Con palabras de enamorado

Indice: Memoria del beato Josemaría

PREGUNTA: De algún modo, estas frases recrean el clima de amor de Dios que se palpaba en torno a Mons. Escrivá de Balaguer, y que expresaba con palabras de enamorado.

Desde que le conocí, me aconsejó siempre buscar al Señor, mirar al Señor, tratar al Señor, amar al Señor. Y añadía: si nos esforzamos en seguir estas etapas, Él se hace el encontradizo: no os desaniméis jamás en la lucha, porque Dios está a nuestro lado.

En mi larga convivencia con el Fundador del Opus Dei, he podido apreciar que, movido por la virtud de la esperanza, buscaba al Señor en sus normas de piedad, en su trabajo, en su apostolado y en todas las circunstancias en que la providencia le colocaba. Exclamaba con seguridad: ¡nosotros, si no estamos con Dios, no estamos bien!

Muchos días, hacia las ocho o nueve de la mañana, me preguntaba: ¿cuántos actos de amor has hecho hoy? Me instaba así a crecer hacia adentro, para que la vida interior gobernase toda actividad. Solía explicarlo con diversas palabras, pero con idéntica exigencia: si decís que estáis enamorados de Dios, tengo derecho a preguntaros: ¿cuántos actos de amor has hecho hoy?, ¿cuántos actos de desagravio?, ¿cuántos actos de fe?, ¿cuántos actos de esperanza y de caridad?, ¿cuántas jaculatorias haces?...; porque debemos vivir continuamente en su presencia y convertir todo nuestro día en una oración.

No nos escondía que buscar al Señor con perseverancia cuesta al principio; pero nos aseguraba que, después de afanarse con actos de fe, de esperanza y de amor, con jaculatorias y con miradas, muchas veces me encuentro con esa presencia de Dios pasiva, porque Él se me acerca y me hace notar que está a mi lado.

En 1973, nos alentaba a los Directores centrales: esforzaos por ser almas contemplativas. Ya sabéis cuáles son los milagros grandes en el Opus Dei: la fidelidad, la perseverancia en nuestra vida ordinaria, ofreciéndosela continuamente al Señor. Dios está siempre con nosotros, si no le echamos por el pecado; está aquí, ahora, en vuestros corazones y en el mío. Hijos míos, ¿qué haremos vosotros y yo para estar con el Señor en el Opus Dei? ¡Buscarlo!: buscarlo, para tratarlo, para meternos en su intimidad. ¿No os da alegría esa costumbre -que es una muestra del trato que debemos tener con el Señor- de saludar al Amo de la casa en cuanto llegamos a un Centro nuestro, o cuando salimos?

Me ha impresionado siempre su espontaneidad en el trato con el Señor. Las comunidades de religiosas del Real Patronato de Santa Isabel han contado los encuentros y delirios de amor del Fundador del Opus Dei con la imagen del Niño Jesús que conservan en uno de los dos Conventos. Y yo he visto también su actitud ardiente y apasionada cuando llegaban las Navidades: al entrar o salir del oratorio, besaba con ternura al Niño recién nacido. En otros momentos le cogía en sus brazos, acariciándole dulcemente, mientras le miraba agradecido y con hambre de aprender. En una ocasión, después de besarle, puso sus ojos en esa imagen y, con la delicada ilusión de un padre de familia, requebró al Niño Jesús: ¡chato!