Montse

"Nosotros sin embargo -recuerda Manuel Grases- no llegamos a enterarnos de esas habladurías, que debieron circular por unos ambientes muy concretos". Tenían ya un hijo pequeño y venía otro en camino. Y aunque Manuel contaba con un trabajo estable, tenían que luchar, como la mayoría de los españoles de aquel tiempo, contra las mil dificultades de cada día para conseguirse los medios más elementales de subsistencia.

Eran años de hambre y de penuria, de escasez y de "estraperlo"; de plato único, restricciones eléctricas, infiernillos y cocinas de petróleo; de coches con gasógeno, cortes de agua y cartillas de racionamiento. "Me dieron una cartilla de fumador -recuerda Manuel Grases- y otra de gasolina para la moto, con la que tenía derecho a cinco litros al mes que alargaba, en lo posible, mezclándole benzol de la fábrica, pero con tiento para que, en invierno, no se me cristalizara en el carburador".

Y eran años también de grandes alegrías para los Grases: aquel verano, si Dios quería, ya serían cuatro en la familia.

Y Dios quiso: un día de julio nació su segundo hijo: una niña. Montse.

"Esta fue la primera fotografía que le hicimos -recuerda Manolita-. Es del día de su bautizo, que tuvo lugar pocos días después de nacer. Nació el 10 de julio del 41, en posición sacra, mirando al cielo, y la bautizamos el día 19, en la parroquia del Pilar".

"El traje de cristianar que lleva en esta fotografía es el mismo con el que habían bautizado a Manuel y con el que he bautizado después a todos los hijos. Es un traje muy bonito de cuatro piezas, con entredoses y una chaquetita guateada en raso que le puse para que no pasara frío...

La bautizó el padre Javier de Olot, el capuchino al que había conocido durante la guerra, y le pusimos, como era la costumbre, varios nombres más: Amelia, en recuerdo de una tía materna de Manuel; y Margarita, por su madrina, Margarita Vellvé. Aunque en casa la llamamos siempre Montse, sin más".

"Nació cuando Enrique tenía catorce meses menos una semana. Era un sol de hija, ¡siempre lo fue! Luego de mayor, Montse me decía con mucha gracia que gracias a que la había criado durante casi catorce meses, estaba más bien un poco llenita... como se advierte en esta fotografía en la que ya tenía cuatro meses y medio":

"La verdad es que nunca tuvo complejo de gordita, a pesar de que sus hermanos le gastaban bromas de continuo; por eso siempre me decía en plan de guasa: '¿Ves, mamá? ¿Quién te manda criarme tanto tiempo?'.

Repito que nunca tuvo complejos y además no había por qué, porque, sí, estaba más bien llenita; pero gorda, ¡ni hablar!"

"Esta fotografía es de la misma época -comenta Manuel Grases-: aparece Manolita, que lleva al cuello una medalla de la Virgen de Montserrat, recuerdo de mi madre, con los dos mayores: Enrique, que ya está hecho un hombrecito y Montse, de pocos meses".

"Cuando nació Montse -recuerda su madre- tenía los ojos azules. Luego se fueron oscureciendo y al final eran castaños oscuros, con las pestañas muy negras.

Y de muy pequeña, cuando le hicimos esta fotografía, ya manifestaba una gran viveza de carácter..."

"No recuerdo más anécdotas de Montse de aquel tiempo -concluye Manuel Grases-, salvo que esta fotografía debe ser de cuando le enseñábamos a dar los primeros pasos, allá por el año 1942".

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