El juego del cielo

 

Anda borrico,
la cuesta arriba;
mira esa estrella,
mira, te mira.

"Durante el verano de 1943 -recuerda la madre de Montse- estuvimos en Seva, un pueblecito que está muy cerca de Vic y que ya conocíamos por su proximidad con el Sanatorio del Montseny, donde nos habíamos conocido Manuel y yo, en 1931. Fuimos allí porque el médico nos había recomendado que buscáramos un lugar donde Montse pudiera respirar aire puro.

Nos instalamos en una antigua casa pairal que hay a la entrada del pueblo, donde estaba la vivienda del recadero y, gracias a Dios, Montse se repuso muy pronto, y al poco tiempo ya estaba rebosante de salud.

Seva nos gustó mucho; tanto que decidimos volver: los niños podían corretear a sus anchas -entonces ya éramos cinco, porque en marzo de ese mismo año había nacido Jorge- y se respiraba tranquilidad y paz".

Aquella paz y tranquilidad de la que gozaba Seva contrastaba con la situación que se vivía en el resto del continente. Aquel verano Europa atravesaba un momento decisivo de su historia: los aliados habían ido estrechando el cerco contra el III Reich y al fin, el día 10 de agosto, sus tropas lograron desembarcar en Sicilia. Se avecinaba el fin de la guerra mundial.

Acabó el verano y los Grases regresaron a Barcelona. Su álbum fotográfico recoge muchas escenas familiares de aquellos años, comunes a las de tantas familias españolas de la época.

"A veces, cuando algunos amigos -cuenta Manolita- me preguntan '¿y cómo era Montse de pequeña?', les enseño este álbum. Y es que quizá esperan encontrar en ella, ya desde la niñez, algo extraordinario... y Montse, como se ve en estas fotografías, era una niña con las mismas aficiones de todas las niñas de su edad. No era 'una niña santa', porque los santos no nacen, se hacen...

Por ejemplo, en esta fotografía del año 1944 se la ve junto a Enrique, que sostiene su palma de Domingo de Ramos. Está muy graciosa con su gorro marinero. Mi madre y yo vamos vestidas a la moda del momento, con aquellos zapatos topolino que se llevaban entonces y que ahora me parecen horrorosos..."

"La siguiente fotografía tiene su pequeña historia. Salíamos de Misa un domingo por la mañana cuando se nos acercó Juan Antonio Sáenz Guerrero, fotógrafo reportero, hermano del doctor Leandro Sáenz, nuestro médico de cabecera, que vivían en el mismo rellano de nuestra casa, y nos dijo: 'Un momento, un momento, señora Grases, que le voy a hacer una foto a Montse'. Y le hizo esta instantánea".

"Esta fotografía me gusta mucho -sigue contando Manolita-; refleja muy bien el carácter de Montse: alegre, divertido, jovial, muy juguetón... ¡y con cierto geniecillo!

Sólo recuerdo de aquel verano del 44 que el día 16 de junio, vino el doctor Perelló, que era obispo de Vic, y los confirmó a los tres -a Enrique, Montse y Jorge- en la iglesia de Santa María de Seva. Entonces no era como ahora, y se recibía ese sacramento muy pronto. Fue una ceremonia muy emotiva. El grupo de los que se confirmaron era muy pequeño: todos niños, hijos de gentes del pueblo o veraneantes". Esta es una fotografía de aquel periodo.

"Poco tiempo después, en octubre de aquel año, el día 25, nació Ignacio. Es curioso: intento hacer memoria de aquel tiempo , y lo único que recuerdo son anécdotas divertidas, sin mayor importancia. Las cuento porque muestran el carácter de Montse ya desde pequeña. Por ejemplo, en una ocasión tomó parte en un festival de canciones de Llongueras, que se celebró en el Palacio de la Música. Llongueras era un compositor de canciones infantiles muy conocido en aquel tiempo. El título de la canción era 'El joc del cel' y Montse salía descalza, disfrazada de angelito. Estaba muy graciosa en su papel; pero, ¡ay!... como tenía que estar sentada un buen rato en el escenario, esperando a que las demás acabasen de hacer sus piruetas, llegó un momento -es como si la estuviese viendo- en que se cansó; y no se le ocurrió otra cosa que ponerse, delante de todo el público a... ¡hurgarse en los pies!

Era así: sencilla, espontánea, simpática, como se ve en esta fotografía de 1945".

"Esta otra fotografía es de agosto de 1945 y está tomada en la puerta de una torre que alquilamos en Vallvidrera, donde pasábamos parte del verano. Salvo Manuel, que es el que hizo la foto, estamos todos: mi madre, Montse, Enrique, Jorge y yo. ¡Ah, también está Ignacio, que asoma la cabeza desde el cochecito!"

"A veces nos preguntan a Manuel y a mí: ¿y qué educación cristiana le disteis a Montse para... ? Siempre les respondo que la misma formación que le dimos al resto de nuestros hijos... No hicimos nada de particular. Procuramos, eso sí, trasmitirles un sentido cristiano de la vida... y enseñarles lo que creíamos y luchábamos por vivir... Les enseñamos, por ejemplo, a rezar desde pequeñines algunas oraciones muy sencillas; a tratar al Niño Jesús; a tener devoción a la Virgen; a aceptar y ofrecer el dolor; a luchar contra los propios defectillos; a ayudarse los unos a los otros..."

"Yo les insistía especialmente en un punto -interviene Manuel- que me parece fundamental: la sinceridad. `Dime lo que ha pasado -les decía, después de alguna travesura-; mira: no me importa que hayáis roto esto o lo otro; lo que quiero sobre todo es que seáis sinceros; que digáis siempre la verdad, pase lo que pase. Si me mentís es cuando os castigaré'".

"Sí; nosotros le dimos una formación cristiana... pero todo lo que sucedió luego en el alma de Montse -concluye Manolita- fue porque Dios quiso. Fue todo fruto de la correspondencia a la gracia... fruto de la gracia y del amor de Dios".

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