San Josemaría. Traslado a Madrid

 

Indice: Memoria del beato Josemaría

PREGUNTA: Sin embargo, alguien ha presentado esas dificultades de modo negativo, como si el Fundador del Opus Dei estuviera en conflicto con la autoridad eclesiástica de Zaragoza, y no fuesen claros los motivos de su marcha a Madrid.

Según documentos fehacientes, se trasladó a Madrid en la semana de Pascua de 1927, con la autorización expresa del Arzobispo de Zaragoza, Mons. Rigoberto Doménech, a quien sometió su proyecto de hacer el doctorado en Derecho Civil y presentó personalmente la solicitud correspondiente. Si se aprobaba esa petición, era necesario el traslado, porque sólo en la Universidad de Madrid se podía obtener el título de doctor.

No excluía entonces la posibilidad de abrirse camino en la enseñanza o en otras orientaciones semejantes, para las que en España se exigía ese grado académico. Tampoco podía prescindir de que sobre sus espaldas gravaba el sostenimiento de su familia.

En su exposición al Arzobispo de Zaragoza, subrayó -porque así lo planeaba- que, mientras cursase esos estudios, seguiría dedicando la parte más importante de su día a la actividad pastoral. Supeditaba a esta labor sus investigaciones y la redacción de la tesis.

Concretamente, fue primero Capellán del Patronato de Enfermos, nombramiento que obtuvo con el beneplácito de la autoridad diocesana. Más adelante, pasó a ser Rector del Real Patronato de Santa Isabel. Cuando consiguió este nombramiento por decreto del Presidente de la República, no se hizo la colación canónica. No se debía a que el Obispo se opusiera, sino a que la jerarquía eclesiástica no deseaba respaldar decisiones de un Régimen que se demostraba antirreligioso y anticlerical, con medidas tristemente discriminatorias para los católicos: quería evitar incluso la apariencia de colaboración formal y externa con la autoridad civil. De todos modos, el Obispo de Madrid, don Leopoldo Eijo, le comunicó que actuara como Rector de ese Patronato, con todas las funciones eclesiásticas propias, aunque no tuviera por escrito la colación canónica.

Este encargo tenía una sola ventaja: conseguir su incardinación en la diócesis de Madrid, donde ya había comenzado la labor apostólica del Opus Dei con la aprobación del Obispo. Iba aumentando el número de personas que se acercaban a la Obra y también la intensidad de las tareas apostólicas que iba desarrollando. No había ninguna ambición de mejorar un curriculum, como quedaría bien patente con el posterior rechazo de muchas posibilidades de hacer carrera eclesiástica, por la exclusiva razón de que no quería poner ninguna condición a la Providencia divina.