírse con las equivocaciones del idioma; sorprenderse ante las costumbres del país vecino y sobre todo, escribir postales, muchas postales.

No le gustaba demasiado escribir -estaba claro que lo suyo no era la Literatura-, pero con las postales -a pesar de que de vez en cuando se le colase una hache despistada de la ortografía- no había problemas. La mitad del texto la ocupaba la narración de las andanzas del día; y la otra mitad -otra ventaja de la familia numerosa- la ocupaban las largas despedidas a sus hermanos: "Muchos besos a todos de parte mía -escribe a Pilar- a Mª Cruz, Rosario, Mª José, a Jorge, Ignacio, a Mamá, a Papá y a Rafaelito y a ti un estirón de orejas. Montse".

Durante ese periodo los Louvet invitaron a pasar unos días con ellos a un matrimonio con cuatro hijos. La hija pequeña de esta familia le recordaba mucho a su hermano menor al que le enviaba una postal con una vista de Limoges y le escribía, en tono de broma:

El pequeño Rafael, con su año y medio recién cumplido, no estaba en muchas condiciones de responder a aquella postal del extranjero; pero a pesar de todo se ganó algún regalo de su hermana mayor a la vuelta de Francia. Naturalmente los regalos eran muy sencillos, y no picaban más alto que las chucherías, los "souvenirs" y los caramelos franceses, porque como le contaba a su padre en una postal: "las porcelanas, son magníficas pero carísimas, aquí todo es muy caro".

Robo en Despoblado

En Seva, tras su vuelta de Francia, la vida transcurría con la placidez y el sosiego de siempre. En la vida nacional y local, pasaba lo mismo que en veranos anteriores: es decir, prácticamente nada. Y los periódicos, a falta de noticias, seguían contando las aventuras del tal Cervera, que seguía sacando tierra y tierra del Retiro entre la rechufla general. Harto ya, se llevó a Madrid al Sr. Torrejoncillo al que le había descubierto anteriormente -aseguraba Cervera- una mina de topacio...

-"¿De topacio, dice Vd.?"

-"Sí señor -se comentaba en las tertulias nocturnas-, doscientos kilos de topacio en bruto. ¡Lo leí ayer en 'La Vanguardia'!"

A los amigos de Montse lo de la mina de topacio les traía sin cuidado. Se traían algo más interesante entre manos. Estaban preparando, bajo la sabia dirección del Sr. Maqueda, un sainete en dos actos de Ramos Carrión y Vital Aza: "Robo en Despoblado", para sacar fondos para la parroquia. ¡Aquello sí que iba a ser una mina!

La pieza elegida no era de Shakespeare precisamente. Ni falta que hacía: ¡con lo que les costó aprenderla! Sin embargo, a pesar de su bisoñez, la naciente Compañía vino al mundo con fuerza e ímpetu teatral: se autotitulaba "la Compañía titular de Teatro de Seva", (lo que era una suerte, ya que no había otra) y el programa no se paraba en chiquitas a la hora de resaltar sus cualidades artísticas: era "La mejor del mundo... después de unas cuantas".

En el reparto intervenían actores y actrices bastante conocidos en la localidad.

Doña Nieves .............. María Luisa Xiol

Enriqueta ................. Marisa Ferrater

Matilde ..................... Ana María Xiol

Don Bonifacio ............ Enrique Grases

Se señalaba la colaboración especial de Trini Salvá "que interpretará el dificilísimo papel de criada" y se recordaba -dato importante- que la recaudación quedaba confiada al "fértil numen" de Pepón Ferrater.

"Apuntará -seguía explicando el programa- María Teresa Galilea, especializada ya en las clases de su colegio y transpuntará Josefina Gamboa, que tampoco es muda".

Los precios de las localidades obedecían a un criterio singular:

"Personas hasta 1.50 metros .................... 5,00 ptas.

" desde 1.50 a 2 metros ................ 10,00 "

" desde 2 metros en adelante .......... 203,05 ""

En las Notas se observaba:

"1. La obra a representar es de carácter cómico. Por lo tanto, que nadie diga que le hace llorar.

2. El público debe contener su entusiasmo, absteniéndose de aplaudir todas las escenas. Basta que lo haga al final de cada acto.

3. Los beneficios que se obtengan serán destinados a beneficencia".

El director, don Pedro Maqueda, hombre simpático y cariñoso, era muy estricto a la hora de los ensayos, y la parroquia quedó muy agradecida, porque la representación fue un éxito, tanto de crítica como de público, aunque tanto la una como el otro estaba compuesto -todo hay que decirlo- en gran medida por los padres, madres, hermanos y amigos de los actores y actrices... El evento tuvo lugar en el teatrillo de la parroquia, un local viejo y algo destartalado, el día de la Virgen de la Merced, fiesta de los barceloneses.

Días más tarde tuvo lugar una segunda prueba de fuego ante un público más imparcial: el del pueblo. Esta segunda demostración del talento escénico de aquellos veraneantes fue un poco más comprometida. La función se celebró en domingo, porque los habitantes de Seva trabajaban duro durante la semana. Cosecharon un nuevo éxito: de crítica, de público y de fondos para la parroquia, que al fin y al cabo era lo que más importaba...

Y ahora que estamos contentos

Pocos días antes de la fiesta de la Merced, el 23 de septiembre, Montse había hecho su segundo viaje al extranjero: Andorra, donde estuvo sólo un día. Aquel final de verano del 57 tuvo sabor de despedida. A los pocos días Enrique ingresaría en el Seminario. "Su madre organizó entonces -cuenta Marisa Ferrater-, una de aquellas meriendas en el jardín que tanto le gustaban. Puso el 'pick-up' a todo volumen, escuchamos música, y cantamos muchas canciones.

También hubo alguna canción con una letra un poco más alusiva, que decía, al final, algo así como: 'Vuélvete loco por Cristo...'. Y luego, las de siempre: canciones de montaña, de tuna... 'Clavelitos'... Pero la que más éxito tuvo aquella noche fue la de:

Y ahora que estamos contentos...

Y ahora que estamos contentos..."

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