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La Santa Misa, trabajo de Dios

PREGUNTA: Volvamos quizá a los momentos que seguían inmediatamente a la terminación de la Santa Misa.

Mientras se quitaba los ornamentos, iba rezando oraciones de agradecimiento al Señor; al final, después del lavabo, solía hacerme una cruz en la frente y me daba las gracias de corazón, añadiendo: ¡que Dios te bendiga!, o ¡Dios te lo pague!

Al terminar, aparte de la fatiga física que muchas veces experimentaba por la intensidad de su esfuerzo, respiraba una paz extraordinaria. En 1965, nos confió a Mons. Álvaro del Portillo y a mí: termino cansado después de decir la Santa Misa: ¡es trabajo de Dios! Y en 1970: la Santa Misa es Opus Dei, trabajo de Dios. Yo, cada día, mientras celebro, sufro, me canso, me gozo y me lleno de fe, en estos momentos en los que tantos niegan la presencia real del Señor.

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